En este
número continuamos estudiando los templos setabenses y
sus portadas. Trataremos ahora la iglesia del convento
de San Francesc, aprovechando que la cercanía del pasado
4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís.
Jaume I dispuso lo necesario para la
fundación de un convento de padres franciscanos en la
ciudad de Xàtiva. En 1293, según González Baldoví, ya se
contaba con un conjunto religioso, situado fuera del
recinto amurallado pero junto al acceso, en la zona
norte de la población. Éste quedó arruinado con la
guerra con Castilla y no fue hasta años después, entre
1366 y 1377, cuando se levantó intramuros el convento
del cual desafortunadamente sólo nos resta el templo. Se
construyó junto a la puerta de “Sant Francesc” o de les
Ferreríes, una de las nueve puertas con que contaba la
muralla de la ciudad.
Situado en la calle de Moncada, fue uno de
los conventos más importantes de la ciudad y Reino.
Sarthou documenta el número de frailes en el
siglo XV en torno a los 30, cuatro de los cuales eran
teólogos, comunidad solamente superada en número por el
convento de monjas clarisas, fundado por Saurina
d’Entença, esposa de Roger de Lauria, en el s. XIV y
ubicado en la misma calle, pero en su extremo oriental.
En esta zona se encontraban palacios de
familias nobles como los Fenollet, Bellvís, Sanç, etc y,
como era costumbre en la época, los templos de las
órdenes mendicantes eran escogidos como lugar de
enterramiento para personas ilustres. Sant Francesc fue
panteón del conde de Urgell, de los abuelos de Alejandro
VI y las hermanas de Calixto III o del último gran
maestre de la Orden de Montesa, entre otros. Este fervor
espiritual hizo que se fundaran numerosos beneficios en
la misma iglesia y que la mayoría de testamentos de los
oriundos de Xàtiva hasta el s. XVI escogieran como
mortaja el hábito de San Francisco.
La Iglesia, de planta no totalmente
rectangular, tiene unas medidas de 41 metros de longitud
x 18 de anchura (González Baldoví), bastante más grande
que la ermita de San Félix o la parroquia de San Pedro.
Está orientada al noroeste y consta de una sola nave,
con capillas entre los grandes contrafuertes. Éstos, de
más de 4 m de anchura, parece ser que estaban perforados
de forma que las capillas se encontraban
intercomunicadas.
Más tarde los vanos serían cegados.
Carece de transepto o crucero y también de
ábside, como también veíamos en la primitiva San Félix y
más tarde en la de San Pedro, trecentista como el templo
conventual que tratamos. La techumbre es de madera,
seguramente de carrrasca, árbol autóctono valenciano.
Ésta era la habitual, ya que el material de mayor
calidad, como el tronco de roble, se reservaba para la
construcción de buques. La armadura de la cubierta se
sustenta en seis arcos fajones, transversales al eje de
la nave, apuntados y diafragmáticos, que parten de la
línea de imposta de los arcos que comunican la nave
central con las capillas laterales de la iglesia, es
decir, los formeros.
La altura del templo es considerable y es
que, como nos dice A. Zaragozà Catalán, las iglesias
conventuales eran las mayores en cuanto a dimensiones
entre los templos de la tipología constructiva que
estamos estudiando. En el exterior, la cubierta, con
vertiente asimismo de dos aguas, sobresale de la línea
de fachada con voladizo y se recubre de teja.
Las capillas laterales sí presentan bóveda
de crucería. En planta observamos siete a cada lado,
pero realmente hay cinco con arcos cruceros. En éstas se
abren unas ventanas ojivales con tracerías caladas en
formas lobuladas y parteluz, de las que quedan elementos
rotos que se recompondrán durante la restauración a que
el templo será sometido en breve tiempo.
En el año 1503 se dispuso sobre un arco
carpanel o apainelado un coro en alto, del que sólo nos
queda ahora el propio arco.
Aunque este ejemplo es ya de la segunda
mitad del siglo XIV, su morfología es todavía la arcaica
y monástica, la misma que se venía realizando desde nada
más terminar la conquista cristiana. En nuestra ciudad
tenemos otros templos siguiendo esquemas similares
aunque no idénticos: Sant Feliu, Sant Pere, la iglesia
del convento de Santo Domingo y las desaparecidas de El
Salvador-las Santas y de Santa Tecla que se fundó al
mismo tiempo que Sant Pere y la primitiva parroquia
mayor.
