Celebramos con inmensa alegría la fiesta de
nuestro santo Patrono. Y lo hacemos siguiendo la tradición de nuestros
antepasados. El 16 de octubre de 1643 los Cabildos eligieron patrono de
Xàtiva a san Félix, aclamado ya por el pueblo doscientos años antes y a
quien se le había dedicado la catedral visigótica.
1. Mucho tenemos que aprender de nuestro santo. Fue diácono y mártir. La
palabra “mártir” significa literalmente “testigo”. El libro de los
Hechos nos presenta al primer mártir cristiano: Esteban; aparece ahí por
primera vez la sangre junto al testimonio. El testimonio de palabra por
confesarse seguidor de Cristo, se ratifica y firma con la propia sangre.
Sant Feliu, Girona
San Félix predicó el Evangelio con fuerza e ilusión y regó esa siembra
con su propia sangre. Palabra y testimonio.
¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad! Cada uno de nosotros muchísimas
veces se deja llevar por la vanidad.
Vanidad incluso trabajando. La misma sociedad nos envuelve en vanidades
pasajeras. El narcisismo a nivel del cuerpo; el afán por poseer cada día
más y más; gozar de fama y aplauso; ¿todo esto para qué sirve? La
escritura lo llama hoy vanidad de vanidades.
San Félix trabajó por el Evangelio.
Dedicó toda su vida a Cristo; su palabra era empleada para extender el
mensaje de salvación. Él sabe que una sola cosa es necesaria: amar a
Dios pasando por el prójimo. Quiere ser consecuente, abandona su país y
marcha para ayudar a otros cristianos que son perseguidos y brutalmente
martirizados. Desde el norte de Africa hasta Gerona, no importa la
distancia, lo importante es llegar al lugar elegido y necesario para
cumplir la misión.
Cuantas veces rezaría el salmo responsorial de hoy: “Señor, tú has sido
nuestro refugio de generación en generación”. El diácono Félix buscó
siempre el refugio en el Señor, si no ¿cómo pudo con la misión
evangelizadora? Sólo en Jesucristo se encuentra la fuerza, el valor, el
coraje para arriesgar la vida de esa manera.
Muy difícil sin la ayuda de Dios, somos muy débiles y bastante cobardes.
Dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros. Revestios de la nueva
condición y renovaos a imagen del Creador.
2. La tarea de todo Apóstol debe pasar por esa renuncia. Lo terreno nos
atrae, nos invade, nos rodea y nos aplasta. Hay que dar muerte a todo lo
que nos pueda apartar del amor de Dios, de nuestra tarea como
cristianos. De lo contrario no podremos avanzar, ni crecer, ni cumplir
la misión encomendada.
Si, pero; si, es que; si, pero después; si, pero no tengo tiempo; si,
pero más tarde ... Lo terreno puede más. ¡Nos puede! Y ¡Nos vence! Por
eso el Apóstol Pablo nos exhorta a revestirnos de la gracia a imagen del
Creador. Solo así podremos vencer y dedicarnos a lo esencial, a lo
sublime, a todo que Dios nos pide en cada momento.
Lo que has acumulado, ¿de quién será? Así será el que amasa riquezas
para sí y no es rico ante Dios.
3. Es rico ante Dios aquel que produce obras según el Evangelio; quien
tiene el corazón noble, bondadoso; quien es generoso ante los demás;
quien toma en serio al otro; aquel que es capaz de amar sin medida;
quien goza con la virtud y arranca el pecado de su vida. Es rico ante
Dios quien busca lo esencial, busca la gracia hasta lograrla; aquel que
ama a Dios sobre todas las cosas; quien ha colocado el listón de la fe
bien alto en su vida y lucha, se esfuerza y se estira por mantenerlo. Es
rico ante Dios, en definitiva, quien lo disfruta en su corazón y gusta
de su presencia.
El joven san Félix fue muy rico ante Dios. Vivió para El y no temió la
vida con tal de ganar la Vida Eterna.
El triple martirio que sufrió Félix fue la prueba de su amor a Cristo.
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Sant Feliu, catedral de Ibiza
Probó su amor hasta el extremo. Fue capaz de derramar su sangre por
Jesucristo, por el Evangelio, por la Iglesia. Aquello del Evangelio: “Id
por todo el mundo y enseñad a todas las gentes”, fue para este joven el
móvil que le llevó a salir de su comodidad, de su tierra y cargarse el
capazo de la semilla y comenzar a sembrar a boleo la Palabra de Dios,
sin mirar los riesgos, sin nostalgias, con generosidad, sin miedo, sin
temer lo que pudiera venir, con valentía y con mucha ilusión. Y el Señor
que es nuestra fuerza y nuestro poder, le colmó de toda su gracia para
realizar con frutos la misión de evangelizar.
No tengamos miedo de anunciar a Cristo en nuestro mundo. También
nosotros como cristianos estamos llamados a ser agentes de la nueva
evangelización. Demos razón de nuestra fe. Allá donde nos encontremos y
según nuestros carismas: prediquemos a Cristo, hagámosle presente con la
palabra y con el testimonio al igual que nuestro Santo. Es una misión
urgente en la que todos estamos comprometidos y no podemos desligarnos
de ella. Somos cristianos y como tales evangelizadores.
La coherencia de san Félix nos estimule y refuerce la nuestra.
No tengamos miedo y no nos avergoncemos de nuestro Señor Jesucristo.
4. San Félix del siglo III y cada uno de nosotros del siglo XXI, ricos
ante Dios por la fe, la esperanza y el amor: salgamos a anunciar que
Jesús es Señor, Xàtiva necesita un enorme empujón evangelizador hay que
rehacer al hombre desde dentro para poder alcanzar una sociedad nueva; y
para eso debemos tomar en serio la evangelización. Palabra y testimonio
como san Félix. Los católicos en Xàtiva no podemos hacer descansillos,
dormirnos en los laureles. Sacerdotes, religiosas y laicos cristianos:
todos a una, trabajar con interés, con esperanza y con ilusión como
anunciadores de Jesucristo único Salvador ayer, hoy y siempre.
San Félix nos ayude y nos bendiga para lanzarnos de lleno y hacer una
sociedad nueva con la energía de Cristo. No hay vuelta de hoja. Ese es
el camino si queremos que el Evangelio sea conocido y Cristo amado.