Ricardo
Plá Espí,
sacerdote mártir 1936
UNA VIDA EJEMPLAR
Arturo Climent Bonafé
Abad de Xàtiva
5
RICARDO QUIERE SER CURA
2ª Parte
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Un día subió Ricardo a la ermita, quería hablar con su amigo don Enrique, iba muy pensativo y su corazón latía más aprisa de lo normal y no era precisamente por la subida de la ermita. El asunto que llevaba entre manos era de gran importancia. La decisión que deseaba tomar era muy valiente a su edad, por eso estaba bastante preocupado y necesitaba el consejo de su amigo mayor. Además, don Enrique le había enseñado que los hombres han de ser fuertes, valientes y decididos. Con estos pensamientos llega a la plaza de la ermita. Ricardo quiere entrar antes en la ermita y rezar ante la Sagrada Tabla de San Vicente Ferrer. Se arrodilla y pide al misionero valenciano, le conceda audacia, mucha fe y la gracia de Dios para no volverse atrás y ser cristiano en serio, como le habían enseñado sus padres y don Enrique. Luego, ya contento y sin nervios, busca a su amigo. Ahora Ricardo tiene 9 años y con ellos se embarca en una fascinante aventura que ya no abandonará jamás y de la cual nunca se arrepentirá. Es muy importante tenerlo en cuenta para conocer muy bien el talante y la profunda religiosidad de don Ricardo y sobre todo el compromiso en la vocación y trabajo sacerdotal. - “Don Enrique, yo quiero ser sacerdote, como usted ”. Así de claro, así de valiente, así de radical. A don Enrique le gustó el arranque del niño y le acepta la propuesta, pero le dice: - “¿Tus padres lo saben?” - “No, pero voy ahora a decírselo . He querido que lo supiera usted primero”. El futuro Cardenal Reig no cabía dentro de sí, ¡qué contento estaba! Abrazó al niño y le animó para que enseguida lo dijese en casa. Ricardo no dudó, marchó corriendo al pueblo, iba brincando, cantando, feliz. Al llegar a casa coge a su padre de la mano y delante de su madre y hermana, a bocajarro dice: - “Padre, quiero ser cura”. El bueno de José se le quedó mirando con los ojos humedecidos y brillantes, casi a punto de llorar y le contesta con palabras propias de un hombre de fe robusta y seria: - “¿ Sabes que el cura no es dueño de sí mismo, de su persona y de su vida, que se debe a los demás?, ¿no te asusta esa forma de vivir?”. Ricardo, como un hombrecillo contesta: - “No me asusta nada de eso, padre”. Encontró oposición en algunos de los familiares que no querían que se fuera al seminario ni menos que fuera sacerdote, hasta que José tuvo que pronunciarse ante todos y decir: - “Si se va y no le gusta y vuelve, vuelve a su casa. Y si va y le gusta, volverá siendo cura. El que manda del niño soy yo y me siento muy contento con la decisión que ha tomado Ricardo; y si Dios quiere, mi hijo será cura, no seré yo quien se lo impida.”
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