Triduo Pascual
2005

 

Homilías del Sr. Abad
D. Arturo Climent Bonafé

 

ÍNDICE HOMILÍAS

 

 

 

 

 

 

La Cena del Señor
en el Año de la Eucaristía
Jueves Santo

 

La Santa Cena. Vicente López.
Convento de Santa Clara, Xàtiva

 

       En esta tarde memorable, junto con toda la Iglesia, nos hemos reunido para repetir el gesto repleto de amor, que Jesús realizó en la Última Cena con sus Apóstoles: la Eucaristía.

 

       Estamos viviendo de manera especial el Año de la Eucaristía que culminará en octubre. Un año para fortalecer nuestra doctrina sobre el Sacramento del Altar, para reavivar nuestra fe en la presencia real y viva del Señor en tan admirable sacramento, un año, en fin, para manifestar, si cabe, un amor profundo a Jesucristo hecho pan de vida y salvación del mundo.

 

       Esta tarde hemos sido convocados para revivir el acontecimiento que Jesús realizó en el Cenáculo de Jerusalén. Un acontecimiento muy deseado: “ardientemente he deseado celebrar esta Pascua con vosotros”. Jesús ansiaba celebrar con los suyos la despedida de este mundo. Y así lo hizo. San Juan en el Evangelio que acabamos de proclamar ha vuelto a proponer a nuestra consideración la resistencia de Pedro ante la humillación del Maestro y la enseñanza con la que Jesús comentó su propio gesto:”Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor, os he lavado los píes, también vosotros debéis lavaros los píes unos a otros.

 

       Aquí, ante el banquete pascual, Jesús reafirma la necesidad de servir. El cristiano es aquel que sirve, que se entrega a los demás, que pasa por la vida haciendo el bien: aquel que disfruta más dando que recibiendo.

 

       Y todo arranca del Mandamiento Nuevo. Es el mayor y más importante de los Mandamientos: Amaos unos a otros como yo os he amado. El gesto de Cristo representa esto al natural a los ojos de los Apóstoles. Jesús, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

 

       Todo culmina en la Cena.

 

       Eucaristía significa Acción de Gracias. Y lo hemos querido expresar en el salmo responsorial: ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?. Presentamos sobre el altar la ofrenda del Pan y del Vino como la ofrenda salida de lo más profundo del corazón, como incesante acción de gracias por todo el bien que recibimos del Cielo. El derroche de gracia tras gracia.

 

       La celebración de esta tarde nos lo recuerda con singular elocuencia. La primera lectura rememora el momento de la historia del Pueblo de Dios por el desierto camino hacia la Tierra Prometida. Es el momento en el que Moisés instituye la Pascua judía, el Paso de la esclavitud a la libertad: el precio es la sangre del Cordero.

 

       Aquel cordero de la Antigua Alianza, el Bautista lo aplica a Cristo cuando le señala: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

 

       Estas mismas palabras se hallan colocadas en el centro de cada Misa. Y nos indican que la sangre derramada del Cordero es la revelación plena de la salvación del mundo. La palabras de Juan Bautista se cumplen en el Calvario de Jerusalén: Jesús con su sangre preciosa nos salva, nos redime.

 

       Haced esto en conmemoración mía.

 

       La Eucaristía no recuerda un simple hecho; ¡recuerda a Él! Jesús instituye el sacerdocio. El sacerdote, hombre de Dios para los hombres. El sacerdote entrega su vida al servicio de los hermanos y con su palabra y testimonio va configurándose con Cristo para ser icono de la gracia, cauce de salvación, testigo del amor de Dios en medio de su pueblo.

 

Adoración al Monumento. La Seu de Xàtiva

       El Papa en su Carta del Jueves Santo a los sacerdotes nos dice:” nosotros, sacerdotes, somos los celebrantes, pero también los custodios de este sacrosanto Misterio. De nuestra acción con la Eucaristía se desprende también, en su sentido más exigente, la condición “sagrada” de nuestra vida. Una condición que se ha de reflejar en todo nuestro modo de ser, pero ante todo en el modo de celebrar”.

 

       El sacerdote con su vida debe acercar a los hombres a Jesucristo. En la forma de celebrar la Misa y en la forma de vivirla en la vida. Mucho depende de la santidad del sacerdote.

 

       El Jueves Santo es un buen día para rezar por los sacerdotes y agradecer a Dios el bien que de ellos recibimos.

 

       Abramos nuestros corazones, participemos con fe en este misterio y aclamemos, junto con la Iglesia Universal, convocada en esta tarde: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección: ¡Ven, Señor Jesús!

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Por tu Cruz
nos has salvado, Señor
Viernes Santo

 

 

Querido Jesucristo:

Acabamos de escuchar el relato de tu Pasión contado por Juan, el Apóstol más joven de los Doce.

¡Cuánto amor!

¡Cuánta entrega!

¡Cuánto nos quieres!

 

Quien ama de verdad nunca muere.

 

Siempre me estremece el Viernes Santo: tu Condena, tu Pasión, tu Muerte redentora. Es la prueba más grande de tu amor al hombre. Ya lo dijo Juan de tí: habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

 

¿Hay algún límite para la entrega?

¿Hasta donde se puede llegar en el amor?

Es tu secreto, querido Jesucristo.

 

Cristo de la Palma. La Seu de Xàtiva

Contemplando tu Cruz en esta tarde de dolor y de amor, puedo comprenderte un poco.

La Cruz es el signo de tu amor pero también es el signo de nuestro pecado:

¡He ahí el amor de Cristo!

