El coraje de ser católico

 

Arturo Climent Bonafé,

 Abad de Xàtiva

 

 

Ante las medidas que el gobierno va anunciando respecto a la Iglesia Católica y sus instituciones todos debemos tomar postura, por lo menos, estar despiertos, pues lo que anuncia es bastante grave y serio para pasarlo por encima. La campaña laicista que está promoviendo evoca años pasados de no buenos recuerdos para nadie.

            Dicen que la Iglesia calienta el ambiente. Lejos de la realidad; se olvidan que son algunos ministros los provocadores, los que están anunciando leyes en contra de la moral católica y amenazando con quitar subvenciones a las organizaciones católicas, olvidando y minusvalorando el papel humanitario, asistencial y caritativo que la Iglesia desde hace dos mil años está realizando en todo el mundo, en España también y en Xàtiva también. Muchos juegan a ser misioneros, pero la verdad está allá donde por amor trabajamos cantidad de sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares cristianos en lugares, en pueblos, en ciudades, en casas y siempre con personas necesitadas y menos favorecidas, de esas de las que nadie mira, ni contempla ni se preocupan.

            La Clase de Religión. ¡Cómo molesta la clase de Religión! ¿Pero no se defiende el derecho constitucional de los padres a elegir la formación religiosa que deseen para sus hijos? ¿En qué quedamos? La clase de religión no es obligatoria.

            Son el ochenta por ciento de los padres en España los que piden la clase de religión Católica. Es un referéndum anual. ¿Cuentan o no cuentan los padres? ¿No es suficiente el ochenta por ciento? Dicen que se imparta la clase fuera de horario lectivo. Vamos a ver, ya me dirán como colocar 17 ó 20 horas semanales de Religión católica fuera de horario de clase. ¿A qué hora tienen que ir los alumnos, a las 6 de la mañana, de 5 de la tarde hasta las 10 de la noche? ¡Vaya planteamientos! Es ir en contra de todo lo que sea católico, de eso no hay duda.

            ¿Y no habrá gente sensata, católicos que votan al partido del gobierno que le haga entrar en razón y le haga comprender que no es ese el camino más apropiado? Confío que el Sr. Presidente del Gobierno y sus ministros dediquen un poco de tiempo a pensar detenidamente en estas cuestiones tan importantes.

            Ante este panorama los católicos, repito no podemos cruzarnos de brazos, lamentarnos y poco más. ¡No! Hay que tomar postura.

            Somos católicos pero también somos ciudadanos que pagamos nuestros impuestos, tenemos unos derechos y votamos como cualquier ciudadano.


            Pasos a seguir: El ciudadano católico, miembro activo de la Iglesia debe estar muy bien formado, con un entramado doctrinal bien puesto. De ahí la importancia de la catequesis de adultos que cada día se hace más imprescindible. Eso para empezar.

            La fe debe vivirla a pleno pulmón.

            Lograr una fe adulta, fresca, viva, comprometida y arraigada; una fe que sea coherente ante la vida, las dificultades, los problemas y persecuciones.

            Ante todo coherencia.

            Pero también esa misma fe hay que transmitirla en la familia. Los padres han de ser los primeros educadores de la fe de sus hijos. Ese es el camino a lograr. La familia es la “Iglesia domestica” donde los padres actúan como transmisores de la fe y ejemplo claro de vida cristiana. Y ante la sociedad no avergonzarnos del Evangelio. Dar la cara, como decía el otro día san Pablo a su amigo y obispo Timoteo. Ser cristianos de cuerpo entero, a la talla de Cristo.

            Defender nuestra fe, nuestra Iglesia, a nuestros Pastores. Dar la cara.

            Cuantas veces nos lo dice Jesús en el Evangelio: No tengáis miedo, no temáis, estoy a vuestro lado, estoy con vosotros, os acompaño.

            El coraje de ser católico. Expresa el fuego que llevo dentro ante la comodidad y cobardía de gran parte de nuestro laicado.

            Hacen falta católicos valientes, políticos católicos valientes, empresarios católicos valientes, católicos valientes metidos en las instituciones, en la enseñanza, en las distintas asociaciones. Cristo nos lo dijo muy claro: sed luz, sed sal, sed fermento. Y actuar de esa manera en medio del mundo. No imponemos nada, tan solo defendemos lo nuestro y proponemos nuestra fe como la mejor garantía para una vida totalmente feliz. El problema en España está en que muchos católicos en medio de la sociedad y en sus responsabilidades no actúan como tales.

            Nos pueden quitar la clase de Religión en las escuelas o dejarla en mínimos, nos pueden quitar las subvenciones, nos pueden destruir la familia y el sentido sagrado del matrimonio, pueden machacarnos mediante actitudes laicistas, pero a Cristo no nos lo pueden quitar. Y nosotros le haremos presente siempre y por encima de todo. Nos quitaran los Crucifijos de lugares públicos; los llevaremos en el pecho y en el corazón y los pondremos en los lugares privados. ¿A quien hace daño el Crucifijo? El coraje de ser católico. Recuperar el coraje de la fe. Cristianos llenos de la gracia de Jesucristo.

            Miembros activos de la Iglesia.

            Trabajadores del Evangelio. Ciudadanos católicos preocupados por un mundo mejor, más humano, más respetuoso, más libre, más solidario y entregado.

            El seglar católico debe moverse, ha de despertar de la modorra que a veces invade su corazón. Son momentos difíciles que exigen estar en la brecha y muy despiertos. No podemos consentir atropellos hacia la fe católica. Trabajaremos siempre y defenderemos con medios pacíficos nuestra fe, nuestros derechos, nuestra cultura, nuestra forma de ser, vivir y entender las cosas.

            Los católicos debemos ofrecer a la sociedad lo mejor que tenemos, como hemos hecho siempre y con ello colaborar a que el hombre sea mejor, la sociedad pacífica, humanitaria, solidaria, respetuosa.

            Con todos los hombres y con todas las creencias.

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