NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez con la cruz
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V. Te adoramos, Cristo, y te
bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
[Comentario
por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera la tercera caída de Jesucristo. Extremada era su debilidad
y excesiva la crueldad de los verdugos, que querían hacerle apresurar
el paso, cuando apenas le quedaba aliento para moverse.
ATORMENTADO Jesús mío: por los méritos
de la debilidad que quisisteis padecer en vuestro camino al Calvario,
dadme la fortaleza necesaria para vencer los respetos humanos y todos
mis desordenados y perversos apetitos, que me han hecho despreciar vuestra
amistad. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento
de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme
de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade.
Amén.
Padrenuestro, un Avemaría y
un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.
[Alternativa
al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
«Se humilló, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil
1,8 ). Cada estación de esta Vía es una piedra miliar de esa obediencia
y de ese anonadamiento.
Captamos el grado de este anonadamiento
cuando leemos las palabras del profeta: «Todos nosotros andábamos errantes
como ovejas, siguiendo cada uno su camino, y Yavé cargó sobre él la
iniquidad de todos nosotros» (Is 53,6).
Comprendemos el grado de este anonadamiento cuando vemos que Jesús cae
una vez más, la tercera, bajo la cruz. Cuando pensamos en quién es el
que cae, quién yace entre el polvo del camino bao la cruz, a los pies
de gente hostil que no le ahorra humillaciones y ultrajes...
¿Quién es el que cae? ¿Quién es Jesucristo?
«Quién, existiendo en forma de Dios, no reputó como botín codiciable
ser igual a Dios, antes se anonadó, tomando la forma de siervo y haciéndose
semejante a los hombres; y en la condición de hombre se humilló, hecho
obediente hasta la muerte, y muerte de cruz»(Fil 2,6-8).