Esta tipología constructiva aparece ya en el
siglo XIII – un siglo antes que Sant Francesc-, como
explicamos en números anteriores, y se centraban en la
necesidad de levantar templos con la mayor rapidez
posible como una forma de asegurar las tierras
arrebatadas a los musulmanes, así como dejar constancia
de que era la cultura cristiana la que pasaba a ser la
dominante. Pero además había otros argumentos como los
económicos, la practicidad o funcionalidad de esta
tipología, así como la carencia de una mano de obra
cualificada suficiente como para afrontar semejante
empresa con unas formas constructivas caras y difíciles,
aunque más resistentes y duraderas, como eran las
técnicas de abovedamiento. Esto no quiere decir que no
se levantaran en estos mismos momentos templos que
emplearan las bóvedas en el Reino de Valencia, lo que
ocurre es que el número era menor, debido a que estos
materiales estaban reservados a las iglesias más
importantes o en las partes más destacadas de los
templos, como los ábsides. En algunos casos concretos se
abovedaba toda la construcción. En Xàtiva tenemos
ejemplos de arquitectura gótica de este tipo, pudiendo
mencionar las ermitas del Puig o la más tardía de Santa
Ana, así como la capilla del castillo. Además se sabe
que existieron en la “antigua Seu”, que solamente tuvo
bóvedas en las capillas que se fueron añadiendo al
edificio. Recordemos que Jaume I respetó la antigua
mezquita mayor de la Xàtiva musulmana, aunque
lógicamente adaptándola a la religión cristiana bajo la
advocación de Santa María. Entre las citadas capillas
destaca la denominada “de los Borja” o del “papa Calixto
III”. Como sabemos esta primitiva Colegiata fue
derrumbada sucesivamente para dar paso, a partir de
1596, a la construcción que conocemos.
Además tenemos las bóvedas de crucería de
las capillas laterales del convento de Santo Domingo así
como las ya citadas de Sant Francesc. En otras
poblaciones de la comunidad se conservan templos de
mayores dimensiones con grandes superficies abovedadas a
la forma gótica, como es el caso de El Salvador de
Burriana (ca. 1233-1330) o de Santa María de Morella,
ambas en la provincia de Castellón. Pero sobre todo es
en la capital valenciana con ejemplos primerizos como
san Juan del Hospital (1238-1261), con bóveda de cañón
apuntado, heredera directa del románico, en nave central
y bóveda de crucería en capillas laterales en el lado
epístola; a caballo entre dos siglos como la Catedral
(se inició ca. 1265), o ya del siglo XIV como las de los
Santos Juanes (más conocida por San Juan del Mercado) o
de San Martín.
Volviendo al sistema de arcos diafragma y
techumbre de madera que estamos estudiando se observa
que las fuentes de esta arquitectura se encuentran en el
románico leridano y en las directrices y postulados
aplicados a la arquitectura propagados por la orden del
Císter y San Bernardo de Claraval, que habían empleado
en refectorios o celdas de los frailes de sus conventos
técnicas que respetaban su compromiso con la sencillez y
renuncia.
Un ejemplo lo tenemos en el dormitorio del
monasterio cisterciense de Santes Creus, en Tarragona,
fechado en el siglo XII.
Siguiendo el estudio de Carmen Gracia se
constata que dominicos y franciscanos las habían sabido
interpretar, eso sí, adaptándolas a sus particularidades
y necesidades.
En la segunda mitad del siglo XIV, cuando se
data esta construcción la situación del joven reino ya
había cambiado, se había dispuesto todo lo necesario
para su asentamiento. Los estamentos político -
institucionales, económicos (industrias artesanales,
agrícolas ...)y religiosos ya se habían consolidado, la
colonización se había completado. Xátiva incluso
ostentaba desde 1347 el título de ciudad, concedido por
el rey Pere IV, honor que sólo Valencia contaba por
entonces.
La condición de orden mendicante auspiciaba
la austeridad y sencillez como valores morales no sólo
para normas de comportamiento sino también para sus
edificios.
Un conjunto franciscano casi idéntico pero
en mejor estado de conservación que nos muestra cómo
podía ser el espacio conventual o al menos sus trazos
arquitectónicos u ornamentales se encuentra en Morella.
Pero éste conserva además de su iglesia, recientemente
restaurada, otras partes del convento como del claustro
y dependencias anexas.
Hay dos puertas actualmente en Sant Francesc,
una en la parte sur del edificio y otra, del s. XVIII,
en los pies de la iglesia, en la parte occidental. Nos
centraremos en la primera por ser más antigua e
interesante. Pero hay un apunte significativo, del M.
González Baldoví nos informa: esa entrada no es la
original del siglo XIV, cuando se construyó la iglesia.
Aquella “primitiva puerta ojival y sin
molduras estaba en la segunda capilla” del mismo
lateral, como era tradicional en los templos
bajomedievales no catedralicios.
En Xàtiva hay más construcciones de este
tipo como Sant Féliu, Sant Pere o Sant Domènec.
El mismo autor, director del Museo de
L’Almodí, fecha esta portada a comienzos del siglo XVI,
durante una primera reforma del convento. Está situada
en la tercera capilla y el vano, que mide
aproximadamente 2 metros de luz (anchura) y más de tres
metros de flecha (altura), forma un arco apuntado con
varias arquivoltas que creando un abocinamiento, mucho
más complejo y avanzado que la de San Pedro. En las
jambas se disponen baquetas, es decir, molduras a modo
de columnillas estilizadas, que arrancan a unos veinte
centímetros del suelo sobre un sillar y que ornamentan
la portada.
