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Semana Santa
La Cuaresma
nos preparó adecuadamente a las grandes celebraciones de la Semana Santa. Todos
los actos litúrgicos se han vivido de forma intensa y profunda; han participado
muchísimos fieles con seriedad, fervor y respeto. En conjunto ha sido una
Semana santa preciosa y espiritualmente densa y de mucha calidad religiosa. Eso
nos alegra a todos.
La lluvia
quiso participar también derramando agua tranquila, dulce y benigna para
nuestros campos aunque alguna procesión no se pudo celebrar.
Por la tarde
siguió el acto central del Viernes, la celebración de la Pasión del Señor.
Lecturas, la Pasión según san Juan, el
discípulo más joven de los Doce y el amigo entrañable de Jesús, la oración
universal y la adoración de la Santa Cruz.
La Vigilia Pascual nos introdujo ya en un ambiente distinto: alegría, gozo,
gratitud hacia el Padre por la resurrección de Jesucristo. En medio de la plaza
comenzó el rito de la luz con el fuego y el cirio pascual; el pregón de
Pascua, las distintas lecturas y el canto del Gloria llenó nuestro corazón del
entusiasmo de los Apóstoles ante el Sepulcro vacío: ¡No está aquí, ha
resucitado!. La liturgia del Agua nos centró en la renovación de las promesas
del Bautismo. Una vez más reafirmamos la condición de cristianos y
manifestamos nuestra adhesión a Jesús, nuestro Señor. Al finalizar la Misa,
ya entrada la madrugada, se nos sirvió chocolate con la típica “mona
pascuera” en el Palau.
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