1. LA ORACIÓN
ALIMENTO INDISPENSABLE PARA LA FAMILIA CRISTIANA.
Verdades bíblicas acerca de la comunicación con Dios.
Cuando ora, ¿tiene usted la confianza de que Dios le
contestará, o se siente indigno de la atención de Dios?
¿Son sus oraciones específicas o generales? ¿Es su vida
de oración como una respuesta casual a sus necesidades y
deseos, o es de alimento para su vida en el Señor
Jesucristo? Uno de los pasajes más simples y más
profundos al mismo tiempo acerca de la oración en la
Biblia, lo encontramos en el Sermón del Monte, en Mateo
7:7-11: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis;
llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide,
recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le
abrirá.
¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan,
le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará
una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis
dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro
Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que
le pidan?” La oración no es tan sólo pedir y recibir,
sino que también involucra el agradecer, adorar, y
alabar al Señor y Dios. Existen dos responsabilidades en
la oración – la responsabilidad de Dios y nuestra
responsabilidad. Usted no puede tener lo uno sin lo
otro; la oración es tanto humana como divina.
Fíjese en la intensidad de progresión del Señor en este
pasaje: “pedid…buscad…llamad.” Claramente, Jesús tenía
en mente que debíamos involucrarnos activamente en el
proceso de la oración.
¡La oración no es un deporte de espectador! Cada pedido,
cada deseo de nuestro corazón, y cada necesidad deben
empezar con la oración – pidiendo a Dios permiso,
buscando conocer la voluntad de Él. Porque Jesucristo ha
llegado a nuestra vida y porque Él ahora es nuestra
vida, tenemos el derecho y la autoridad de venir a Él y
hacerle una petición (Efesios 3:11-12, Hebreos 4:16).
Dios siempre está en el proceso de contestar la oración.
Este simple mensaje es el propósito principal de Mateo
7:7-11. Alguien podría preguntar, “¿Significa esto que
cualquiera y todos pueden pedir, buscar, llamar y
encontrar?” No, porque el Sermón del Monte está dirigido
a los seguidores de Cristo. Él está hablando acerca de
sus hijos.
Existe un elemento vital en la oración que la mayoría de
las personas pasan por alto – constancia en la oración.
Tal vez vemos que no sucede nada, pero una demora entre
lo que pedimos y cuando lo recibimos no significa que
Dios no esté contestando nuestras oraciones.
¿Por qué Jesús pone tanto énfasis en la perseverancia?
Porque Él muchas veces demora la respuesta a nuestra
oración, aún si su petición es de hecho, la voluntad de
Dios. ¿Por qué Dios se demora? Si Él ve en nosotros
actitudes de desobediencia, rebelión, amargura, o falta
de perdón, o si Él nota ciertos hábitos no saludables en
nuestra manera de vivir, Dios demora la contestación
para sus hijos.
Tal vez, Él ya la tiene empaquetada y lista para
enviársela, pero no puede ni quiere hacerlo hasta que
usted esté en una posición espiritual para recibirla.
Una segunda razón de la demora de Dios, es porque Él
está en el proceso de probar nuestra sinceridad para
poder construir en nosotros un espíritu sincero. Si
realmente somos sinceros no daremos a conocer nuestra
petición una sola vez, y luego darnos por vencidos si no
recibimos contestación por algún tiempo. Es por eso, que
Él nos dice que oremos, y que sigamos orando, pidiendo,
buscando, y llamando. Persevere. No se dé por vencido.
Resista. Manténgase firme – aún cuando no vea ninguna
evidencia de que Dios vaya a contestar su oración de
petición.
Tercero, a menudo Dios demora la contestación de la
oración para probar su fe. ¿Cómo construye Dios nuestra
fe? Él lo hace al probarnos. ¿Cómo nos prueba Dios? Él
lo hace al retirarse. Al usted y yo empezar a pedir,
buscar y llamar, algo pasa en nuestro caminar con Dios.
