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El Cardenal Segura,
sucesor del Arzobispo Reig, acogió muy bien al Capellán Mozárabe, muy
pronto se dio cuenta de las cualidades de don Ricardo Plá, de sus dotes
para la predicación y sobre todo, descubrió su finura espiritual y la
seriedad de su vida interior.
Una tarde iban dos señoras comentando el sermón que acababan
de oír, lo había pronunciado don Ricardo. Hablando de ello, pasan a otra
señora que también venía de la iglesia, y le preguntan: - “¿Oiga, usted
viene del sermón de don Ricardo? Hay que ver cómo predica este
sacerdote, llena las iglesias. Con cuanta espiritualidad predica el
Evangelio y nos acerca a Dios. Y eso que es tan joven. ¿ Le conoce?. La
señora interrogada con los ojos brillantes y con la sonrisa en los
labios exclama: -” Es mi hijo. Yo soy la madre de don Ricardo”. Aquellas
señoras la felicitaron calurosamente por tener un hijo tan bueno, tan
inteligente y predicador.
La predicación de Ricardo era viva, clara y vivencial. Si
Dios quiere deseo publicar algunos de sus sermones divididos por temas.
La hermana de don Ricardo me regaló varias cajas llenas de sus homilías,
apuntes, sermones, pasan de cuatrocientos. Lo considero un verdadero
tesoro.
No hay duda que llegaba a la gente. Se le nota su
preparación intelectual, pero, además el sentido pastoral de sale de sus
palabras. Invita siempre a la oración, al contacto con el Señor, en la
Eucaristía o en el Crucifijo. Ricardo tiene una cosa bien clara y es que
sin la oración y sin la Eucaristía, es imposible vivir la fe en momentos
donde el ateismo, la indiferencia religiosa y las contrariedades van
ganando terreno. Es preciso, es urgente agarrarse a Cristo y con El
luchar y con la esperanza puesta en la Providencia divina, trabajar y
hacer Iglesia.
El Cardenal Gomá, el día 30 de septiembre de 1939, en unas
palabras de elogio fúnebre en el Funeral por los asesinados de la
Diócesis de Toledo, durante la Revolución, dice con respecto a los
predicadores más sobresalientes de la Diócesis: - “Podríamos, amados
hijos, escoger de los mártires que hoy conmemoramos los que más se
destacaron por su fe intrépida mientras vivieron, por su constancia en
la confesión de Jesucristo en medio de las contradicciones de la
impiedad, por su espíritu de apostolado, que les llevó a trabajar
denodadamente en la iluminación del pensamiento de sus hermanos.
Oradores como el Magistral, los Pla y Carrillo, que sembraron a boleo la
palabra de Dios en el territorio de nuestra Diócesis “. - Es elocuente
el testimonio del Cardenal Gomá, a él recurriré en otras ocasiones más
adelante, pues constituyen estas palabras un verdadero Testimonio de
primera mano.
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