DE XÀTIVA A TEL AVIV
Del 23 al 30 de agosto un grupo de 42 personas fuimos en
peregrinación a Tierra Santa. Es la peregrinación que todo cristiano
ansía y desea realizar, la ilusión de la vida.
Desde Xàtiva al aeropuerto de Barajas, los trámites rigurosos de la
seguridad israelí y en avión rumbo a Tel Aviv. Un vuelo
extraordinariamente bueno. Llegamos hacia las 5 de la tarde al
aeropuerto de Ben Gurión, control de pasaportes y en autobús rumbo a
Tiberiades, cena y descanso. Nos esperan unos días preciosos y
requiere un cuerpo descansado.
SEGUNDO DÍA. NAZARET.
Después de un copioso desayuno salida hacia Nazaret.
Nazaret significa Flor de Galilea.
La estancia en esta ciudad ensancha el corazón, es la ciudad de la
Sagrada Familia. Sus calles y sus casas hablan de Aquel que se crió
en aquella tierra. Allí vivió san José y la Virgen, allí creció el
Niño y joven Jesús.
Nos dirigimos a la Basílica de la Anunciación. Una auténtica gozada.
Antes de la Misa visitamos la Basílica más hermosa de todo Oriente.
Se terminó en 1969 y venera lo que queda de la casa de la Virgen,
lugar de la Encarnación, donde María dijo: Aquí está la esclava del
Señor, hágase en mí según tu palabra.
La visita se hizo detalladamente y sin prisa. La gente disfrutó y lo
intentó plasmar en la cantidad de flases que disparaba con sus
cámaras digitales.
Emotiva fue la celebración de la Misa ante la gruta de la
Anunciación.
En Jericó
Las lecturas bíblicas proclamadas en aquel lugar difícilmente se
olvidarán: El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad
llamada Nazaret, a una virgen, desposada con un hombre llamado José,
la virgen se llamaba María. Escuchadas allí estas palabras santas
tienen una fuerza muy singular, entran en el corazón.
Terminada la misa ofrecí a cada peregrino un rosario confeccionado
en Jerusalén.
Visitamos también la iglesia de san José, sede de la Sagrada
Familia, la sinagoga, el zoco, la fuente de María y pateamos Nazaret.
El Evangelio no lo dice todo. Pasear por las calles de Nazaret tiene
un encanto muy especial.
Después de comer y tomar café nos trasladamos a Caná de Galilea
lugar del primer milagro de Jesús. Una iglesia franciscana recuerda
el hecho. Nueve matrimonios renovaron sus compromisos sacramentales,
volvieron a decirse palabras tan bellas como: Yo te recibo a ti y
renuevo mi amor y fidelidad que un día nos prometimos ante el altar.
Resultó un precioso acto para todos. Felicitamos a los matrimonios y
no faltó la foto de familia ante el altar. Al finalizar se nos
deleitó con el famoso vino de Caná. Muchos compraron para obsequiar
a sus amigos de Xàtiva. Después de todo nos fuimos al hotel a cenar.
Luego salimos a tomar un helado junto al Lago de Galilea.
TERCER DÍA. LAGO
Temprano desayunamos y nos dirigimos a la iglesia del Primado de san
Pedro, allí estaba concertada la Misa a las 8 de la mañana. A la
celebración no le cupo más moción, se podía cortar. Allí junto a las
aguas del Lago de Tiberíades escuchábamos las palabras de Jesús a
Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? Aquella pregunta
Jesús nos la hacía a cada uno de los que estábamos allí.
Después de la Misa nos adentramos en las aguas cálidas del Lago.
Una experiencia preciosa.
El monte de las Bienaventuranzas fue el siguiente paso. Escuchar
parte del Sermón de la Montaña en el lugar que Jesús lo pronunció
resulta emocionante. Desde aquel lugar el alma goza y se ensancha.
Tagbha, donde Jesús realizó la primera multiplicación de los panes y
peces. Una cesta llena de panes traídos del horno Plá de Xàtiva,
gentileza de Maruja, fue colocada en el centro de la iglesia.
Bendije los panes y los distribuí entre los peregrinos. ¡Gesto que
habla por sí solo! Leímos el Evangelio y visitamos la iglesia y sus
mosaicos.
