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QUERIDOS PADRES: YA SOY
CURA
El verano se ha esfumado, apenas si lo ha podido saborear, ¡han sido
tantas cosas hermosas ! Pero como todo lo bueno, las vacaciones se han
terminado pronto y hay que volver a Roma. Le quedan dos años para ser
sacerdote. Durante estos años recibirá las Ordenes Mayores. El 30 de
octubre de 1921 es ordenado de Subdiácono y el 17 de diciembre de
Diácono; y eso llena más que suficientemente todo este tiempo.
De la personalidad de Ricardo Plá podemos muy bien afirmar que sobresale
unidad de palabra y mente, sinceridad en la conducta, rectitud de
comportamiento, veracidad en el lenguaje que emplea, que no es más que
espejo de su interior. De verdad que el interior de Ricardo fascina,
encanta, sorprende.
Ya se le ha dicho el día de la ordenación sacerdotal, está que no cabe
dentro de su piel. Contento, feliz. Lo comunica a su familia y eso sí le
duele, Roma queda muy lejos de Agullent y el viaje es caro. No van a
poder asistir a su ordenación, no tendrá a los suyos allí presentes. Sin
embargo, Ricardo acepta esta prueba y la sabe aprovechar. El 19 de
marzo, fiesta de San José y en la Capilla del Colegio será la
celebración; la presidirá un español, un gran Cardenal, Merry del Val.
Ya está todo preparado, los ejercicios espirituales hechos, su interior
a punto. Ser sacerdote, recibir la ordenación, es un paso muy fuerte
para quien lo quiere tomar en serio y Ricardo es uno de ellos, él no se
va por las ramas. Sabe muy bien que aquel paso que dará ante la Iglesia
es para siempre y supone consagrarse de por vida a Dios. Será siempre de
Dios y para Dios. Este joven de 23 años lo sabe muy bien, lo ha meditado
y reflexionado y ha tenido buenos maestros, en Agullent y en Roma,
además, ha aprendido muy bien la lección desde el primer día. Así las
cosas, el diácono Ricardo está dispuesto a realizar aquello, que siendo
un niño mostró a don Enrique Reig en la ermita de Agullent: - “Quiero
ser cura”. Ricardo lo saboreará gustosamente. Ahora, en este 19 de marzo
de 1922 se cumple. La primera misa la celebra sobre la Tumba de san
Pedro. Ricardo está contentísimo. Dios ha derrochado su gracia sobre su
corazón y a boca llena le da gracias. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien
que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación invocando su nombre.
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