Cuando hablamos con Él, estamos construyendo y
alimentando nuestra relación con Él. Estamos llegando a
conocerlo – quién es Él y cómo Él opera. ¿Se da cuenta
de que lo que Dios más quiere darle, una vez que sea un
hijo(a) de Él, es a Él mismo? Él quiere que usted le
conozca.
Una cuarta razón de la demora de Dios, es para
desarrollar en nosotros paciencia al perseverar en
oración hasta que sea el tiempo correcto de Él. El
tiempo de Dios no siempre es nuestro tiempo. Él está
mucho más interesado en que le conozcamos, que en poder
darnos todo lo que nuestro corazón desee tener.
¿Podría usted decir que la oración es una parte vital e
integral de su agenda diaria? No hay forma de que
Jesucristo sea mi vida a menos que yo sea un hombre de
oración. Yo debo estar hablando, compartiendo, y
relacionándome con Él durante todo el día. ¡Él es mi
vida! Mi amigo cristiano, ¿por qué usted se involucra en
tantas cosas que echan a un lado la oración, y empieza a
servir diligentemente al Señor en sus propias fuerzas y
en su propia sabiduría? Una de las razones principales
por las cuales no oramos es porque no estamos dispuestos
a dejar que Dios tome su bisturí y nos abra hasta lo más
profundo de nuestro ser, para allí lidiar con cosas que
no hemos podido superar.
¿Se da cuenta que uno de los hallazgos de oro más
grandes en América fue descubierto a una distancia de
tan solo tres pies de donde previamente se había dejado
de cavar? A menudo los cristianos experimentan este
mismo problema; justo más allá de donde nos damos por
vencidos, justo fuera del alcance de donde desearíamos
ir, está la mejor bendición de Dios.
Ahora si Dios le dice, “Ésta no es mi voluntad,”
Entonces, naturalmente usted debe dejar de orar por
ello. Sin embargo, si usted cree que hay algo en lo que
Dios está trabajando en su vida, o si hay una necesidad
seria y muy sentida, no deje de orar. Dios tiene interés
en contestarle esa oración.
Yo puedo recordar tiempos cuando todo en mí quería
detenerse, y simplemente continuaba orando y clamando a
Dios. Efectivamente, de repente, y sin aviso, el velo se
levantaba; y allí estaba la respuesta, mirándome a la
cara. Si me hubiese dado por vencido el día anterior, yo
habría tomado algunas decisiones necias por mí mismo y
me hubiese perdido de lo que Dios quería darme.
En ningún lado la Biblia dice que la oración es fácil.
Hay luchas y habrá momentos cuando Satanás le ataque
cuando esté de rodillas, acosándole con dudas y enviando
a su mente pensamientos que le distraigan. Una de las
armas más efectivas de Satanás es que usted se sienta
indigno ante Dios. Esto no tiene que ver con la
humildad, sino con un sentimiento enfermizo que Dios ni
siquiera quiere ver en nosotros.
Las Escrituras destruyen este temor al proclamar con
valentía que usted y yo tenemos libertad en Cristo para
acercarnos al mismo trono de Dios en oración.
Cuando usted se acerca al Señor, no sea manso y
avergonzado; ¡más bien arrodíllese ante Él y regocíjese!
Exclame, “¡Señor Jesús, yo adoro tu nombre porque tu
eres mi vida!” Te agradezco que pueda llegar ante ti
confiadamente porque tú me has dicho que busque, pida y
llame. Señor, vengo a ti.
Vengo como tu hijo, con plena confianza que tú escuchas
lo que digo, que tú darás dirección a mi vida y que tú
contestarás mis oraciones.
Te alabo y acepto de ante mano las contestaciones a mis
oraciones ¡Alabado sea Dios, Amén!” No siempre nos
gustan las respuestas que nos da Dios. Él no nos dice
que nos dará cualquier cosa que queramos; más bien; Él
nos promete en Mateo 7:11 que todo lo que nos da es
bueno. ¿De seguro usted no querrá que Dios le dé algo
que le haga daño o que destruya su vida, verdad? Por
esta razón Jesús pone las limitaciones frente a
nosotros; Él nos dice que sólo nos dará lo que es bueno.
