SEXTA ESTACIÓN
La Verónica limpia el rostro de Jesús
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V. Te adoramos, Cristo, y te
bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
[Comentario
por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo la devoto mujer Verónica, al ver a Jesús tan fatigado
y con el rostro bañado en sudar y sangre, le ofreció un lienzo. y limpiándose
con él nuestra Señor, quedó impreso en éste su santa imagen.
AMADO Jesús mío: en otro tiempo vuestro
rostro era hermosisímo; mas en este doloroso viaje, las heridas y la
sangre han cambiado en fealdad su hermosura. ¡ Ah Señor mío, también
mi alma quedó hermosa a vuestros ojos cuando recibí la gracia del bautismo,
mas yo la he desfigurado después con mis pecados. Vos sólo, ¡ oh Redentor
mío!, podéis restituirle su belleza pasada: hacedlo por los méritos
de vuestra Pasión. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo,
y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que
vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed
de mí como os agrade. Amén.
Padrenuestro, un Avemaría y un
Gloria.
Amado Jesús mío, etc.
[Alternativa
al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
La tradición nos habla de la Verónica. Quizá ella completa la historia
del Cireneo. Porque lo cierto es que -aunque, como mujer, no carga
físicamente la cruz y no se la obliga a ello- llevó sin duda está cruz
con Jesús: la llevó como podía, como en aquel momento era posible hacerlo
y como le dictaba su corazón: limpiándole el rostro.
Este detalle, referido por la tradición,
parece fácil de explicar: en el lienzo con el que secó su rostro han
quedado impresos los rasgos de Cristo. Puesto que estaba cubierto todo
él cubierto de sudor y sangre, muy bien podía dejar señales y perfiles.
Pero el sentido de este hecho puede ser interpretado también de otro
modo, si se considera a la luz del sermón escatológico de Cristo. Son
muchos los que indudablemente preguntaran: «Señor cuando hemos hecho
todo esto?» Y Jesús responderá: cuantas veces hicisteis eso a uno de
estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40). El salvador,
en afecto, imprime su imagen sobre todo acto de caridad, como sobre
el lienzo de la Verónica.