El Padre Eterno

Escuela de Juan de Juanes

Es una tablita que coronaría algún retablo. Se atribuye a la escuela de Juan de Juanes. Representa al Padre Eterno. Es un semblante hermoso y dulce, magestuoso y paternal. En la mano izquierda sostiene la bola que representa al mundo. El Espíritu Santo en forma de paloma está situado en el centro. Esta tabla ha sido restaurada en 1999 por el equipo Art Restauro de Valencia. 

   Vicente Juan Masip Navarro, parece ser que nació en Valencia; su padre, pintor de vocación le enseñó el oficio. El primer documento cierto referente a él es de 1531. Obras muy significativas suyas son El Salvador, La Pasión de San Esteban, La Inmaculada y sobre todo la Santa Cena. Muere en Bocairent y allí es enterrado provisionalmente. En 1581 sus restos son llevados a la parroquia de la Santa Cruz de Valencia y en 1850 al Panteón de los Marqueses de Zenete; en la guerra civil española fueron profanados y quemados. Juan de Juanes crea Escuela y son muchas las obras de esa época.

 

 

Porta Paz

S.XVIII • Pedro Valero

En esta pequeña vitrina podemos ver una pieza extraordinaria como es el Porta Paz de plata y el Cáliz de oro del Cardenal Cebrián. El Porta Paz es una pieza de plata, original del maestro Pedro Valero en 1786, donado por el canónigo Timoteo Esteve. Es de muy buena factura, limpio en distribución de elementos. Es un pequeño retablo compuesto por un doble podio abombado sobre el que apoyan dos pilares y seis columnas de orden corintio. En el centro el Crucifijo, en los podios, cornisas, rebanco y frontón, hay colocadas doce figuras de santos y ángeles; en la parte superior el arcángel San Miguel. 

   El Porta paz se utilizaba en las misas solemnes, antes de la comunión, el celebrante besaba el Porta Paz y un monaguillo lo pasaba a los fieles, estos lo tocaban con la mano y se deban la paz unos a otros tocándose la palma de la mano que había rozado el Porta paz. En la liturgia de hoy no se utiliza.

 

 

Cáliz del cardenal Cebrián

S. XVIII • Bernardo Quinzá

El gran y fructífero platero setabense Bernardo Quinzá es el autor de este precioso cáliz de oro de estilo imperio; está fechado en 1792. El cardenal Cebrián lo regaló a la Colegiata de su pueblo Francisco Antonio Cebrián nació en Xàtiva en 1734. A los quince años inicia sus estudios de filosofía en la Universidad de Valencia y consigue el doctorado en derecho civil en 1755, y en derecho canónico en 1759. Cuando contaba apenas 33 años de edad fue nombrado canónigo de la catedral de Valencia. En 1768 fue elegido rector de la universidad y el 13 de diciembre de 1796 fue designado como obispo de Orihuela, cuando tenía 63 años. Más tarde el Papa Pío VII, en 1816, le nombra cardenal a los 82 años de edad. Murió cuatro años después, el 10 de febrero de 1820, siendo enterrado en el convento de los Capuchinos de Madrid. Hizo un importante legado a la Colegiata, del que se conserva este cáliz y varios libros.

 

 

Relicarios

S.XX • Hermanos Piró

En 1997 la Seu presentaba este relicario de plata que cobija las reliquias de los tres mártires claretianos de Xàtiva. 

  José María Blasco, nacido en Xàtiva el 2 de enero de 1912 y martirizado el 15 de agosto de 1936, tenía 24 años de edad. 

  Eduardo Ripoll, nació en Xàtiva el 9 de enero de 1912 y fue martirizado el 15 de agosto de 1936 a los 24 años de edad. 

  José Amorós, nació en Pobla Llarga el 14 de enero de 1913, creció en Xàtiva y junto con sus compañeros fue martirizado en Barbastro en la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen del mismo año cuando tenía 23 años. Fueron capaces, en plena juventud, de dar supremo testimonio de Jesucristo derramando su sangre por el Evangelio. 

  En la misma vitrina se puede contemplar otro relicario dedicado a San Jacinto Castañeda. A partir de 1998 los fieles pudieron venerar la reliquia de este santo, hijo de Xàtiva y mártir en Tonkín. El relicario es de plata dorada. Los dos relicarios han sido realizados por los orfebres valencianos Hermanos Piró.

 

 

Retablo de los Martí

S.XV

Es toda una catequesis sobre la Virgen María y su relación con Jesucristo. Este retablo gótico es de finales del siglo XV y está compuesto por cinco tablas: el Calvario, culmen de la historia de la salvación, por la cruz, Cristo nos redime y salva; a los pies del Crucificado, la Virgen y San Juan. 

  Siguiendo el orden de la izquierda, la Anunciación —el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen, desposada con un hombre, llamado José, la virgen se llamaba María. Es el comienzo. María dijo sí a Dios y se inicia la historia de Dios que por amor se hace hombre. María está en actitud de escucha, arrodillada y silenciosa, Virgen oyente de la palabra. 

  Le sigue el abrazo de la Puerta Dorada; es el evangelio apócrifo de Santiago quien nos cuenta este episodio protagonizado por San Joaquín y Santa Ana, cuando se les anuncia el nacimiento de María. Un ángel sobresale de las dos figuras venerables. 

  Por la derecha, de abajo arriba, la Visitación; María fue aprisa a las montañas de Judea a visitar a su prima Isabel. Las dos mujeres embarazadas se abrazan y se comunican el gozo del Señor que culminará con el Magnificat. 

  Sobre esta tabla, el Nacimiento de Jesús en Belén. San José y la Virgen adoran y veneran al Hijo de Dios en esa primera Noche Buena de la historia cristiana; ángeles, pastores y Magos acudirán a la Cueva y adoraran al recién nacido y le ofrecerán sus dones. 

  Varias figuras de santos rodean el retablo y encontramos en la polsera: a María Magdalena, un santo obispo, San Onofre, San Juan Bautista, el Padre Eterno, San Miguel, San Antonio Abad, San Gil Abad y Santa Úrsula. 

  Seis tablitas forman la predela, de estas, dos están cortadas. De izquierda a derecha: el sueño de un patricio romano, la resurrección de Cristo, la Dormición de la Virgen y la Fundación de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma. 

  En su lateral izquierdo queda uno de los escudos de los Martí, donantes de este retablo y titulares de su capilla. Dos de cuyos miembros ocuparon la sede episcopal de Segorbe.

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