No se preocupe de pedir a Dios algo demasiado grande.
Usted no puede pedir a Dios algo tan grande que Él no lo
pueda hacer, si a Él le parece bien hacerlo. Dios se
honra por peticiones extraordinarias, grandiosas,
difíciles e imposibles cuando pedimos, buscamos,
llamamos y confiamos en que nuestro Padre amante siempre
nos contestará para nuestro bien.
Si usted aplica activamente esta simple verdad, Dios
transformará su vida de oración, y ésta a su vez
transformará sus relaciones, su efectividad, su familia,
sus negocios y todos los demás aspectos de su vida.
El privilegio de la oración es una herencia que le
pertenece a todo hijo de Dios, un potencial que está por
encima del entendimiento humano, y un trabajo de la
gracia de Dios que nos ha dado a cada uno de nosotros.
Es mi oración que usted no deje que esta herencia sea
malgastada en su vida. Permítale a Dios que le haga el
hombre, la mujer, o el joven que Él quiere que usted
sea. Aprenda a relacionarse con Él. Alimente su ser
interno en Cristo a través de su vida de oración. Haga
que su vida de oración sea una conversación continua e
íntima con el Señor Jesucristo.
Si pone en acción la oración al Padre cada día,
experimentará la gracia y el poder de Dios en cada
aspecto de su vida. Nutra su espíritu con el poder de la
oración
2. POR QUÉ ENSEÑARLE A SU HIJO A ORAR.
¿Qué ventajas les proporciona a nuestros hijos una vida
de oración regular y constante? ¡Muchas! Las ventajas
fluyen de esa relación con Dios. La Biblia, la Palabra
de Dios, claramente describe varios de esos beneficios,
que van desde una mejor vida interior hasta el
enaltecimiento y la honra.
• Una mejor vida interior Cuando les enseñamos a
nuestros hijos a orar, ellos aprenden en cuanto al gozo
y a la paz que está a su disposición. Ese gozo y esa paz
exceden todo lo que podemos ofrecerles personalmente,
porque Dios, a diferencia de nosotros, siempre está allí
para escucharnos y ayudarnos. Tenemos la promesa de
perfecta paz (Isaías 26:3), el gozo de la presencia de
Dios que echa fuera el temor (Salmo 21:6, 7), y una
razón para tener un corazón alegre (Salmo 105:3).
Dos autores del Nuevo Testamento describen el gozo y la
paz que vienen a través de la oración: Hasta ahora nada
habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para
que vuestro gozo sea cumplido (Juan 16:24, cursivas
añadidas en este texto y en los que siguen, para
propósitos de énfasis).
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras
peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con
acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo
entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros
pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:6, 7,
cursivas añadidas).
• Crecimiento personal Todos los padres desean el
crecimiento personal para sus hijos.
Queremos que nuestros hijos e hijas crezcan en
entendimiento, sabiduría y en la plenitud de Dios.
A través de la oración, nuestros hijos pueden tener ese
crecimiento: Si clamares a la inteligencia, y a la
prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares,
y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el
temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios.
Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el
conocimiento y la inteligencia (Proverbios 2:3-6,
cursivas añadidas).
Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo
conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud
de Dios (Efesios 3:19, cursivas añadidas; ver también
Salmo 119:26 y Jeremías 33:3).
• Fortaleza y valor Tal vez los temores de nuestros
hijos parezcan tontos a veces, pero son reales. Y a
medida que nuestros hijos crecen hasta llegar a ser
adolescentes y adultos, los temores no se van; sólo
cambian en cuanto al tipo. Al darles a nuestros hijos el
recurso de la oración, les proveemos la fortaleza,
incluso el valor, para enfrentar su mundo. Las
Escrituras describen las respuestas que vienen a través
de la oración: Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró
de todos mis temores.
Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no
fueron avergonzados (Salmo 34:4, 5, cursivas añadidas).
El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con
vigor en mi alma (Salmo 138:3, cursivas añadidas; ver
también 1 Crónicas 16:11; Lamentaciones 3:57 y Hechos
4:31).
• Protección y auxilio de daño y mal Muchos problemas
amenazan a nuestros hijos hoy, desde los crímenes
violentos hasta el abuso de las drogas. También está la
amenaza de la influencia del mal. A través de nuestras
oraciones y de las de ellos, vienen la protección y la
liberación del daño: Claman los justos, y Jehová oye, y
los libra de todas sus angustias (Salmo 34:17, cursivas
añadidas; ver también Salmo 22:4 y Mateo 6:13).
• Propósito, guía y dirección para sus vidas Dios desea
que nosotros y nuestros hijos clamemos a Él pidiéndole
Su guía y Su dirección en nuestras vidas. Él tiene un
propósito para cada uno de nosotros, y promete cumplirlo
cuando se lo pedimos: Clamaré al Dios Altísimo, al Dios
que me favorece (Salmo 57:2, cursivas añadidas; ver
también Proverbios 3:4-6 y Santiago 1:5).
• Provisión Nuestros hijos oran a un Padre amoroso, que
tiene tanto el deseo como el poder de concederles todo
lo que ellos necesitan (y a nosotros también). Todo lo
que deben hacer es pedir Su provisión. Como Jesús les
dijo a sus oyentes: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si
su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide
un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros,
siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros
hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos
dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo 7:9-11,
cursivas añadidas).
He aquí dos pasajes del Nuevo Testamento que toman nota
de cómo nuestro Dios de gracia les dará a aquellos que
lo buscan: No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué
comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los
gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre
celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas
cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su
justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mateo
6:31-33, cursivas añadidas).
El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo
entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también
con él todas las cosas? (Romanos 8:32, cursivas
añadidas).
• Se nos conceden nuestros deseos Otro beneficio de la
oración es que Dios nos concede nuestros deseos. A
través de la oración y de una relación cada vez más
profunda aprendemos a deleitarnos en Dios y Él comienza
a concedernos los deseos de nuestro corazón: Deléitate
asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de
tu corazón (Salmo 37:4, cursivas añadidas; ver también
Salmo 21:2 y Proverbios 10:24).
• Ayuda y aliento Nuestros hijos, a través de sus
oraciones, pueden encontrar ayuda y aliento para sus
actividades diarias. Como Padre, Dios escucha, consuela
y derrama gracia sobre nuestros hijos cuando ellos oran
a Él: Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la
gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para
el oportuno socorro (Hebreos 4:16, cursivas añadidas;
ver también Salmo 10:17).
• Enaltecimiento y honra Finalmente, Dios exalta y honra
a aquellos que lo honran a Él: Porque ni de oriente ni
de occidente, ni del desierto viene el enaltecimiento.
Mas Dios es el juez; a éste humilla, y a aquél enaltece
(Salmo 75:6, 7, cursivas añadidas; ver también 1 Samuel
2:7).
Humillaos delante del Señor, y él os exaltará (Santiago
4:10, cursivas añadidas).
Si yo le dijera a usted: “Tengo el secreto que le
ayudará a criar hijos que tengan paz interior, que
siempre estén creciendo personalmente, que sean
valientes, que tengan un carácter firme, que se
mantengan lejos de los problemas y que eviten el mal a
toda costa”, ¿no le gustaría saber ese secreto? Si ese
secreto también les diera a sus hijos un sentido sólido
de dirección y propósito (todo el que necesitan y un
poco más), y que sus amigos y compañeros los honraran y
tuvieran muy buena opinión de ellos, ¿no querría usted
saberlo? El secreto es simple: Enséñeles a orar.
3. DOCE ASESINOS DEL MATRIMONIO Mi consejo a las parejas
jóvenes es simplemente éste: No permitan que la
posibilidad del divorcio entre en sus pensamientos.
