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La actividad pastoral de
Ricardo era tal, que apenas tenia tiempo para sí mismo.
Atendía con esmero las peticiones que le hacían, por ejemplo, a la
Parroquia de San Justo iba muchísimas veces y ayudaba al Párroco. Una de
ellas es para inaugurar el curso catequético 1933-34, tiene delante a
las catequistas y quiere aprovechar la ocasión para ensalzar su misión
apostólica y hablarles de su papel dentro de la Iglesia, “a vosotras se
os dice que sois los apóstoles de hoy, seglares que participáis de la
misión confiada a la Iglesia… Tenéis una misión, digamos divina en su
origen, pues hoy se os han dicho a vosotras, señoritas catequistas y
almas consagradas a la labor de formación de la niñez en su aspecto
religioso y cristiano. El Señor hoy os dice ‘Yo os he elegido para que
vayáis a la viña de la formación religiosa y moral de la niñez, de la
que por las circunstancias especiales por que atraviesa nuestra patria
ya no cuidan, ni despierta interés alguno los maestros… ni lo que es
más, los padres, que se muestran indiferentes, cuando no reacios y
enemigos declarados de la formación cristiana de sus hijos. Vosotras ya
sabéis como están las cosas. Es una misión ardua y difícil la vuestra en
estos tiempos. Pero yo os digo: mirad a estos doscientos niños que
tenemos como algo vuestro, como madres y entonces se os hará llevadera
toda carga y suave y delicioso todo sacrificio. Pensad que podéis
llamaros verdaderamente madres espirituales de aquellos a quienes
educáis cristianamente y decir aquello del Apóstol ‘por el Evangelio, yo
os engendré’ (I Corintios 4,15).
El año 1933, Año Santo de la Redención, salió don Ricardo para Roma, y
en Niza, las Religiosas Carmelitas, le pidieron que se quedase allí como
Capellán y no volviera a España, pues las circunstancias eran ya muy
duras y peligrosas para la Iglesia.
En Roma, en el Colegio Español, el señor Rector, que era condiscípulo
suyo y el Mayordomo, don Carmelo Blay, le rogaron y suplicaron que se
quedase con ellos, en el Colegio nada le faltaría. En España las cosas
estaban muy mal y no debería volver. Don Ricardo contestó con estas
palabras: “Vosotros ya sabéis que mi sueño dorado ha sido siempre Roma y
mi querido Colegio, pero en estas circunstancias, mi deber es España y
Toledo, pues, ¿si nosotros desertamos, los demás qué van a hacer? Hay
que predicar y sobre todo dar el ejemplo”. Y sin más comentarios le
respondieron: “Dios te bendiga, Ricardo, y se cumpla en ti su santa
voluntad”.
Recién nombrado primado de España y arzobispo de Toledo, don Isidro Gomá
Tomás, publica un enérgico documento pastoral, titulado Horas graves,
fechado el 12 de junio de 1933. Don Ricardo estudió minuciosamente esta
Carta Pastoral del Cardenal Gomá, subrayó infinidad de líneas y párrafos
que dan a entender la verdad de lo que ya estaba ocurriendo en España y
que desembocaría en la cruenta persecución religiosa. |