Homenaje al

Papa Alejandro VI

Lienzo de Juan de Juanes. 
Catedral de Valencia.

 

ELECCIÓN, PROCLAMACIÓN

Y CORONACIÓN DEL PAPA

 

    El 26 de julio de 1492 muere el Papa Inocencio VIII. Hay que elegir sucesor en el plazo establecido por el Derecho. Los Cardenales participan en la Misa del Espíritu Santo y se encierran en Conclave en el interior de la Capilla Sixtina. Eran 23 los miembros del Sacro Colegio. Se dice que la elección del nuevo Papa no estaba premeditada, los cardenales entraron en el Conclave libres de todo para elegir al Pescador que regirá a la Iglesia universal.


            ¿A quien elegir? Ese es el interrogante de cada cardenal. Hay que elegir al mejor. En este sacro Colegio había varios que podían sentarse en la Santa Sede. Pero, ¿quién?

 

Después de tres votaciones, el 11 de agosto de 1492 fue elegido Papa el Cardenal Rodrigo de Borja con el nombre de Alejandro VI, y con los votos de todos los Cardenales, cosa que rara vez acontece.


            Vestido de blanco el nuevo Papa y sentado en la Sede Apostólica los Cardenales pasaron uno a uno a prestarle reverencia y obediencia filial y luego el Papa Alejandro tenía que salir a la plaza de san Pedro para saludar y bendecir a los fieles. El Pontífice fue llevado en la Silla gestatoria y los fieles llenaban la plaza y cantaban alabanzas a Dios por la elección del nuevo Papa, obispo de Roma.


            Lo mismo que Roma, otras ciudades celebraron grandes festejos en honor de Alejandro VI. Así en Florencia repicaron las campanas de todas las iglesias. Bolonia no olvidó a su antiguo estudiante convertido ahora en Sumo Pontífice. Valencia, su ciudad arzobispal saltó de gozo y cantó un Te Deum en la catedral y todos felicitaban a doña Beatriz de Borja, hermana del nuevo Papa. Xàtiva se volcó, no fue superada por ninguna otra ciudad en regocijos públicos y celebraciones en la Colegiata. La noticia llegó el 20 de agosto. La Seu de Xàtiva con su Cabildo decretó tres días de fiesta del 23 al 25 de agosto. Celebraciones religiosas, luces por la noche en toda la ciudad y corrida de toros en la plaza de la Seu en honor de su hijo más ilustre.


            A la proclamación del nuevo Papa le sigue su coronación, hoy suprimida por un acto muy sencillo. Está fijada para la mañana del 26 de agosto, pleno ferragosto romano. Agosto quedará en los anales de la familia Borja. Un 6 de agosto murió Calixto III, en agosto es proclamado Papa el Cardenal Borja y un 18 de agosto morirá.


            Vestido de pontifical como requiere el acto, el Papa atraviesa la basílica patriarcal de san Pedro y se detiene en las gradas. Se sienta y pasan los canónigos a besarle los pies, luego los Cardenales. A este acto siguió la Misa sobre el Altar de san Pedro, celebrada por el propio Papa Alejandro. Al finalizar la Misa el primer Cardenal de los diáconos, Francisco Piccolomini, colocó la triple corona sobre la frente del nuevo Papa. El Papa subido en su cabalgadura y bajo palió y al son de las trompetas el pueblo recibía la bendición papal. Todas las campanas de las basílicas e iglesias de Roma sonaron en señal de júbilo.


            Un encuentro entrañable lo tuvo el Papa con los judíos de Roma reunidos ante el castillo de sant Angelo. Arrodillados felicitaron al Papa y éste les respondió con estas palabras: «Varones hebreos, Nos alabamos y respetamos vuestra Ley, puesto que fue dada a vuestros antepasados por Dios por ministerio de Moisés. Pero no aprobamos vuestras prácticas, esperáis en vano un mesías que ya ha venido en Nuestro Señor Jesucristo, el Redentor tal y como enseña la fe apostólica».


            Al anochecer terminó el Papa el recorrido por la ciudad de Roma, cansado se retiró al Vaticano. Fue un día feliz para el Papa. Roma brillaba repleta de luces que sus habitantes habían colocado en las ventanas, balcones y tejados. A esa noche le canta el poeta: «Y la noche será mi iluminación en medio de mis delicias». Con esos sentimientos el Papa Alejandro se retiró a sus aposentos.


            Muy pronto el Papa Alejandro VI recibió todas las embajadas con gran amabilidad. Su respuesta a los discursos de los embajadores es un ejemplo de regia cortesía, de natural elocuencia y de gran ciencia.