Incluso en momentos de gran conflicto y desaliento, el
divorcio no es la solución. Sólo sustituye una nueva
serie de sufrimientos por los que quedan atrás.
Guarden su relación de la erosión como si estuvieran
defendiendo sus propias vidas. Sí, ustedes pueden
lograrlo juntos. No sólo pueden sobrevivir, sino que
pueden mantener su amor vivo si le dan prioridad en su
sistema de valores.
Cualquiera de los siguientes males pueden destruir su
relación si les dan lugar en sus vidas:
1. El exceso de trabajo o compromisos y el agotamiento
físico Cuidado con este peligro. Es especialmente
insidioso en las parejas jóvenes que están tratando de
comenzar en una profesión o todavía están estudiando. No
traten de estudiar, de trabajar a tiempo completo, de
tener un bebé, de manejar a un niño pequeño, de hacer
reparaciones en la casa, y de comenzar un negocio, todo
al mismo tiempo.
Suena ridículo, pero muchas parejas jóvenes hacen
exactamente eso y luego se sorprenden cuando su
matrimonio se viene abajo. ¿Por qué no habría de ser
así? ¡El único momento en que se ven es cuando están
agotados! Es especialmente peligroso cuando el esposo es
el que tiene demasiados compromisos o trabajo, y la
esposa está todo el día en casa con un hijo en edad
preescolar. La profunda soledad de ella da lugar al
descontento y a la depresión, y todos sabemos a dónde
lleva eso. Deben reservar tiempo el uno para el otro si
quieren mantener su amor vivo.
2. Las deudas muy grandes y el conflicto en cuanto a
cómo se gastará el dinero Paguen en efectivo por los
artículos de consumo, o no los compren.
No gasten más de lo que pueden por una casa o por un
automóvil, dejando muy pocos recursos para salir juntos,
para viajes cortos, para personas que cuiden a los
niños, etc. Distribuya sus fondos con la sabiduría de
Salomón.
3. El egoísmo Existen dos tipos de personas en el mundo,
los que dan y los que toman. Un matrimonio entre dos
personas que dan puede ser algo bello. Sin embargo, la
fricción está a la orden del día entre una persona que
da y otra que toma. Pero dos personas que toman pueden
darse zarpazos la una a la otra hasta hacerse trizas
dentro de un período de seis semanas.
En resumen, el egoísmo siempre devastará un matrimonio.
4. La interferencia de los suegros Si el esposo o la
esposa no se ha emancipado totalmente de los padres, lo
mejor es no vivir cerca de ellos. La autonomía es algo
difícil de conceder para algunas madres (y padres), y el
estar muy cerca será causa de problemas.
5. Las expectativas poco realistas Algunas parejas
llegan al matrimonio esperando cabañas cubiertas de
rosas, una vida sin preocupaciones ni responsabilidades
y un gozo ininterrumpido. La consejera Jean Lush cree, y
yo estoy de acuerdo con ella, que esta ilusión romántica
es particularmente característica de las mujeres
norteamericanas que esperan más de sus esposos de lo que
ellos son capaces de dar. La decepción consiguiente es
una trampa emocional.
Pongan sus expectativas en línea con la realidad.
6. Los invasores del espacio No me refiero a
extraterrestres de Marte. Más bien, mi preocupación es
por las personas que violan el espacio para funcionar
que su cónyuge necesita, sofocándolo rápidamente y
destruyendo la atracción entre ellos. Los celos son una
manera en que este fenómeno se manifiesta. Otra es la
baja autoestima, la cual lleva a que el cónyuge inseguro
se inmiscuya en el territorio del otro. El amor debe ser
libre y confiado.
7. El abuso del alcohol y de otras sustancias químicas
Éstos son asesinos, no sólo de los matrimonios, sino
también de las personas. Evítenlos como a la plaga.
8. La pornografía, los juegos de azar y otras adicciones
Debe ser obvio para todos que la personalidad humana
tiene imperfecciones.
