UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz
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V. Te adoramos, Cristo, y te
bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
[Comentario
por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo Jesús, tendido sobre la Cruz, alarga sus pies y manos
y ofrece al Eterno Padre el sacrificio de su vida por nuestra salvación;
le enclavan aquellos bárbaros verdugos y después levantan la Cruz en
alto, dejándole morir de dolor, sobre aquel patíbulo infame.
OH despreciado Jesús mío. Clavad mi
corazón a vuestros pies para que quede siempre ahí amándoos y no os
deje más. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento
de todo corazón de haberos ofendido: no permitáis que vuelva a separarme
de Vos otra vez: haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade.
Amén.
Padrenuestro, un Avemaría y
un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.
[Alternativa
al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
«Han taladrado mis manos y mis pies y puedo contar todos mis huesos»
(Sal 22 [21], 17-18). «Puedo contar...»: ¡qué palabras proféticas! sabemos
que este cuerpo es un rescate. Un gran rescate es todo este cuerpo:
las manos, los pies y cada hueso. Todo el hombre en máxima tensión:
esqueleto, músculos, sistema nervioso, cada órgano, cada célula todo
en máxima tensión.«Yo, si fuere levantado de la tierra atraeré todos
a mi» (Jn 12,32). Palabras que expresan la plena realidad de la crucifixión
entra todo el mundo que Jesús quiere atraer a Sí(cf. Jn 12,32). El mundo
está sometido a la gravitación del cuerpo, que tiende por inercia hacia
lo bajo.
Precisamente en esta gravitación estriba
la pasión del crucificado. «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba»(Jn
8, 23). Sus palabras desde la cruz son; «Padre perdónalos porque no
saben lo que hacen» (Lc 23,34).