Ricardo Plá Espí,
sacerdote mártir 1936

UNA VIDA EJEMPLAR

 

Arturo Climent Bonafé

Abad de Xàtiva

19

La República

 

    Al proclamarse la república don Ricardo Plá no frenó su actividad, es más, aumentó su trabajo apostólico, nunca tuvo miedo ni por lo tanto lo manifestó; tenía bien claro cual era su misión como sacerdote y en cuerpo y alma se dedicó a ella.

Fue a predicar a Villafranca de los Caballeros, allí ya se le conocía pues no era la primera vez que predicaba en la Parroquia, incluso se le quedó una misión popular ya preparada para octubre de 1936, a la que tenían que ir, él y don Juan Carrillo, que no se pudo realizar.

La Parroquia, como muchas de nuestros pueblos, estaba enmarcada por la plaza Mayor, pero también en la misma plaza se encontraba situado el centro del Comité del Partido Comunista. Ya el señor cura le había advertido del asunto y que no pasara por allí, pues temía que le insultaran o le hicieran alguna mala pasada. A lo que Ricardo contestó: “No sufra, señor cura, cuando paso por allí, les saludo y ellos me contestan”.

Como buen misionero, cuando subía al púlpito, le gustaba mucho mirar, pasear su mirada por todo el templo, quería saber a quién tenía delante. Se percató que al final de la iglesia la puerta estaba entreabierta y por allí se asomaban algunos del Comité, parece ser que deseaban escuchar el sermón. Y Ricardo predicó. Al segundo día les vio sentados en el último banco y estuvieron todo el sermón sin moverse. Y al tercer día, al pasar de nuevo por la plaza, el presidente del Comité quiso acompañarlo hasta la casa abadía y le pidió hablar con él después de la celebración, la que, por supuesto, no se perdió.

¿Qué ocurrió con tan sólo unos días? Los caminos del Señor son inescrutables, su gracia no para de actuar y se filtra por todos los poros. Éste es el resultado de los días de predicación: “Deseo recibir el sacramento de la Confirmación, y le pido que sea usted quien me prepare; no se puede imaginar el bien que me han hecho sus sermones”.

Aquello agradó tanto a Ricardo que dio gracias a Dios por esos días de predicación en Villafranca de los Caballeros. No se pierde nada, lo importante es sembrar y sembrar a capazo lleno, a boleo, sin cansarse, sin desmayo, convencido. Don Ricardo era así, buen sembrador y su semilla daba fruto abundante.

 

 

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