|
Quiero limitarme a copiar
algún párrafo de la Pastoral del Cardenal Gomá, Primado de Toledo,
respetando sobre todo lo subrayado por el rotulador de don Ricardo: “…Y
nuestro anhelo de paz y gracia es mayor porque estamos en horas de
conturbación gravísima… y no tenemos paz en el aspecto religiososocial.
Que al menos no perdamos esta paz profunda del espíritu, don que hace
Dios a quienes con Él viven unidos.
La revolución no puede arrebatarnos a Dios… sin embargo, ella no sólo ha
expulsado oficialmente a Dios de nuestra patria, declarando que nuestra
sociedad nada tiene que ver con Dios, ni tiene Dios nada que hacer en
ella, sino que su declaración de laicismo legal ha desmontado toda este
armazón secular que era soporte y factor social de la vida cristiana en
nuestra patria: monopolio de la enseñanza, supresión del culto público o
poco menos, denegación de subvenciones a los ministros de Dios,
secularización de la vida y de la muerte, etc.
Sin Dios no hay justicia, ni fidelidad a los pactos, ni escrúpulo en
defraudar lo que se pueda sin incurrir en sanción. Sin Dios no hay
caridad, ni confianza, ni armonía de clases. La familia, el trabajo, el
ahorro, la propiedad, la abnegación y la tenacidad, juntamente con la
paz, son los grandes factores de la propiedad de un pueblo, y todos
ellos descansan en Dios, en su providencia, en su caridad, en sus
premios.
Hoy los tentáculos del poder estatal han llegado a todas partes y han
podido penetrarlo todo, obedeciendo rápidamente al pensamiento único que
le informa de anonadar a la Iglesia, que se ha visto aprisionada en una
red de disposiciones legales, pérfidamente afinadas en la sombra por los
proyectistas, sacadas a luz luego por el peso de una mayoría hostil, y
ejecutadas con frecuencia –testigos cien veces de ello– según el
criterio cerril o cicatero de las autoridades lugareñas.
El cardenal Gomá arremete a la falta de un cristianismo fuerte y vivo,
comprometido. Ataca a la pereza y a la comodidad de la gran mayoría de
los católicos e invita a todos en estas horas graves a vivir la fe en
nuestro Señor Jesucristo de manera profunda y seria, una profunda
convicción religiosa, una piedad fuerte y sobre todo el testimonio
máximo de amor. |