Lago de Galilea
La visita a Cafarnaúm es una delicia. Son piedras que hay que
hacerlas hablar y ¡hablan! de un Jesús joven, alegre, entregado,
amigo del hombre. Cafarnaúm es la “ciudad de Jesús”. Cada piedra,
cada puñado de tierra habla de Cristo. La Casa de Pedro, convertida
en iglesia octogonal, la Sinagoga, las “islas de casas”, todo
Evangelio vivo. Muchas emociones para una mañana. De allí al barco.
Una hora y pico de travesía por el Mar de Galilea. Una auténtica
delicia para el corazón. ¡Es el mismo Lago de Jesús! Leímos con
motores parados en pleno Lago episodios como la Pesca milagrosa, la
Tempestad calmada, la elección de Apóstoles, etc.
Después de comer y descansar brevemente. En autobús dirección al
monte Tabor. Hay que subir a la cumbre en taxi; se puede subir a
píe, 4.200 escalones.
¡Subimos todos en taxi! La visita al Tabor es inolvidable. Cómo
resuena en nuestros oídos la palabra de san Pedro: ¡Señor, qué bien
se está aquí! Ese bienestar manifestado por el Apóstol, no se ha
perdido. En el Tabor se está muy bien.
En el hotel cena y descanso muy merecido.
CUARTO DÍA. JERICÓ
Hora y media de autobús que aproveché para explicar la Historia
Sagrada comenzando por Abraham hasta llegar a la Jerusalén actual.
El tiempo nos vino justito.
Llegamos a Jericó, la ciudad más antigua del mundo y la más honda.
Ciudad de las palmeras, rosas y pomelos. La ciudad de Zaqueo y el
ciego Bartimeo.
Jericó de Josué, Jericó herodiana y Jericó moderna. Con un calor
tremendo visitamos el Tel o colina señorial, donde está la ciudad
que conquistó Josué, 1.300 años antes de Cristo. Tiene 6.000 años de
antigüedad. No faltó el refresco y ¡las compras!.
En un moderno funicular subimos al Monte de las Tentaciones.
Un monasterio ortodoxo excavado en la montaña era la cita.
Aquello nos gustó. Es un remanso de paz. Allí leímos aquello del
Diablo: dí que estas piedras se conviertan en panes. Y las palabras
de Jesús: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que
sale de la boca de Dios. El funicular nos devolvió al sitio de
origen. Nos trasladamos al Sicómoro que recuerda el encuentro de
Zaqueo con Jesús: hoy ha sido la salvación de esta casa.
Qumram, el lugar donde se encontraron los famosos manuscritos del
Mar Muerto. Un audiovisual nos centró en la secta de los Esenios y
después recorrimos las excavaciones del monasterio de Qumrámico.
Oración en el Cenáculo
El baño en el mar Muerto era muy esperado y allí nos fuimos.
El cuerpo flota, el coeficiente de sal hace que no se hunda. Los
hechos bíblicos de Sodoma y Gomorra, la historia de Lot y su mujer
convertida en estatua de sal, Rut la moabita, son historias que
llenaron el camino desde el Mar Muerto hasta Jerusalén donde íbamos
a comer.
Al vislumbrar la Ciudad Santa entonamos el salmo: ¡Qué alegría
cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor!. Una enorme emoción
nos envolvió a todos y se nos hizo un nudo en la garganta.
Llegábamos a la meta esperada: Jerusalén.
Comida en un buen hotel y descanso. Luego traslado a Betania, a la
casa amiga de Jesús donde vivían sus amigos Lázaro, Marta y María.
Allí teníamos la Misa.
Una iglesia en forma de mausoleo nos daba la bienvenida. En la Misa
hubo un recuerdo por los difuntos y de manera especial por los
jóvenes fallecidos en Xàtiva, nombré a Mayte, Jose, Juan, David
Alejandro y en el silencio muchos otros. Luego casi todos entraron a
ver la tumba de Lázaro. Y vuelta al nuevo hotel en Jerusalén.
¡Precioso, moderno y nuevo. Descanso.
QUINTO DÍA.
Bien desayunados salimos con dirección a la ciudad nueva de
Jerusalén y visitamos la Knesset o Parlamento pero sobre todo allí
vamos para ver la Menorá o Candelabro de los Siete Brazos y hacernos
la foto ante tal monumento.
