DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz
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V. Te adoramos. Cristo, y te
bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
[Comentario por S.Alfonso María
de Ligorio]
Considera cómo, habiendo expirado ya el Señor, le bajaron de la Cruz
dos de sus discípulos. José y Nicodemo, y le depositaran en los brazos
de su afligida Madre, María, que le recibió con ternura y le estrechó
contra su pecho traspasado de dolor.
OH Madre afligida. Por el amor de este
Hijo, admitidme por vuestro siervo y rogadle por mí. Y Vos, Redentor
mío, ya que habéis querido morir por mí, recibidme en el número de los
que os aman más de veras, pues yo no quiero amar nada fuera de Vos.
Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, me arrepiento de
todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme
de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade.
Amén.
Padrenuestro, un Avemaría y
un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.
[Alternativa al comentario anterior. Comentario
por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
En el momento en que el cuerpo de Jesús es bajado de la cruz y puesto
en brazos de la Madre, vuelve a nuestra mente el momento en que María
acogió el saludo del ángel Gabriel: «concebirás en tu seno y darás a
luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús... Y le dará el Señor Dios
el trono de David, su padre... y su Reino no tendrá fin» (Lc 1,31-33).
María sólo dijo: «hágase en mi según tu palabra» (Lc 1,38), como si
desde el principio hubiera querido expresar cuanto estaba viviendo
en este momento.
En el misterio de la redención se entrelazan la gracia, esto es, el
don de Dios mismo, y el «pago» del corazón humano. En este misterio
somos enriquecidos por un Don de lo alto (Sant 1,17)y al mismo tiempo
somos comprados con el rescate del hijo de Dios (cf. 1 Cor 6,20; 7,23;
Act 20,28). Y María, que fue más enriquecida que nadie con estos dones,
es también la que paga más. Con su corazón.
A este misterio está unida la maravillosa promesa realizada por Simeón
cuando la presentación de Jesús en el templo: «Una espada atravesará
tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones»
También esto se cumple. ¡Cuántos corazones humanos se abren ante el
corazón de esta Madre que tanto ha pagado!
Y Jesús está de nuevo todo él en sus brazos, como lo estaba en el portal
de Belén (cf. Lc 2,16), durante la huida a Egipto (cf. Lc 2,14),en Nazaret
(cf. Lc 2,39-40). La piedad.