SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae la segunda vez con la cruz
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V. Te adoramos, Cristo, y te
bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
[Comentario
por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera la segunda caída de Jesús debajo de la Cruz, en la cual se
le renueva el dolor de las heridas de su cabeza y de todo su cuerpo
al afligido Señor.
OH pacientísimo. Jesús mio. Vos tantas
veces me habéis perdonado, y yo he vuelto a caer y a ofenderos. Ayudadme,
por los méritos de esta nueva caída, a perseverar en vuestra gracia
hasta la muerte. Haced que en todas las tentaciones que me asalten,
siempre y prontamente me encomiende a Vos. Os amo, ¡ oh Jesús, amor
mío! más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos
ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced
que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.
Padrenuestro, un Avemaría y un
Gloria.
Amado Jesús mío, etc.
[Alternativa
al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
«Yo soy un gusano, no un hombre; el oprobio de los hombres y el desecho
del pueblo» (sal 22 [21],7): las palabras del salmista-profeta encuentra
su plena realización en estas estrechas, arduas callejuelas de Jerusalén,
durante las últimas horas que preceden a la pascua. Ya se sabe que
estas horas, antes de la fiesta, son extenuantes y las calles están
llenas de gente. En este contexto se verifican las palabras del salmista,
aunque nadie piense en ellas. No se detienen en ellas ciertamente todos
cuantos dan pruebas de desprecio, para los cuales este Jesús de Nazaret
que cae por segunda vez bajo la cruz se ha hecho objeto de escarnio.
Y El lo quiere, quiere que se cumpla
la profecía. Cae, pues, exhausto por el esfuerzo. Cae por voluntad del
Padre, voluntad expresada asimismo en las palabras del profeta. Cae
por propia voluntad, porque «¿cómo se cumplirían, si no, las escrituras?»
(Mt 26,54):«Soy un gusano y no un hombre» (Sal 22 [21], 7); por tanto
ni siquiera «Ecce Homo» (Jn 19,5); menos aún, peor todavía.
El gusano se arrastra pegado a tierra;
el hombre en cambio, como rey de las criaturas, camina sobre ella. El
gusano carcome la madera: como el gusano, el remordimiento del pecado
roe la conciencia del hombre. Remordimiento por esta segunda caída.