Es una preciosidad de candelabro, recuerden que fue Moisés en el
desierto quien mandó que se hiciera el candelabro. Hoy es uno de los
símbolos del pueblo judío. De allí fuimos a contemplar una autentica
maravilla del arte: la maqueta de la Jerusalén de la época del
Segundo Templo, de Herodes el Grande. Allí les expliqué cómo era
Jerusalén en tiempos de Jesús; sus calles, sus barrios, el Templo,
palacios, torres, monumentos. Esa visita es muy interesante y todos
lo agradecen, a pesar del sol de justicia que da en ese lugar. La
mañana se debe completar en Aín Karem, el pueblo donde nació san
Juan Bautista. El autobús nos deja y hay que completar el camino a
pie y subida, pero vale la pena.
La vergüenza de un muro
en el siglo XXI
Llegamos a la iglesia que recuerda la Visitación de la Virgen a
santa Isabel: el Magníficat. Más de cincuenta paneles en distintos
idiomas reflejan el canto de María: Proclama mi alma la grandeza del
Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador. El lugar es
encantador.
Recordamos aquel encuentro entre las dos grandes mujeres: ¿Quién soy
yo para que me visite la madre de mi Señor? ¡Dichosa tú que has
creído!. Y María canta a Dios el precioso himno de acción de
gracias. Luego deshacemos el camino andado y nos dirigimos a la
iglesia de san Juan. Allí nació. Sus padres Zacarías e Isabel dieron
gracias al cielo por ese regalo: Y a ti Niño te llamarán profeta del
Altísimo porque irás delante del Señor a preparar sus caminos.
Veneramos el lugar y rezamos todos juntos el himno del Benedictus en
castellano escrito en un panel de cerámica colocado en el patio.
Y salimos con dirección a Belén, Casa del pan. Vimos con tristeza la
vergüenza del Muro que Israel ha construido encerrando Palestina
dentro de esos muros que son una vergüenza en pleno siglo XXI.
Antes de comer fui al Orfanato por si podíamos visitarlo antes. Y
así fue. Esa visita la considero muy importante. Ir a Belén supone
también encontrarse con los niños menos favorecidos. La visita
resultó muy emotiva. Niños abandonados; niños maltratados; niños
sedientos de amor y de cariño. Ví a muchos hombres llorar.
Entregamos un donativo repleto de cariño y nos fuimos a comer.
La tarde había que dedicarla a Belén. Comenzamos por el
Campo de los Pastores, lugar donde según el Evangelio de san
Lucas estaban en vela y se les apareció el Ángel
anunciándoles el Nacimiento del Salvador. Aquello es
precioso: cuevas naturales recuerdan el acontecimiento. De
allí a la plaza del Pesebre. Emocionados contemplamos la
Basílica de la Natividad, la más antigua de Tierra Santa, es
del siglo V, construida sobre la de Constantino del siglo IV.
La puerta pequeña nos obliga a todos a agacharnos para poder
entrar. O se es niño o se agacha para entrar a contemplar el
misterio de Dios hecho Niño. En las Grutas de san Jerónimo
celebré la Eucaristía de Navidad en pleno agosto. Luego
veneramos una imagen del Niño Jesús que pude colocar sobre
la estrella que señala el lugar donde nació el divino
Redentor.
La gruta más sagrada del mundo. Allí entonamos en Adeste
fideles que cantamos con inmensa fervor. Besamos la Estrella
y el Pesebre.
Dedicamos un rato a la oración en silencio. Regalé a cada
peregrino un medallón con el Niño Jesús y una reliquia de la
gruta del nacimiento. Visitamos la iglesia de santa Catalina
de Alejandría que custodian los franciscanos y donde se
celebra la Misa del Gallo en la Noche de Navidad.
Luego pateando las calles de Belén nos acercamos a la Gruta
de la Leche. ¡Interesante y curiosa la visita!. Descansamos
y tomamos un refresco en la plaza del Pesebre, la plaza
mayor de Belén.
SEXTO DÍA.
Temprano salimos hacia el Monte de los Olivos. La primera
visita fue al lugar de la Ascensión del Señor al cielo. San
Lucas nos lo cuenta y allí lo escuchamos.
Desde allí contemplamos la Ciudad Santa, una panorámica
estupenda.
Como en una cámara de vídeo les iba explicando los
monumentos, campanarios, mineretes e iglesias. Y no faltó la
foto.
