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La última vez que don
Ricardo estuvo en Agullent, su pueblo, fue por la Navidad de 1935,
incluso predicó la Hora Santa de Fin de Año, un Retiro a las Monjas
Capuchinas y aprovechó para hablar con sus amigos y familiares.
¿Presentía algo? Lo más seguro que sí. María Ferri, vecina y amiga de la
madre de Ricardo, cuando después de la fiesta de Reyes se despedían,
Ricardo, sus padres y hermana, dijo: “Bueno, hasta el verano”.
Ricardo le contestó: “A lo mejor nos vemos en el cielo”. María Ferri,
con toda su gracia le replicó: “¡Mira éste qué dice!” Y estas palabras
de don Ricardo todavía hoy se recuerdan en Agullent. Don Ricardo sabía
que las cosas iban muy mal y que no había otra solución que el martirio,
dar la vida por la salvación de la Iglesia, lo predicaba, lo vivía y
estaba dispuesto a realizarlo en carne propia. Así aparece también en la
despedida que tuvo con don José Reig, cura de Benifayó, quién le
preguntó: “¿Hasta cuando, Ricardet?”, y éste muy convencido de lo que
pasaba dijo: “Señor cura, hasta el cielo”.
La ley electoral que había permitido en 1931 la victoria de las
izquierdas sirvió para que en diciembre de 1933 ganasen las derechas.
Fueron las primeras elecciones políticas celebradas después de las
Cortes Constituyentes. Como había ocurrido dos años antes, el resultado
de las urnas no respondía al panorama político de la nación.
Los escaños en el Parlamento estaban mal repartidos. Las cosas
funcionaron mal y así se llegó a febrero de 1936, con una victoria del
Frente Popular, que quizás se podía haber evitado si el Gobierno de
centroderecha hubiese reformado la ley electoral.
Por lo menos, las consecuencias de dichas elecciones no hubieran sido
tan graves para la nación, así lo expresa don Vicente Carcel Ortí en su
libro ya citado.
Durante el bienio moderado, la oposición socialista intentó una
auténtica revolución, programada para toda España, tuvo éxito solamente
en Asturias, porque en Cataluña no llegó a triunfar. Lo de Asturias fue
muy grave. Un auténtico ataque organizado contra la Iglesia: 58 iglesias
fueron destruidas y 34 sacerdotes asesinados. Y aquí no valen cuentos de
los que ahora nos dicen algunos medios de comunicación, no bastan
tampoco explicaciones simplistas y antihistóricas de que las matanzas
eclesiásticas obedecieron a una represalia bélica por las muertes
ocurridas en la zona de Franco. Nótese que estamos en octubre de 1934 y
no en julio de 1936. Léanse las fuentes informativas que narran los
sucesos de Asturias, datan de 1934 y 1935, no hay clima de cruzada. Hay
una clara persecución a la Iglesia. |