Los milagros eucarísticos

A propósito del culto a la Eucaristía

Vicent Pons Alós - Pbro.

 

El diccionario de la Real Academia define la palabra “anacronismo” como la incongruencia que resulta de presentar algo como propio de una época a la que no corresponde y por extensión cuando algo es contemplado sin entender su auténtico significado.
            Para muchos el culto a la Eucaristía, dentro de la iglesia (Exposición del Santísimo Sacramento o visita-oración ante el Sagrario) o fuera de ella (procesiones eucarísticas), se ha convertido en un anacronismo. De hecho quienes acuden como meros espectadores a las procesiones del
Corpus Christi, la más importante de las procesiones del año, abandonan la misma tras observar el paso de personajes, danzas y misterios que preceden a la Custodia, sin entender el significado real de lo que estos mismos representan. En el mejor de los casos el paso de la Custodia se valora sólo por lo externo: la vistosidad o valor artístico de la misma, y no porque sea el Señor mismo bajo la especie de Pan Eucarístico quien pasa por delante.
            Otro tanto ocurre con quienes pretenden fosilizar o folclorizar
in extremis lo esencial y el sentido originario de la fiesta, dando mayor importancia a lo accesorio. Todo lo que precede al paso del Santísimo en la Custodia, agrupado en un lenguaje de adoración a la Eucaristía (gigantes y cabezudos, representando razas, continentes y diferentes condiciones sociales) y catequético, explicando como en Cristo se cumplen las Escrituras (personajes Antiguo Testamento, misterios, etc), remite a la importancia del Santísimo Sacramento.
            La reciente Instrucción
Redemptionis Sacramentum de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en sus epígrafes 142-145 se refiere a las procesiones eucarísticas: “como testimonio público de veneración a la Santísima Eucaristía... téngase una procesión por las calles, sobre todo en la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, ya que la devota participación de los fieles en la procesión eucarística de la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo es una gracia de Dios que cada año llena de gozo a quienes toman parte en ella”.
            No siempre ha ocurrido así. Prueba del culto y devoción al Santísimo Sacramento en general y en particular en nuestra Comunidad son los milagros eucarísticos, tradiciones dispersas por toda la geografía valenciana, desde la capital del Reino, donde desde 1424, por donación de Alfonso el Magnánimo a la Catedral, se conserva el conocido como Santo Cáliz de la Cena y donde en 1613 el archivo capitular conserva un coetáneo relato de una prodigio eucarístico
1, hasta los prodigios entorno a los robos de las sagradas formas de Paiporta, Alcoy o Torreblanca, donde en 1397 el robo de unas sagradas formas por parte de unos musulmanes movilizó a los cristianos en sendas expediciones para recuperarlas2, pasando por su conservación incorruptible hasta hoy, caso del relicario del s. XIX conservado en Silla.
            De todas las tradiciones de milagros eucarísticos destacan los dos
más antiguos, sobre los que nos detendremos más extensamente: el milagro de los corporales de Llutxent y el dels peixets de Alboraia.
           

Milagro de los Corporales. Llutxent.

Un 23 de febrero de 1239 se sitúa el milagro ocurrido en Llutxent y conocido como por los corporales de Daroca, por ser esta ciudad de Aragón donde se conserva el relicario. Tras la conquista cristiana de Valencia y a pesar de la ausencia de Jaime I, quien se había trasladado a Montpelier, un grupo de caballeros cristianos realizaron incursiones en zona musulmana, tras las cuales cayó prisionero en uno de los castillos de la Vall d’Albaida Pedro de Alcalá, sobrino del maestre de la Orden del Temple. Acampadas junto al castillo de Xio (Llutxent)3 con la idea de tomarlo y librar al noble, las hostes cristianas se vieron sitiadas por los musulmanes. Antes del combate, el presbítero de los soldados procedentes de Daroca, se dispuso a celebrar la Eucaristía consagrando seis hostias. La alarma del comienzo del ataque hizo que mossen Mateo Martínez envolviera en unos corporales las formas y las escondiera entre arbustos. Acabada la batalla, al volver al lugar del altar de campaña y buscar el sacerdote el corporal, lo encontró con las formas pegadas a la tela y empapadas de sangre. En el lugar, conocido todavía como Montsant, se levantó la iglesia del Corpus Christi y un monasterio de dominicos (1422), todavía lugar de peregrinación en el día de la fiesta.

 

Sagrados Corporales de Daroca.

Tres ciudades se disputaron el derecho de llevarse la reliquia de los corporales: Teruel, Calatayud y Daroca, por pertenecer a estas los soldados. La tradición relata como el mulo que llevaba la reliquia se detuvo muerto en el hospital de San Marcos entre Daroca y Calatayud, trasladándose más tarde la arqueta con los corporales, regalada por Pedro IV, a la capilla de Daroca, donde hoy se conservan.
            Un segundo relato narra como en 1348, coincidiendo con la Peste Negra, el rector de Alboraia se trasladaba a Almassera, su iglesia sufraganea, para llevar la comunión según la tradición a un “moro”. Al atravesar el barranc del Carraixet, lleno de agua, le cayó la arqueta con las formas. Regresó a Alboraia y reunió gente para que le ayudasen a buscar la arqueta. Al trasladarse al lugar, dos o tres peces habían sacado a la orilla las formas llevándolas en la boca. La parroquia del Santísimo Sacramento, que así se llama en recuerdo del prodigio, conserva una arqueta de estaño antigua. Otra ya del siglo XV conserva la parroquia de Alboraia, termino en el que se construyó una ermita neogótica que recuerda el milagro.
            Por encima de tradiciones y manifestaciones religiosas, queda el sentido de la adoración Eucarística y de la presencia real del Señor en la Eucaristía. San Pablo lo señala en su epístola a los Corintios:

“Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía. Lo mismo hizó con el cáliz... Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva”.4

 

NOTAS 1. Véanse trabajos de Olmos Canalda y de R. Chabas.
                2. El hecho y tradiciones vinculadas han sido estudiadas por el historiador jesuita R.I. Burns.
                3. Algunos estudios recientes sitúan el topónimo en termino de Chelva.
                4. 1ª Cor. 11, 23-26

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