|
Ricardo
nació el día 12 de diciembre de 1898 a las 6 de la mañana y fue
bautizado el mismo día por el Capellán de la ermita de San Vicente
Ferrer, don Juan Bellver, siendo cura Párroco de Agullent, don Antonio
Fabra.
Ya estaba la familia formada, ahora había que
educar, trabajar esos regalos de Dios. Porque los padres, José y
Concepción, recibieron los hijos que Dios les dio, como un precioso
regalo del cielo. Así lo entendieron y así lo vivieron, por eso daban
gracias al Señor a boca llena. En un ambiente donde lo que más hay es
amor, la educación entra por los poros del cuerpo hasta impregnarlo
todo, alma, corazón, inteligencia. Había un objetivo: formar una piña
bien compacta, maciza y esto lo consiguieron y les duró hasta que la
muerte se encargó de destrozarlo. Pero nunca perdieron la fe, la gracia
y el amor.
Ricardo se educó en Agullent, acudía a la
Escuela Nacional junto con los niños del pueblo. El maestro era don
Enrique Haro, hombre sensible e inteligente, conocedor de la sicología
infantil y muy pronto se dio cuenta del talento del niño. Ricardo
aprendió rápidamente a leer y a leer bien, igual en las cuentas, en la
historia y geografía y otras materias.
La casa donde nació Ricardo se encontraba
justo frente a la Parroquia de San Bartolomé Apóstol y el niño se
acostumbró muy pronto a entrar y salir de la iglesia. Por entonces el Párroco
era don Juan Miñana, con mucha facilidad se hicieron amigos y el buen
cura fichó a Ricardo como monaguillo; y así le vemos vestido con su
sonata roja a los cinco años y, por lo tanto, se las veía muy apuradas
a la hora de pasar el misal de un lado al otro del altar.
Y a partir de entonces comenzó a germinar
una preciosa semilla sembrada por el mismo Dios en el corazón del niño.
Las cosas de la vida son así de sencillas, así de misteriosas, el
secreto se esconde en Aquel que ve el interior del hombre y lo
trasciende, lo cuida y lo prepara. La infancia y la juventud de este niño
gozará de muchas bendiciones y todas trabajaran su interior y su
personalidad.
La abuela materna del niño, Vicenta, tenía
mucha amistad con la familia de don Enrique Reig y Casanova, había sido
niñera del que, años después, llegaría a ser Cardenal Primado de
Toledo, que, si no nació en Agullent, sí su madre, él se crió y
creció en ese pueblo. La señora Vicenta subía casi todos los días a
la ermita para estar algún ratito con don Enrique, que entonces era
Auditor de la Rota en Madrid. Llevaba consigo a su nieto Ricardo, el niño
se había ganado la simpatía de don Enrique y hasta jugaba con él.
Ricardo le estiraba la sotana y le preguntaba por qué vestía de negro
y su traje era tan largo. Don Enrique le explicaba que era sacerdote,
que se había dedicado a Dios, a la Iglesia y a trabajar por el
Evangelio de Jesús y entonces aquel juego se convertía en una
verdadera catequesis
|