SEGUNDA
ESTACIÓN
Jesús es cargado con la cruz
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V. Te adoramos, Cristo. y te
bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
[Comentario
por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo Jesús, andando este camino con la cruz a cuestas, iba
pensando en ti y ofreciendo a su Padre por tu salvación la muerte que
iba a padecer.
AMABILÍSIMO Jesús mío: abrazo todas las tribulaciones que me tenéis
destinadas hasta la muerte, y os ruego, por los méritos de la pena que
sufristeis llevando vuestra Cruz, me deis fuerza para llevar la mía
con perfecta paciencia y resignación. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!,
más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido;
no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame
siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.
Padrenuestro, un Avemaría y un
Gloria.
Amado Jesús mío, etc.
[Alternativa al comentario anterior. Comentario
por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
Empieza la ejecución, es decir, el cumplimiento de la sentencia. Cristo,
condenado a muerte, debe cargar con la cruz como los otros condenados
que van a sufrir la misma pena: «Fue contado entre los pecadores» (Is
53,12). Cristo se acerca a la cruz con el cuerpo entero terriblemente
magullado y desgarrado, con la sangre que le baña el rostro, cayéndole
de la cabeza coronada de espinas. Ecce homo! (Jn 19,5). En el se encierra
toda la verdad del hijo del hombre predicha por los profetas, la verdad
sobre el siervo de Yavé anunciada por Isaías: «Fue traspasado por nuestras
iniquidades... y en sus llagas hemos sido curados» (Is 53,5). Está también
presente en el una cierta consecuencia, que nos deja asombrados, de
lo que el hombre ha hecho con su Dios. Dice Pilato: «Ecce Homo» (Jn
19,5): «!Mirad lo que habéis hecho de este hombre!». En esta afirmación
parece oírse otra voz, como queriendo decir: «!Mirad lo que habéis
hecho en este hombre con vuestro Dios!».
Resulta conmovedora la semejanza, la
interferencia de esta voz que escuchamos a través de la historia con
lo que nos llega mediante el conocimiento de la fe. Ecce homo!
Jesús, «el llamado Mesías» (Mt 27,
17), carga la cruz sobre sus espaldas (Jn 19,17). Ha empezado la ejecución.