Ricardo Plá Espí,
sacerdote mártir 1936

UNA VIDA EJEMPLAR

 

Arturo Climent Bonafé

Abad de Xàtiva

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Revolución de Asturias

 

    La última vez que don Ricardo estuvo en Agullent, su pueblo, fue por la Navidad de 1935, incluso predicó la Hora Santa de Fin de Año, un Retiro a las Monjas Capuchinas y aprovechó para hablar con sus amigos y familiares.

¿Presentía algo? Lo más seguro que sí. María Ferri, vecina y amiga de la madre de Ricardo, cuando después de la fiesta de Reyes se despedían, Ricardo, sus padres y hermana, dijo: “Bueno, hasta el verano”.

Ricardo le contestó: “A lo mejor nos vemos en el cielo”. María Ferri, con toda su gracia le replicó: “¡Mira éste qué dice!” Y estas palabras de don Ricardo todavía hoy se recuerdan en Agullent. Don Ricardo sabía que las cosas iban muy mal y que no había otra solución que el martirio, dar la vida por la salvación de la Iglesia, lo predicaba, lo vivía y estaba dispuesto a realizarlo en carne propia. Así aparece también en la despedida que tuvo con don José Reig, cura de Benifayó, quién le preguntó: “¿Hasta cuando, Ricardet?”, y éste muy convencido de lo que pasaba dijo: “Señor cura, hasta el cielo”.

La ley electoral que había permitido en 1931 la victoria de las izquierdas sirvió para que en diciembre de 1933 ganasen las derechas. Fueron las primeras elecciones políticas celebradas después de las Cortes Constituyentes. Como había ocurrido dos años antes, el resultado de las urnas no respondía al panorama político de la nación.

Los escaños en el Parlamento estaban mal repartidos. Las cosas funcionaron mal y así se llegó a febrero de 1936, con una victoria del Frente Popular, que quizás se podía haber evitado si el Gobierno de centroderecha hubiese reformado la ley electoral.

Por lo menos, las consecuencias de dichas elecciones no hubieran sido tan graves para la nación, así lo expresa don Vicente Carcel Ortí en su libro ya citado.

Durante el bienio moderado, la oposición socialista intentó una auténtica revolución, programada para toda España, tuvo éxito solamente en Asturias, porque en Cataluña no llegó a triunfar. Lo de Asturias fue muy grave. Un auténtico ataque organizado contra la Iglesia: 58 iglesias fueron destruidas y 34 sacerdotes asesinados. Y aquí no valen cuentos de los que ahora nos dicen algunos medios de comunicación, no bastan tampoco explicaciones simplistas y antihistóricas de que las matanzas eclesiásticas obedecieron a una represalia bélica por las muertes ocurridas en la zona de Franco. Nótese que estamos en octubre de 1934 y no en julio de 1936. Léanse las fuentes informativas que narran los sucesos de Asturias, datan de 1934 y 1935, no hay clima de cruzada. Hay una clara persecución a la Iglesia.

 

 

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