DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras
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V. Te adoramos, Cristo, y te
bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
[Comentario
por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo al ser despojado Jesús de sus vestiduras por los verdugos,
estando la túnica interior pegada a las carnes desolladas por los azotes,
le arrancaran también con ella la piel de su sagrado cuerpo. Compadece
a tu Señor y dile:
INOCENTE Jesús mío: por los méritos
del dolor que entonces sufristeis, ayudadme a desnudarme de todos los
afectos a las cosas terrenas, para, que pueda yo poner todo mi amor
en Vos, que tan digno sois de ser amado. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!,
más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido;
no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame
siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.
Padrenuestro, un Avemaría y un
Gloria.
Amado Jesús mío, etc.
[Alternativa
al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
Cuando Jesús despojado de sus vestidos, se encuentra ya en el Gólgota
(cf. Mc 15,24, etc.), nuestros pensamientos se dirigen hacia su Madre:
vuelven hacia atrás, al origen de este cuerpo que ya ahora, antes de
la crucifixión, es todo él una llaga (cf. Is 52,14). El misterio de
la encarnación: El Hijo de Dios toma cuerpo en el seno de la virgen
(cf. Mt 1,23; Lc 1,26-38). El Hijo de Dios habla al Padre con las palabras
del salmista: «No te complaces tú en el sacrificio y la ofrenda...,
pero me has preparado un cuerpo» (Sal 40 [39], 8.7; Heb 10,7). El cuerpo
del hombre expresa su alma. «Entonces dije: '¡Heme aquí que vengo!'...para
hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad»(sal 40[39],9; Heb 10,7). «Yo hago siempre
lo que es de su agrado» (Jn 8,29). Este cuerpo desnudo cumple la voluntad
del Hijo y del Padre en cada llaga, en cada estremecimiento de dolor,
en cada músculo desgarrado, en cada reguero de sangre que corre, en
todo el cansancio de sus brazos, en los cardenales de cuello y espaldas
en el terrible dolor de las sienes. Este cuerpo cumple la voluntad del
Padre cuando es despojado de sus vestidos y tratado como objeto de
suplicio, cuando encierra en sí el inmerso dolor de la humanidad profanada.
El cuerpo del hombre es profanado de
varias maneras.
En esta estación debemos pensar en
la Madre de Cristo, porque bajo su corazón, en sus ojos, entre sus
manos el cuerpo del Hijo de Dios ha recibido una adoración plena.