CUARTA ESTACIÓN
Jesús encuentra a su afligida madre
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V. Te adoramos, Cristo, y te
bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
[Comentario por S.Alfonso María
de Ligorio]
Considera el encuentro del Hijo con su Madre en este camino. Se miraron
mutuamente Jesús y Maria, y sus miradas fueran otras tantas flechas
que traspasaron sus amantes corazones.
AMANTÍSIMO Jesús mío: por la pena que experimentasteis en este encuentro,
concededme la gracia de ser verdadero devoto de vuestra Santísima Madre.
Y Vos, mi afligida Reina, que fuisteis abrumada de dolor, alcanzadme
con vuestra intercesión una continua y amorosa memoria de la Pasión
de vuestro Hijo. Os amo, ¡Oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y
me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que
vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed
de mí como os agrade. Amén.
Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.
[Alternativa al comentario anterior. Comentario
por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
La Madre María se encuentra con su hijo en el camino de la cruz. La
cruz de El es su cruz, la humillación de él es la suya, suyo el oprobio
público de Jesús. Es el orden humano de las cosas. Así deben sentirlo
los que la rodean y lo capta su corazón: «...y una espada atravesará
tu alma» (Lc 2,35). Palabras pronunciadas cuando Jesús tenía cuarenta
días se cumplen en este momento. Alcanza ahora su plenitud total. Y
María avanza, traspasada por esta invisible espada, hacia el calvario
de su hijo, hacia su propio calvario. La devoción cristiana la ve con
esta espada clavada en su corazón, y así la representa en pinturas y
esculturas. !Madre Dolorosa!«!Oh tú que has padecido junto con El!»,
repiten los fieles, íntimamente convencidos de que así justamente debe
expresarse el misterio de este sufrimiento. Aunque este dolor le pertenezca
y le afecte en lo más profundo en su maternidad, sin embargo, la verdad
plena de este sufrimiento se expresa con la palabra «com-pasión». También
ella pertenece al mismo misterio: expresa en cierto modo la unidad con
el sufrimiento del Hijo.