Ricardo
Plá Espí,
sacerdote mártir 1936
UNA VIDA EJEMPLAR
Arturo Climent Bonafé
Abad de Xàtiva
8
HACIA ROMA
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Ricardo sabe muy bien compartir el estudio con la oración. A pesar del entusiasmo que le provoca el estudio de la filosofía, dedica mucho tiempo a rezar. Había descubierto el valor de la oración para su vida de seminarista. Lo aprendió en la mejor escuela: su familia. No era solamente estudiante, sino seminarista, no estaba estudiando sólo una carrera, sino que se estaba preparando para el sacerdocio. Acaba primero de filosofía, vienen las vacaciones y marcha a Agullent. Con sus padres aprende humanidad, cariño y bondad, que no son malas lecciones; tan necesarias como las del Seminario, para Ricardo, imprescindibles. De su madre, Concepción, aprenderá la sensibilidad, el candor, la mansedumbre y también la rectitud ante la vida, la fortaleza para afrontar las contrariedades, los problemas y el dolor. De Pepe, su padre, aprenderá a amar la verdad, a ser honrado y justo; fortalecerá su esperanza, vivirá con gusto la pobreza y descubrirá las maravillas de la naturaleza. ¡Estupendas lecciones! Ricardo ama con ternura a sus padres, entre los dos son una mezcla de dinamismo, sencillez, sabiduría, energía y también, ¡cómo no!, un manantial de buena fe, de modestia, de disponibilidad y de alegría. Terminadas las vacaciones de verano hay que volver al Seminario. No va a seguir todo igual. Una nueva aventura se le está preparando. Le han elegido para ir a la Universidad Gregoriana de Roma. ¡Un mimo más de la Providencia de Dios! Estudiar en la Universidad Gregoriana de Roma es una maravillosa ilusión de muchos y a él le ha tocado. Eso supone ir a Roma y estar algunos años sin volver a España, es muy joven, y ¿cuál será la reacción de sus padres? Ricardo envía una postal a casa y comunica lo que ocurre. Unos días después marcha a Agullent, al verle entrar por la puerta, sus padres comienzan a llorar, a lo que Ricardo les dice: “Madre, ¿por qué llora? Todos me dan la enhorabuena y ustedes dos, aquí llorando.” El Rector del Seminario de Valencia, don Rigoberto Domenech, explica a sus padres lo que aquello va a suponer para Ricardo y su formación tanto intelectual como sacerdotal. Es un estupendo regalo que no se debe desaprovechar. Don Rigoberto habla a la madre con estas palabras: “Debería estar muy satisfecha y muy contenta, porque su hijo Ricardo, tiene todos los votos del Seminario a su favor. Y mire, no dudo de que algunos le igualen en talento, pero en piedad y virtudes para el sacerdocio, no”. Así las cosas el Arzobispo don Valeriano Méndez lo manda a la Ciudad Eterna; el 24 de octubre de l9l5 lo tenemos ya en Roma, estudiando en la Gregoriana y residente en el Colegio Español de San José, fundado por mosén Sol. Ricardo tiene ahora l7 años.
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