Tiene la tendencia a quedar atrapada en comportamientos
destructivos, especialmente cuando se es joven. Durante
una etapa inicial, las personas creen que pueden jugar
con tentaciones tales como la pornografía o los juegos
de azar sin salir dañadas.
De hecho, muchos se alejan casi sin haber sido
afectados. Sin embargo, para algunos existe una
debilidad y una vulnerabilidad que se desconoce hasta
que es demasiado tarde. Entonces se vuelven adictos a
algo que rasga la fibra de la familia.
Tal vez esta advertencia les parezca tonta e incluso
mojigata a mis lectores, pero he hecho un estudio de
veinticinco años de duración sobre personas que
arruinaron sus vidas. Sus problemas a menudo comienzan
con la experimentación con un mal conocido y finalmente
terminan en la muerte física o la muerte del matrimonio.
Las restricciones y los mandamientos de las Escrituras
se han diseñado para protegernos del mal, aunque es algo
difícil de creer cuando somos jóvenes. “La paga del
pecado es muerte” (Romanos 6:23). Si mantenemos nuestras
vidas limpias y no nos permitimos jugar con el mal, las
adicciones que han hecho estragos en la humanidad nunca
nos podrán tocar.
9. La frustración sexual, la soledad, la baja autoestima
y la quimera de la infidelidad ¡Una combinación mortal!
10. El fracaso en los negocios En especial, el fracaso
en los negocios afecta adversamente a los hombres. Su
inquietud por los reveses financieros algunas veces se
muestra en ira dentro de la familia.
11. El éxito en los negocios Es casi tan peligroso tener
mucho éxito en los negocios, como lo es fracasar
rotundamente en ellos.
El autor de Proverbios dijo: “No me des pobreza ni
riquezas; mantenme del pan necesario” (30:8).
12. Casarse demasiado jóvenes Las chicas que se casan
entre los catorce y los diecisiete años de edad tienen
el doble de probabilidades de divorciarse que las que se
casan a los dieciocho y diecinueve años. Las que se
casan entre los dieciocho y los diecinueve años tienen
una vez y media más de probabilidades de divorciarse que
las que se casan entre los veinte y los treinta años.
Las presiones de la adolescencia y las tensiones de los
primeros años de vida matrimonial no hacen un buen dúo.
Terminen lo primero antes de emprender lo segundo.
Éstos son los asesinos del matrimonio que he visto más a
menudo.
Pero, en verdad, la lista es prácticamente interminable.
Todo lo que se necesita para que crezcan las malas
hierbas más fuertes es una pequeña grieta en la vereda.
Si van a vencer la ley de las probabilidades en relación
al divorcio y mantener una unión matrimonial estrecha a
largo plazo, deben emprender la tarea con seriedad. El
orden natural de las cosas los alejará el uno del otro,
no los unirá.
¿Cómo vencerán la ley de las probabilidades? ¿Cómo
formarán una relación sólida que dure hasta que la
muerte los haga emprender el último viaje? ¿Cómo se
incluirán ustedes entre el número cada vez más reducido
de parejas de mayor edad que han cosechado toda una vida
de recuerdos y experiencias felices? Aun después de
cincuenta o sesenta años de casados, todavía se buscan
mutuamente para darse aliento y comprensión.
Sus hijos han crecido dentro de un ambiente estable y
amoroso, y no tienen cicatrices emocionales o recuerdos
amargos que borrar. A sus nietos no se les tiene que
explicar con delicadeza por qué “los abuelos ya no viven
juntos”. Sólo el amor prevalece.
Así es como Dios quería que fuera, y todavía sigue
siendo algo posible que ustedes pueden alcanzar.
Pero no hay tiempo que perder.
Refuercen las riberas del río.
Defiendan el fuerte. Traigan las dragas y hagan más
profundo el lecho del río. Mantengan las poderosas
corrientes en sus propios cauces. Sólo esa medida de
determinación mantendrá el amor con el que comenzaron, y
hay muy poco en la vida que compita con esa prioridad.
 |