El Abad
De la Hoja Parroquial Nº 155
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¡Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar. Sea por siempre bendito y alabado! Solemnidad del Corpus Christi: una gran fiesta para alabar y ensalzar, si cabe, a la Santísima Eucaristía. En procesión sacamos a la calle lo mejor que tenemos los católicos: Jesucristo. Aquel que ocupa la Custodia, Aquel que no pueden contener los cielos y la tierra, lo sacaremos en procesión. Es la procesión más "religiosa" si cabe de todas las que se realizan durante el año; aquí no es una imagen lo que sacamos, sino a Jesucristo mismo en la Eucaristía. De ahí que esta procesión sea una manifestación de fe y de amor a Cristo. Desde aquel primer Jueves Santo de Jerusalén, Cristo se ha quedado en el Sacramento. La Eucaristía es el centro de la vida cristiana, el culmen de toda evangelización, la caridad suprema. Si todos los sacramentos nos conceden la gracia, en la Eucaristía recibimos al mismo autor de la gracia. Participar en la Eucaristía dominical debe ser el centro del domingo para todos nosotros, no puede haber domingo sin Eucaristía. Celebrar la Misa y recibir la comunión fortalece la vida espiritual. Además, la oración eucarística es fundamental. El sagrario es el corazón de la Parroquia, por eso lo colocamos en una capilla acogedora que invite a rezar. Allí nos llenamos de fuerza, nos reanimamos, pues ese tipo de oración cala en el alma. El culto a la Santísima Eucaristía es lo más grande que celebra la Iglesia católica. Cristo presente siempre en el Pan consagrado sobre el altar en la celebración de la Misa y después en el Sagrario para ser adorado y para ser llevado a los enfermos, gran sacramento, admirable sacramento. La fiesta del Corpus, dentro de este año de la Eucaristía, debe ayudar la vida espiritual y fomentar el culto a tan divina presencia. Enseñemos a los niños y a los jóvenes a descubrir a Cristo en la Eucaristía, a rezarle, a estar con él en la capilla y a recibirle en la comunión de cada Misa dominical. Ese debería ser nuestro propósito y nuestra meta a lograr. También hace falta fomentar el culto eucarístico entre los adultos. Muchos han olvidado lo esencial de la fe cristiana: hay que recordarlo y animarles a venir con aquellas hermosas palabras de Jesucristo: ¡Venid a mí, aprended de mí! Hagamos de nuestros corazones y de nuestras calles un Altar al Divino Sacramento de la Eucaristía en esta fiesta del Corpus en el Año de la Eucaristía.
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