Sobre éstas se insinúan unos capiteles
también mediante el empleo de molduras. Arriba, sobre la
arquivolta más externa, todavía se pueden ver
decoraciones a base de frondas, motivo ornamental que
representan hojas y otros elementos vegetales curvados y
enrollados.
Coronando el conjunto había una cruz de
motivos vegetales, que fue sustituida por una escultura
de la Inmaculada Concepción de la Virgen, según Sarthou,
y que en la actualidad tampoco contemplamos. Se
desconoce quién pudo ser el cantero de la portada, pero
como era habitual en la época pudo ser un maestro
itinerante que realizara otras similares, reflexión que
realiza en uno de sus artículos Arturo Zaragozà.
Este arquitecto relaciona el autor de esta
puerta con la del monasterio de San Jerónimo de Cotalba
(Valencia).
La historia de esta construcción ha sido
como en muchos casos azarosa.
Se mantuvo en buenas condiciones hasta que,
durante la guerra de Sucesión en 1707 sufriera daños,
como el resto de la ciudad. A este respecto M.González
nos dice que éstos no debieron ser demasiado cuantiosos
ya que en la década de 1730 el primer monarca Borbón de
España, Felipe V, restituyó la orden en su convento de
la calle Moncada “por considerar que todavía estaba
adecuado para el uso”.
Entre sus quehaceres habituales el clero
regular se encargaba de las manifestaciones religiosas
populares, siendo los conventos de San Francisco y Santo
Domingo los depositarios de las imágenes devocionales
que salían en las procesiones setabenses.( Ventura-
Camarasa).
Estas imágenes eran las titulares de las
distintas hermandades de la ciudad. Esta práctica
perduró hasta la primera mitad del siglo XIX, con las
desamortizaciones y se mantiene en parte todavía en el
ceremonial y trayectoria de las procesiones actuales de
Semana Santa.
Todavía durante el siglo XVIII se adaptó el
templo a las formas todavía barrocas del momento. En
este momento fue cuando se abrió una nueva puerta en la
parte oeste y el interior se cubrió de bóvedas de cañon,
pilastras, etc. La Guerra del francés también afecto al
conjunto y ya finalmente, después de la desamortización
(1835) se adoptó el convento como cuartel militar,
quedando únicamente el templo como espacio religioso.
Como dice Sarthou en el primer tercio del
XIX desaparecieron en la ciudad los conventos
masculinos, quedando solamente el de las clarisas y el
de las dominicas de la Consolación.
Sant Francesc tenía campanario, que estuvo
en pie hasta 1858.
En los años 60 los terrenos que ocupaba el
convento fueron vendidos como solares para viviendas.
En cuanto al templo, tras la Guerra Civil,
se transformó en cine.
En 1975 se quitó la decoración del XVIII,
dejando a la vista las trazas del siglo XIV. En los
últimos tiempos había sido empleado como auditorio para
conciertos de música clásica en la que actuaban, entre
otras agrupaciones, las dos bandas sinfónicas de la
localidad.
En las próximas semanas se procederá, por
fin, a su definitiva restauración.
Del convento conservamos varios bienes
muebles: Las tablas de ”Jacomart” o Reixach que se
encuentran en el museo de la Colegiata y que representan
a Santa Elena y San Sebastián.(s. XV); el zócalo de
azulejos procedentes de convento, arrimadero, de gran
hermosura, con los colores amarillo, verde y azul y con
símbolos que evocan la Pasión de Jesús. En el Museo
municipal se custodian una clave de bóveda del convento
derribado, así como un blasón ojival con 7 flores de
lis.
BIBLIOGRAFIA:
- GONZÁLEZ BALDOVÍ, M.,
“Xàtiva”, en Catálogo de monumentos y
conjuntos de la Comunidad Valenciana.
- GONZÁLEZ BALDOVÍ, M,. Xàtiva-
Montesa, Xàtiva, 1984.
- GRACIA, C., Història de l’art valencià,
ed. Alfons el Magnànim, València,
1995.
- VV.AA, Xàtiva, Història breu,
Caixa Ontinyent/obra social, Xàtiva -
Ontinyent 1997.
- SARTHOU CARRERES, C.,
Guía ofi cial histórica de Xàtiva,1925.
- SARTHOU CARRERES,C., Datos
para la historia de Xàtiva.
- ZARAGOZÀ CATALÁN, A.,
“Las portadas de las iglesias de San Félix
y San Francisco de Xàtiva”, en Papers de
la Costera, nº 6, Xàtiva, 1989.
- ZARAGOZÀ CATALÁN, A. Arquitectura
gótica valenciana, València,
2000.