 

ALEJANDRO VI Y SU DEVOCIÓN

AL SANTÍSIMO SACRAMENTO

 Y A LA VIRGEN MARÍA

 

            El Papa Alejandro no ocultó nunca su amor a la Eucaristía y además estimulaba a los fieles a reverenciar al Santísimo. Después de ser elegido Papa llevaba siempre consigo una teca de oro colgando del cuello y dentro la Sagrada Forma consagrada, decía: «Yendo con Dios se va mejor». Favoreció mucho el culto eucarístico en muchas naciones; alentó la comunión frecuente y concedió indulgencias a aquellos fieles que adoraran al Santísimo noche y día.
           

Nuestra Custodia mayor se debe al gesto significativo del Papa al regalar a la Colegiata lo necesario para que se confeccionara esta Custodia y sacar en procesión tan admirable Sacramento.


            Por otra parte la figura de Alejandro Vi se vincula a un amor entrañable hacia la Virgen María. En sus cartas se puede leer diversas alabanzas a la Virgen, a la vez que en sus sermones o discursos. No faltan consejos a sus hijos en los que les dice que sean devotos de nuestra Señora. En sus actos oficiales no faltaban cantos de alabanzas a la Virgen.


            En la plaza del Pópulo en Roma existe todavía una iglesia a la que el Papa le gustaba ir a rezar siendo cardenal y luego siempre que podía de Papa.


            Hay que considerar también que bajo su pontificado Miguel Angel esculpió la imagen famosa de la Piedad que hoy se venera en san Pedro de Roma y constituye una de las imagen de la Virgen más bellas del mundo.


            A la bendita Madre de Dios atribuía su protección ante los muchísimos peligros a los que estaba expuesto durante su ministerio.


            Por bula de 5 de febrero de 1493 el Papa estableció una nueva fiesta de la santísima Virgen María, que se había de celebrar en la ciudad y diócesis de Valencia, perpetuamente, en el tercer domingo después de Pascua de Resurrección; a saber, la fiesta de la Aparición de Nuestro Señor a su Madre santísima después de su Resurrección. Asimismo fue el Papa Alejandro VI el primero que permitió, en el año 1499, la celebración de la fiesta de la Presentación de la santa Niña María en el Templo, y elevó las octavas de todas las demás festividades de María a la categoría de «Minoris Duplicis».


            Al Papa Alejandro se le atribuye la propagación de la plegaria del «Angelus», su tío Calixto III en 1456 fue su fundador, pero es Alejandro quien lo propaga por toda la cristiandad estableciendo los toques de campanas recordando el gran momento de la Encarnación.


            Y también no podemos olvidar algo que muchos ignoran cuando pasean por la Vía Merulana de Roma que une las basílicas de san Juan de Letrán con santa María la Mayor. En la iglesia de san Andrés, muy cerca ya de santa María la Mayor, mandó colocar una imagen milagrosa de la Virgen traída de Oriente, que es la imagen conocida con el nombre del «Perpetuo Socorro».


            Alejandro VI es el precursor del dogma de la Inmaculada Concepción que proclamó el Papa beato Pío IX en el año 1854. Los historiadores alaban la prudencia y firmeza con que el Papa Alejandro llevó este asunto; digamos que puso en marcha el mecanismo que llegó a buen puerto con Pío IX.


            La basílica de santa María la Mayor, la más grande y bella del mundo dedicada a la Virgen lleva impresas las huellas del Papa Borja, su escudo campea en el artesonado y ello indica el cariño con que el Papa miró siempre esta basílica a la que adornó ricamente.


            Es una pena que cuando se habla del Papa Alejandro VI se carguen las tintas para resaltar sus defectos y la vida frívola que caracterizó su etapa de seglar y sin embargo se oculte o disimulen sus virtudes y sus dotes como Pontífice dando a conocer lo que hizo siendo Papa a favor de la Iglesia y del mundo entero. Mucho de lo que este Papa sembró en el seno de la Iglesia todavía perdura en la historia y en la práctica religiosa.


            Al Papa Borja se le debería recordar como el Papa del Angelus y no debemos olvidar que esta oración es una de las más célebres, conocidas y rezadas en el mundo cristiano.

Castillo de Sant Angelo

 

ALEJANDRO VI 
PROMOTOR
DEL ARTE EN ROMA

 

            El Papa Alejandro VI trabajó enormemente y con tenacidad por elevar el nivel cultural e intelectual de toda la cristiandad fundando universidades y escuelas pero también se destacó como promotor de arte en la Ciudad Eterna. El escudo borgiano acampa en muchísimos monumentos de Roma.


