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Ricardo deja el Colegio Español el 25 de julio
de 1922 para venirse a España.
Llega a Valencia el 31 de julio, allí le esperan sus padres y su
hermana. Le colman de besos; es la felicitación deseada; le preguntan,
le hablan, le miran y contemplan. Ya es sacerdote.
El Arzobispo Reig le está esperando. Aquellos dos corazones se
estrechan, el Arzobispo mira a Ricardo hecho un verdadero cura, se
siente feliz, satisfecho, muy lleno, como si fuera su padre.
Y ahora a recibir un precioso regalo que Ricardo les trae: celebrar su
primera misa sólo para ellos y en un rincón encantador, a los pies de la
Virgen de los Desamparados, Patrona de Valencia, y allí en el camerín,
ofrece a Dios Padre la Acción de gracias por el Don tan grande del
sacerdocio. Aquella Misa fue realmente emotiva, nos lo podemos imaginar.
Sus padres no pueden contener las lágrimas; comulgan a Cristo en el Pan
consagrado por su hijo Ricardo. Pepe no cabe dentro de sí ¡qué contento
está! y no digamos Concepción, que, como la Virgen María, tiene tantas
cosas guardadas en el corazón, y durante esa Misa las ha ido saboreando.
Al final de la Misa le besaron las manos ¡manos consagradas! y le
abrazan con calor. De nuevo los cuatro bien entrelazados, como la piña.
Se quedan unos días en Valencia. Ricardo con el Arzobispo ¡tienen mucho
que contarse! El 14 de agosto llega Ricardo a Agullent, y al día
siguiente, fiesta de la Asunción de la Virgen, “Canta Misa” para todo el
pueblo. Una hermosa fiesta de fe y de cariño vive la Parroquia de San
Bartolomé Apóstol, que se vistió de gala. Agullent sabe hacer muy bien
las cosas, cuando dice ¡vamos allá! no hay nadie que le pueda parar. Y
eso lo mostró en la Primera Misa de uno de sus más queridos hijos. Y
ante el retablo barroco y la imagen impresionante de San Bartolomé,
Ricardo entona el Te Deum en acción de gracias y sigue la celebración de
la Santa Misa. Todo el pueblo está presente, pero sobre todo la familia
entera, que sentía un cariño extraordinario hacia Ricardo, no podía
faltar en acontecimiento tan importante.
Ricardo disfruta como todo misacantano al celebrar su primera misa en el
pueblo que le vio nacer, aquello es una gozada. Todos los agullentinos
le felicitan, le besan las manos, le abrazan y le regalan alguna que
otra frase de felicitación y enhorabuena. También a sus padres y
hermana. Toda la familia da gracias a Dios porque les ha concedido un
sacerdote y eso para esta familia es lo mejor con que Dios les haya
podido halagar.
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