Hoy es un día grande para la comunidad
cristiana de Xàtiva que ve a tres de sus más jóvenes hijos en los
altares coronados con la gloria del martirio: José María Blasco, Eduardo
Ripoll y José Amorós.
Son tres jóvenes que aspiraban a ser Misioneros Claretianos, no llegaron
a ser sacerdotes y en plena juventud fueron capaces de dar su vida, así
como suena, dar su sangre por Jesucristo.
Sepulcro del beato José María Blasco
Desde Xàtiva hasta Barbastro se desarrollaron los pocos años de estos
jóvenes de 23 y 24 años, vividos con intensidad, con alegría, fortaleza
y amor, mucho amor hacia la Virgen María con el título del Inmaculado
Corazón.
La vida es preciosa, tiene un inmenso valor. Darla significa que aquello
por lo que se da la vida vale más que esa misma vida. Nuestros mártires
tenían muy claro que por encima de la vida estaba Dios, la Iglesia, el
Evangelio.
Por eso ofrecieron voluntariamente su sangre, su persona, todo lo que
eran antes que renunciar a lo que aspiraban.
Muy bien se les puede aplicar las palabras del Apóstol Pablo: Todo lo
estimo pérdida con tal de ganar a Cristo.
José María, Eduardo y José a los 23 y 24 años se ganaron un buen sitio
en el cielo, pues el mártir es quien mejor testimonio da en medio del
mundo.
Sepulcro del beato José Amorós
Nuestros jóvenes creyeron que morir era una ganancia, y así fue: ganaron
el cielo.
El Beato José María dejó escrito este bello mensaje: “Muero derramando
mi sangre por Jesucristo, en Barbastro.
El martirio es una gracia extraordinaria y requiere especial ayuda de
Dios”. A José María no le faltó la ayuda del cielo para llegar hasta el
final y morir por el Evangelio.
El Beato Eduardo ofreció su vida con gozo y dejó también escrito:”
Señor, perdono de corazón a todos mis enemigos; pido, Señor, que mi
sangre, que sólo por vuestro amor derramaré, lave los pecados de los que
nos van a matar”.
El Beato José, muy poco antes de morir nos dejó este precioso
testimonio: “ Perdono a mis enemigos. Sangre de Mártires, semilla de
cristianos. A los que nos vais a matar os enviamos nuestro perdón”.
El testimonio supremo de estos jóvenes santos de Xàtiva no queremos
olvidarlo. No hay que perder la memoria histórica. Estos tres jóvenes
han de ser para todos, pero especialmente para los jóvenes, un
aldabonazo, un empujón, un toque de atención a vivir la fe con alegría
pero también y sobre todo en coherencia de vida. ¡Cuánto hay que
aprender de estos mártires! Todo un Seminario mártir, 51 Claretianos
derramaron su sangre por Jesucristo. ¡Cuánta sangre inocente, cuánta
sangre preciosa! Queridos familiares de estos tres Mártires José María
Blasco, Eduardo Ripoll y José Amorós. Vivid contentos vuestro compromiso
con Cristo. Tenéis quien os avale. Muchos sois jóvenes: imitad a
vuestros tío, no le olvidéis, rezadle, pedidle que os conceda una fe
inquebrantable, que crezca, se emparre en vuestra joven vida y en cada
momento podáis ofrecer a Jesús de Nazaret lo mejor de ella, como
vuestros familiares mártires.
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Sepulcro del beato Eduardo Ripoll
Qué honor más grande ha otorgado el Señor a
vuestras familias. A boca llena dadle
gracias.
Queridos hermanos y hermanas, disfrutemos de
nuestros mártires, que estén presentes en
nuestras vidas y que intercedan por todos
nosotros. Amén.