Paseando bajamos al santuario del Dominus Flevit, el Señor
lloró. La iglesia es pequeña, tiene forma de lágrima y
recuerda cuando Cristo lloró al contemplar la ciudad que no
había reconocido el momento de gracia que él venía a traer.
La Misa la celebré en la basílica de la Agonía, llamada
también de las Naciones, pues fue costeada por muchísimas
naciones del mundo.
Panes de Xàtiva en el
lugar de la multiplicación de panes y peces
¡Emocionante! Besamos la piedra de la agonía de Cristo. Y el hermano
Rafael, franciscano amigo y sevillano, nos abrió el Jardín donde se
guardan como preciosas reliquia ocho olivos milenarios, testigos de
la Pasión de Jesús. ¡Cada olivo es un monumento! Fue un regalo que
agradecí al Hermano Rafael. Nos quedaba la Tumba de la Virgen. ¡La
tumba vacía de María! Era domingo y los armenios hacían su entrada
en la iglesia en procesión y cantos propios. Nos encantó aquello.
Luego veneramos el Sepulcro Santo.
Después de comer nos trasladamos al monte Sión cristiano. La abadía
de la Dormición de María, una preciosa basílica alemana que recuerda
el momento en que la Virgen terminó el curso de su vida mortal, se
durmió en el Señor para ser llevada en cuerpo y alma a la gloria. El
ambiente invita a la oración. Luego visitamos el Cenáculo, testigo
de tantos acontecimientos: la Santa Cena, las Apariciones del
Resucitado, Pentecostés.
Allí rezamos muy a gusto y proclamamos la Palabra rememorando estos
hechos tan importantes para nuestra fe. En este Santo Lugar al rezar
mencioné a sacerdotes vinculados a personas del grupo: el padre
Salvador Pérez, D. Vicente Richard y don José Gascón. Y muchos otros
que no dejé escapar en el silencio de la plegaria.
Regresamos a pie visitando el cardo de la Jerusalén de Adriano,
visita interesante. Recorrimos el barrio judío y el barrio musulmán
hasta llegar a la puerta de Damasco, la más bonita de Jerusalén , de
las siete puertas. ¡Siete puertas! y el autobús nos llevó al hotel.
Estábamos rendidos.
SÉPTIMO DÍA.-
Por la mañana visita a la explanada del Templo y al Muro de las
Lamentaciones. Junto a los judíos que llenaban esta especie de
sinagoga a aire libre, rezamos apoyados al Muro. Luego visitamos la
iglesia de santa Ana, donde nació la Virgen María. La Piscina
Probática donde Jesús curó al paralítico.
Allí los Padres Blancos franceses realizan excavaciones y van
descubriendo restos que muestran la veneración del lugar desde los
primeros cristianos. Recordemos que Jerusalén es la ciudad 17 veces
destruida y 18 veces reconstruida.
Puerta de la Basílica
de la Natividad en Belén
Iniciamos la Vía Dolorosa, visitando la iglesia de la Flagelación,
de la Condena, el Lythóstrotos: ¡Ecce Homo! Y el recorrido por las
calles de Jerusalén hasta llegar a la Basílica del santo Sepulcro.
¡La meta de toda peregrinación: ¡El Santo Sepulcro! En este santo
Lugar, el centro del mundo celebré la Misa. Ya anteriormente, a las
6 de la madrugada tuve la dicha de celebrar dentro del Santo
Sepulcro, fue un regalo que me hizo un amigo franciscano. Esa Misa
fue realmente preciosa y emotiva. Me acompañó un pequeño grupo
¡quién quiso! Y disfrutó a la gana.
Lágrimas y oraciones se mezclaron en aquella Eucaristía. La Misa
para todo el grupo la celebré en la capilla del Santísimo. Por la
tarde volvimos y visitamos el Calvario, la Cripta de santa Elena, la
capilla de Adán, e hicimos un recorrido por el interior de la
Basílica.
Orfanato de Belén
Después de cenar nos reservamos el colofón de este viaje: el rezo
del Vía Crucis por las calles de Jerusalén.
Recorrimos las mismas calles que desde el siglo XII recorren los
cristianos de todo el mundo siguiendo los pasos de Jesús. La última
estación a la puerta de la Basílica del Santo Sepulcro. Allí
entregué una Cruz a cada miembro del grupo que espero guarden como
una reliquia y como recuerdo de la Peregrinación.
Y de Tel Aviv a Xàtiva volando el día octavo.