Semana Santa

    La Cuaresma nos preparó adecuadamente a las grandes celebraciones de la Semana Santa. Todos los actos litúrgicos se han vivido de forma intensa y profunda; han participado muchísimos fieles con seriedad, fervor y respeto. En conjunto ha sido una Semana santa preciosa y espiritualmente densa y de mucha calidad religiosa. Eso nos alegra a todos.
            La Misa de la Cena del Señor resultó muy concurrida, fervorosa y rezumando religiosidad de manera admirable. Los jóvenes que representaron a los Apóstoles en el lavatorio de pies no pudieron hacerlo mejor. La procesión con el Santísimo hasta el Monumento resultó solemne y a la vez festiva dentro del ambiente del Jueves santo. En el Monumento quedó el Señor para la adoración de los fieles.
           

    La lluvia quiso participar también derramando agua tranquila, dulce y benigna para nuestros campos aunque alguna procesión no se pudo celebrar.
            A las 11 de la noche la Hora santa; el mal tiempo impidió la asistencia de otros años, pero la capilla se llenó y rezamos muy a gusto ante el Señor acompañándole en una Noche tan especial como esta. Las lecturas bíblicas nos introdujeron en el propia ambiente que vivió Jesús aquellas horas tremendas de angustia, pasión, abandono, traición y burlas.
            Muy temprano ya en el Viernes santo rezamos Laudes ante el Monumento y siguió la oración personal y en grupos, hasta la hora señalada para el Vía Crucis por el interior de la Basílica. Se vivió la seriedad de este día. El grupo de lectores nos ofrecía las reflexiones preparadas para seguir los pasos del Señor en su Vía Crucis.
           

    Por la tarde siguió el acto central del Viernes, la celebración de la Pasión del Señor. Lecturas, la Pasión según san Juan, el discípulo más joven de los Doce y el amigo entrañable de Jesús, la oración universal y la adoración de la Santa Cruz.
            Este año con la novedad de entregar una pequeña cruz de Jerusalén a todos los que acudieron a la adoración, terminando con la comunión eucarística. No le cupo más a toda la celebración. Asistencia, participación, respeto y seriedad. Caló hondamente en todos el mensaje del Viernes Santo.

        La Vigilia Pascual nos introdujo ya en un ambiente distinto: alegría, gozo, gratitud hacia el Padre por la resurrección de Jesucristo. En medio de la plaza comenzó el rito de la luz con el fuego y el cirio pascual; el pregón de Pascua, las distintas lecturas y el canto del Gloria llenó nuestro corazón del entusiasmo de los Apóstoles ante el Sepulcro vacío: ¡No está aquí, ha resucitado!. La liturgia del Agua nos centró en la renovación de las promesas del Bautismo. Una vez más reafirmamos la condición de cristianos y manifestamos nuestra adhesión a Jesús, nuestro Señor. Al finalizar la Misa, ya entrada la madrugada, se nos sirvió chocolate con la típica “mona pascuera” en el Palau.
            Una Semana Santa preciosa, vivida, llena de unción y fervor. Ha hecho un enorme bien a todos. ¡Demos gracias a Dios!

 

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