            En la plaza de san Pedro y en el pórtico de las bendiciones aparecen claramente ideas del Papa Alejandro.


            Muchas iglesias se encontraban en ruinas y reclamaban la restauración, el mismo Papa se ocupó de este trabajo dedicando grandes sumas de dinero para embellecer estos templos.


            La obra más notable llevada a cabo por el Papa Alejandro es la basílica de santa María la Mayor. Todavía hoy se puede admirar la obra de este Papa, sobre todo en el artesonado de la basílica. Eligió a buenos pintores de la época para embellecer el gran Templo, lo visitó muchas veces para seguir a pie de obra toda su ejecución.


            También la catedral de Roma, san Juan de Letrán fue restaurada por Alejandro VI. El 5 de mayo de 1493 fue a caballo con el fin de inspeccionar las obras del crucero y el ábside.


            La iglesia de Santiago de los españoles fundada en 1259, se encontraba muy arruinada y el Papa por amor a España la restauró de arriba a bajo y colocó su escudo. La basílica de los Santos Apóstoles situada en la plaza Venecia de Roma también estuvo en el programa de restauración del Papa y lo llevó a cabo.


            Toda esta ejecución de obras demuestra el afán y el ardor del Papa hacia el arte, la cultura y la historia de Roma. No levantó nuevos templos pero restauró muchos y les colmó de belleza y animó a los cardenales y obispos a fomentar el culto divino en ellos ya que para eso fueron fundados.


            En la época de Alejandro comenzó la construcción de la iglesia de santa María de Monserrat, iglesia nacional para los españoles, donde descansan hoy los restos de los dos papas setabenses.
           

Adquiere gran importancia el saber que Miguel Angel esculpió la imagen de la Piedad en esta época, el Papa siguió muy de cerca esta preciosa obra.


            Durante los últimos años de este Papa se levantó la iglesia de san Lorenzo «in Damaso» y el monumental palacio de la Cancillería pontificia, muy visibles todavía hoy en plan vía de Vitorio Emmanuel.


            En el palacio Vaticano resaltas los apartamentos Borgia, hoy dentro del Museo Vaticano. Estos salones fueron decorados al fresco por los pintores Pedro Perugino y Bernardino Pintiricchio. Llenaron paredes y artesonados de hermosas pinturas y plasmaron al Pontífice con ornamentos papales arrodillado ante la Virgen María y el Resucitado; pintura muy visible hoy en el Museo.


            La sacristía y el cementerio fueron también restaurados por Alejandro VI.


            Llamativo por su volumen más que por su belleza externa es el castillo de Sant Angelo, monumento construido por Adriano para su tumba, está junto al río Tiber y muy cerca de la plaza de san Pedro.


            Varios años duró la restauración del Castillo, comenzó en 1493 pero fue al año siguiente cuando emprendió en serio el trabajo restaurador confiando la idea al arquitecto Antonio de san Galo; se acabaron en 1597; el escudo Borja figura hoy en la puerta principal y además una inscripción latina que indica la mano de quien tuvo que consolidar aquella mole impresionante convertida hoy en museo militar.


            Las murallas antiguas de Roma enseñan hoy día el escudo del Papa Alejandro lo que indica que fueron por él restauradas; calles, fuentes, torres, puentes... sin duda alguna Alejandro embelleció Roma.


            Y por señalar una última, en 1502, un año antes de su muerte, en Rocca di Papa, muy cerca del lago Albano, el Papa estaba ideando la construcción de una residencia de verano. No se llevó a efecto, pero sí años más tarde la villa de Castelgandolfo, junto al lago Albano, donde los papas descansan los meses calurosos del verano, a unos 30 kilómetros de Roma.


            Roma, pues, debe mucho en su arte al Papa Alejandro. Este se preocupó de cultivar el arte y de embellecer iglesias y otros de interés de la ciudad. Muchos de estos monumentos los podemos contemplar tal y como los dejó nuestro Papa. Para todos nosotros es un gran orgullo pasear por Roma y ver el escudo y el nombre del Papa Alejandro en tantos monumentos como se exhibe. Solo ya por esta razón Roma debería tratar con mayor respeto la memoria de este Papa que se extiende a la de Calixto III en el cual no hubo nunca ningún escándalo ni fallo que llamara la atención. Por eso, creemos que todo es poco de cara a limpiar esa tremenda leyenda negra hacia la familia Borja.

 

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