El Cenáculo de Jerusalén

Arturo Climent

DATOS HISTÓRICOS  

    Resulta siempre impresionante visitar el cenáculo de Jerusalén donde Jesús celebró la última Cena, se apareció resucitado a los apóstoles, donde ocurrió el gran acontecimiento de Pentecostés y se estableció la Iglesia Madre.
            Por circunstancias que explicaré resulta también vergonzoso no poder rezar en público ni celebrar la Eucaristía en tan santo lugar.
            La palabra latina cenáculo significa “el lugar donde se cena”; generalmente se daba el nombre también al piso de arriba de la casa. En el contexto del relato evangélico de la Cena se habla del piso superior de la casa.
            Hoy encontramos una sala gótica majestuosa del siglo XIV, situada encima de una mezquita convertida en sinagoga en 1967, donde primero los musulmanes y luego los judíos veneraban la tumba del rey David.
           

Esta sala gótica se debe a la restauración realizada por los franciscanos, custodios de Tierra Santa, sús únicos y legítimos propietarios desde el año 1342, por haberles cedido la propiedad los reyes de Nápoles, Roberto y Sancha de Mallorca.
            Los reyes lo habían comprado en 1336. la ley de la fuerza lo convirtió en propiedad musulmana quedando convertido en mezquita en 1524. después los franciscanos serían expulsados de su convento contiguo en 1551 por Soleimán. Fueron inútiles las protestas de la República de Venecia para recuperar el santuario, y lo mismo ocurrió con las protestas de Francisco I de Francis. Los hechos consumados son la causa de que hoy, desde hace pocos años, esté en manos de los judíos.
            La visita, pues, por la situación en la que se encuentra, produce cierta desilusión. Aunque el lugar lo vale y se pone corazón y alma que conecta con el mensaje de aquellas paredes. El alma vibra y el corazón arde.
            La primera vez que se menciona el cenáculo en Marcos 14, 12- 16 y Lucas 22, 11-13, describe la forma de encomendar Cristo a san Pedro y a san Juan la preparación de la Cena pascual. Por las indicaciones que dan los evangelistas, se deduce que la sala era grande.
            Después de la muerte de Cristo, los Apóstoles se refugian en el cenáculo como sitio seguro (Marcos 16, 14-18). Al regresar del Monte de los Olivos, después de la Ascensión, y para cumplir la última indicación de Cristo, se volvieron a reunir en el cenáculo, con María, la madre de Jesús (Act 2, 1-4). Allí recibieron al Espíritu Santo el día de Pentecostés (Act 2, 1-4). En el cenáculo fue elegido Matías para suplir a Judás, el traidor. Y a partir de Pentecostés, el cenáculo se convirtió en el centro vital de la nueva Comunidad de cristianos. Con toda seguridad se celebró también en su interior el Concilio de Jerusalén, en el año 48 (Act 15, 1-29) La comunidad cristiana de Jerusalén nunca olvidó este Lugar sagrado considerado como el principio de la Iglesia de Jesús y testigo de tan grandes e importantes acontecimientos.
            San Epifanio, a finales del siglo IV, es quien, de manera más explícita, conserva la tradición del cenáculo; afirma que el emperador Adriano, en el 134, halló en medio de las ruinas de Jerusalén una pequeña iglesia en el lugar donde los discípulos se reunieron después de la Ascensión y la sitúa en el Monte Sión. Esta ubicación coincide con la indicación del historiador Eusebio de Cesarea en el siglo anterior. También la peregrina Egeria describe la liturgia que se celebraba en Jerusalén, en la iglesia del Monte Sión, que recuerda las apariciones del Señor resucitado y de Pentecostés.
            A finales del siglo IV, el patriarca Juan II de Jerusalén construyó una gran basílica que se denominó Santa Sión. Aparece representada en el mosaico de Mádaba del siglo VI. Dañada primero por los persas, año 614, fue finalmente destruida por el califa Hakim en 1009. los cruzados construyeron otra en el mismo lugar con el nombre de santa María del Monte Sión.
            Reconquistada Jerusalén por Saladino en 1187, la basílica no sufrió, pero en 1244 fue destruida por los juwarizmíes.
            Los franciscanos obtuvieron, como ya he dicho, de los reyes de Nápoles la propiedad, compraron terrenos y reconstruyeron el Cenáculo, no la basílica y junto al Cenáculo edificaron un modesto convento.
            Las última noticias que nos han llegado en el mes de mayo son extraordinariamente buenas, parece ser que el gobierno de Israel quiere retomar las relaciones con la Santa Sede, enfriadas en estos últimos años y comenzaría por replantearse d nuevo la entrega del cenáculo a la Iglesia católica, única propietaria del santo Lugar. Esperemos que suceda pronto pues eso fomentaría las peregrinaciones a Tierra santa y además la Iglesia recuperaría el lugar donde se celebró la Última cena y donde nació la Iglesia.


            MENSAJE ESPIRITUAL

            Algo muy hermoso se estaba gestando en el corazón de Jesús de Nazaret en aquel atardecer del Jueves santo primero de la historia; algo raro y terrible ocurriría veinticuatro horas después en el Calvario de Jerusalén: algo misterioso iba a reventar que cambiaría al mundo.
            La Pascua judía era un recuerdo, ahora ya no será recuerdo lo realizado por Jesús ante sus Apóstoles en aquel santo Lugar, sino será presencia viva, realidad, será el sacrificio de su Cuerpo entregado y su Sangre derramada para el perdón de los pecados del mundo.
           

Lo que ocurre en el cenáculo es el resumen de la vida de Jesucristo: derroche de amor: “ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros” (Lc 22, 15-16). Esperaba ese día con impaciencia, con grandes deseos de amor; por eso lo rodea todo con una ternura extraordinaria y abre su corazón, deja una marca indeleble en la historia de la salvación: la Eucaristía.

¡Misterio de fe!

¡Misterio de amor! ¡Entrega total a la voluntad del Padre!

El Banquete es para Jesús un punto final durante largo tiempo ansiado. La postura interior, simbolizada en el lavatorio de los pies, cobra definitivamente cuerpo en el reparto de sí mismo, reparto que anticipa e introduce en la Pasión.
            Muchas veces me he arrodillado en el cenáculo de Jerusalén y siempre mi corazón tiembla, se conmueve, se estira. Incluso en una vez me atreví a llevar la Eucaristía en una teca y hacer una especie de “exposición mayor” rodeado por treinta jóvenes que me arropaban. Todos se arrodillaron y adoraron al Santísimo Sacramento en el Lugar donde por primera vez de se celebró la Misa de Jesús. Aquello resultó emocionante y único; todavía tiemblo cuando lo pienso.
            Dios es amor y ese amor lo contiene la Eucaristía. El Jueves santo es el día de la Eucaristía y del Sacerdocio, día dichoso y feliz que se solemnizará en la solemnidad del Hábeas.
            Es un lugar estupendo para agradecer al cielo el regalo de la Santísima Eucaristía

Ya sé que ahora sería una locura visitar Tierra santa, aunque algunos grupos de valientes van. Pero en el momento se puede ir sin problemas, hay que ir y patear aquella Tierra santificada por el Salvador, visitar los lugares donde ocurrió aquello que da sentido a nuestra vida y es objeto de nuestra fe.

Subir