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Viviendo con el Cardenal
Reig hizo algún que otro sermón, sobre todo en Agullent, pero su trabajo
era atender al Cardenal y actuar como Secretario y Mayordomo. Predica en
su pueblo a la Purísima el 8 de diciembre de 1923 y al año siguiente en
el Colegio de la Pureza de María, pero este apostolado comienza
propiamente con la muerte de don Enrique Reig. Sus padres y hermana
Consuelo, se trasladan definitivamente a Toledo y viven todos juntos en
la casa situada en el Callejón del Vicario número 3.
Encontramos un importante sermón titulado “SERMÓN DE LA
SAMARITANA “, predicado en el convento de San Pablo, en el segundo
viernes de marzo de 1928, es preciso entresacar algún párrafo porque de
aquí arranca el ministerio de la Palabra que envolverá plenamente la
vida sacerdotal de don Ricardo.
- Espacioso y dilatado campo de enseñanzas saludables y
eficadísimas para nuestro espiritual provecho es el que se nos descubre
a través de las palabras encantadoras con que nos refiere el evangelio
de hoy, que lo es de San Juan, en su capítulo cuarto, aquella
conmovedora escena desarrollada en las cercanías de Sicar, entre nuestro
Divino Salvador Jesús y la mujer Samaritana, junto al pozo de Jacob. (…)
Lo primero que se nos ofrece considerar y en virtud de estas palabras de
Nuestro Señor Divino Salvador, es la diferencia inmensa que existe entre
la vida mundana y la vida del espíritu, representadas una y otra
respectivamente en el agua contenida en el pozo de Jacob, en el
manantial perenne de vida eterna que es representada en Jesucristo y su
doctrina.
El agua estancada, cenagosa y muerta de los pozos y
cisternas se opone al agua viva de las fuentes o manantiales; a la vida
de pecado se opone la vida de gracia; a los placeres mundanos, de suyo
vanos y caducos, se oponen los espirituales, perdurables y eternos, que
son los que se prometen al alma justa y querida de Dios por una
eternidad sin fin. (…) Todos gustan gozar de delicias; todos van a
buscar la felicidad, preciado tesoro del humano corazón; pero no todos
llegan a gozar de sus halagos y encantos. Y es que obcecado y engañado
fácilmente el hombre por las apariencias de la felicidad y del bien,
buscados con afán allí donde realmente no existen, o si existen, no son
tales que lleguen a colmar plenamente sus deseos y ansias. Porque unos
buscan en los libros, sin reparar que no existe la felicidad en acumular
mucha ciencia, sino en que ésta sea buena; hácenlos consistir otros en
la gloria y el honor mundanos, y después de mucho trabajar y desvelarse
en su prosecución hallan no haberse llenado el vacío de su corazón;
quienes en acumular riquezas que vienen a servir más bien de tormento y
deshazón para el espíritu; quienes finalmente, y son los más en los
goces y placeres de la carne, que lejos de fortalecer el corazón, lo
estragan y debilitan.
No, mis amados en el Señor, no busquemos en esto nuestra
felicidad, ni la hagamos consistir en lo que el mundo nos puede ofrecer.
Podemos abrigar la firme convicción y confesarlo paladinamente que la
felicidad plena y perfecta tiene su asiento en el cielo, porque es Dios
mismo. Y las criaturas nos la podrán suministrar en cuanto las
utilicemos como medios que a Dios nos acerquen y conduzcan. Es Dios
quién llenará el alma bienaventurada con su divina luz y la anegará en
un mar insondable de amor y de ventura. Dios Nuestro Señor sólo es quién
da a gozar al alma justa durante su peregrinación en este mundo de
tránsito , de esos divinos y eternos goces, verdadero y preciadísimo don
de Dios para el alma escogida.
Después de leer estas líneas nos podemos hacer ya la
idea de la forma de predicar don Ricardo y aquí nos hemos dado perfecta
cuenta de la carga espiritual que le echa al sermón de la Samaritana,
tan profundo y tan vivo y que realmente invita a la conversión, al
cambio de vida, a la restauración espiritual de la persona cristiana.
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