¡He ahí el pecado del hombre!

 

¡Viernes Santo!

Sólo adoramos a Dios. Hoy adoramos también la Cruz. La Cruz gloriosa, la Cruz resucitada. El Árbol donde estuvo clavada la salvación del mundo. Es una adoración de amor, de admiración y de gratitud.

 

Ante la Cruz, precisamente esta  tarde, no sabemos qué decir, por eso inclinamos la cabeza y rezamos. No sabemos qué hacer ni qué decir.

 

Ya sabes, querido Jesucristo, siempre te estamos pidiendo, pero, lo pienso todos los años: esta tarde no es momento de pedir. Viéndote clavado en la Cruz no nos atrevemos a pedir nada. Tan sólo te contemplamos, te miramos, rezamos.

 

Esta tarde nos dices a todos: ¡Quéjate, si puedes, al pie de la Cruz! Mírame clavado en la Cruz, mírame coronado de espinas, mírame taladrado: se pueden contar todos mis huesos. ¡Quéjate, si puedes, al pie de la Cruz!.

 

Detalle. Cristo de la Palma. La Seu de Xàtiva

Me acerco a tu Cruz, Señor, con ánimo de no separarme nunca de ti, porque como el Centurión te digo esta tarde: Tú eres, querido Jesucristo, el Hijo de Dios. Y como Pedro exclamamos: ¿a dónde iremos sin Ti? Sólo tú tienes palabras de vida eterna.

 

Gracias, querido Jesucristo, por tu Pasión, por tu Sangre preciosa, por tu Muerte redentora y por tu Resurrección gloriosa.

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¡Realmente ha resucitado!
Vigilia Pascual

 

 

       ¡Cristo ha resucitado, Aleluya!

 

       Es el grito que llena nuestro corazón y todo este templo: ¡No está aquí, ha resucitado! Es el hecho más sorprendente de la Historia de la Humanidad: Cristo muerte y sepultado: ha resucitado. Ha salido victorioso del sepulcro y vive para siempre.

 

Resurrección. Juan de Juanes.
Parroquia de la Natividad de Nª Sª.
La Font de la Figuera. Valencia

       Todo nuestra vida cristiana depende de este acontecimiento. Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe y permanecemos todavía en el pecado, pero, ha resucitado: estamos salvados, redimidos, justificados.

 

       La resurrección de Jesucristo es el gran anuncio de esta Noche Santa de Pascua. Es el anuncio que queremos llegue a todos los hombres, es el anuncio de la vida, de la alegría, de la ilusión: es el anuncio del amor de Cristo hacia todos nosotros.

 

       Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo.

 

       Esta Noche nos unimos a toda la Iglesia esparcida por el mundo entero. Nos unimos a la alegría de los Apóstoles, de los Mártires y Confesores de la fe; nos unimos a la alegría de la Virgen María y de los Ángeles del cielo; nos unimos a la alegría de todos los que creemos en Cristo. Es la alegría de aquel que ve a su Dios vivo y desea abrazarlo con los brazos del alma, tocarle, contemplarle, verle con los ojos de una fe seria, viva, arraigada, comprometida. Es, en fin, la alegría  que sentimos esta Noche santa al ver que Cristo ha cumplido su palabra. Sí, ¡Cristo vive para siempre! Es la hermosa verdad que sentimos en nuestra carne en la Pascua de 2005.

 

       Acabamos de recorrer las maravillas que Dios ha realizado en la Historia de la Salvación: creación del mundo, la alianza con Abrahán, el Paso del mar     Rojo, la voz de los Profetas. Pero de todas las obras realizadas por el Padre, la más grande es la resurrección de Jesucristo.

 

       Inmediatamente renovaremos las Promesas del Bautismo. Es un acto serio que pretende desempolvar nuestros compromisos cristianos, nuestra fe y nuestro amor al Señor Jesús y a su Iglesia.

 

       Hermanos y hermanas: la conclusión de esta Semana Santa debe ser muy clara y concisa: practicar lo que creemos. No tengamos miedo. ¡Cristo vive! Sólo en Cristo resucitado encontramos un amor auténtico y la plenitud de la vida. Únicamente en Jesús nuestra vida adquiere pleno sentido y plena realización. Aspiremos a la talla de Cristo. Jesús resucitado es capaz de entusiasmarnos a todos, de llenarnos a tope de todo lo bueno, limpio y sagrado.

 

       En estos días de Pascua vivamos nuestra adhesión a Cristo. ¡No tengamos miedo de manifestarnos como sus amigos! En la sociedad actual hacen falta católicos decididos, valientes, ¡testigos del Dios vivo! El cristiano hoy en día no ha de sentir vergüenza de serlo y de manifestarse como tal, esté donde esté. La Pascua nos da una fuerza irresistible.

 

       La Iglesia del siglo XXI necesita católicos macizos, fuertes, valientes, evangelizadores.

 

       Comuniquemos a los cuatro vientos que Cristo ha resucitado. Es ese el apostolado que hoy se nos pide. Con nuestra alegría, con nuestro comportamiento, con los cincuenta mil gestos que podemos inventarnos decir a todos los hombres:

 

La Seu de Xàtiva

¡Cristo ha resucitado, Aleluya!.

 

Alégrate, Cristo te ama.

Alégrate, Cristo quiere ser tu amigo.

Alégrate, Cristo está a tu lado.

Alégrate, Cristo te colma de gracia.

Alégrate, Cristo vive en tu corazón.

 

Si Cristo no hubiera resucitado, esta Noche, no estaríamos aquí reunidos en su nombre.

 

 

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