Ricardo Plá Espí,
sacerdote mártir 1936

UNA VIDA EJEMPLAR

 

Arturo Climent Bonafé

Abad de Xàtiva

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INFANCIA

       Ricardo nació el día 12 de diciembre de 1898 a las 6 de la mañana y fue bautizado el mismo día por el Capellán de la ermita de San Vicente Ferrer, don Juan Bellver, siendo cura Párroco de Agullent, don Antonio Fabra.



            Ya estaba la familia formada, ahora había que educar, trabajar esos regalos de Dios. Porque los padres, José y Concepción, recibieron los hijos que Dios les dio, como un precioso regalo del cielo. Así lo entendieron y así lo vivieron, por eso daban gracias al Señor a boca llena. En un ambiente donde lo que más hay es amor, la educación entra por los poros del cuerpo hasta impregnarlo todo, alma, corazón, inteligencia. Había un objetivo: formar una piña bien compacta, maciza y esto lo consiguieron y les duró hasta que la muerte se encargó de destrozarlo. Pero nunca perdieron la fe, la gracia y el amor.



            Ricardo se educó en Agullent, acudía a la Escuela Nacional junto con los niños del pueblo. El maestro era don Enrique Haro, hombre sensible e inteligente, conocedor de la sicología infantil y muy pronto se dio cuenta del talento del niño. Ricardo aprendió rápidamente a leer y a leer bien, igual en las cuentas, en la historia y geografía y otras materias.



            La casa donde nació Ricardo se encontraba justo frente a la Parroquia de San Bartolomé Apóstol y el niño se acostumbró muy pronto a entrar y salir de la iglesia. Por entonces el Párroco era don Juan Miñana, con mucha facilidad se hicieron amigos y el buen cura fichó a Ricardo como monaguillo; y así le vemos vestido con su sonata roja a los cinco años y, por lo tanto, se las veía muy apuradas a la hora de pasar el misal de un lado al otro del altar.



            Y a partir de entonces comenzó a ger­minar una preciosa semilla sembrada por el mismo Dios en el corazón del niño. Las cosas de la vida son así de sencillas, así de misteriosas, el secreto se esconde en Aquel que ve el interior del hombre y lo trasciende, lo cuida y lo prepara. La infancia y la juventud de este niño gozará de muchas bendiciones y todas trabajaran su interior y su personalidad.



            La abuela materna del niño, Vicenta, tenía mucha amistad con la familia de don Enrique Reig y Casanova, había sido niñera del que, años después, llegaría a ser Cardenal Primado de Toledo, que, si no nació en Agullent, sí su madre, él se crió y creció en ese pueblo. La señora Vicenta subía casi todos los días a la ermita para estar algún ratito con don Enrique, que entonces era Auditor de la Rota en Madrid. Llevaba consigo a su nieto Ricardo, el niño se había ganado la simpatía de don Enrique y hasta jugaba con él. Ricardo le estiraba la sotana y le preguntaba por qué vestía de negro y su traje era tan largo. Don Enrique le explicaba que era sacerdote, que se había dedicado a Dios, a la Iglesia y a trabajar por el Evangelio de Jesús y entonces aquel juego se convertía en una verdadera catequesis

 

 

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