Ricardo Plá Espí,
sacerdote mártir 1936

UNA VIDA EJEMPLAR

 

Arturo Climent Bonafé

Abad de Xàtiva

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Funeral del Cardenal
Reig

 

       Ricardo organiza los funerales del Cardenal Reig junto con el Cabildo y compone personalmente la inscripción que se colocará sobre el sepulcro preparado en la capilla de la Virgen del Sagrario de la catedral primada. Tengo el gozo de conservar los distintos borradores que hizo y el texto definitivo, en latín. Ricardo quiere resaltar el gesto de la triple coronación de las imágenes de la Virgen María en las diócesis que rigió: Barcelona - Virgen de la Merced; Valencia - Virgen de los Desamparados; Toledo - Virgen del Sagrario. Pues ahora Ella te corone a tí en el cielo.

            Al morir el Cardenal, don Ricardo se queda en Toledo, Diócesis en la que estaba incardinado desde que llegó con el Sr. Arzobispo. Conserva la Capellanía Mozárabe, es profesor del Seminario y Consiliario de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas; se encarga de la preparación espiritual de las Visitas Pastorales del Cardenal Segura; es nombrado Director de los Jueves Eucarísticos; y ayuda a la Parroquia de los Santos Justo y Pastor, ya que el Párroco es muy anciano.

            Ricardo siempre quiso ser cura de pueblo, sin embargo, nunca llegó a serlo, la obediencia la tuvo siempre bien clara y decidida.

            En junio de 1925, en la Universidad Pontificia de San Ildefonso de Toledo, había terminado los estudios y obtenido el Doctorado en Derecho Canónico. Ahora, a partir del fallecimiento del Sr. Cardenal, el 25 de agosto de 1927, libre también del trabajo y preocupaciones que conllevaban sus cargos cerca del Eminentísimo Prelado, se dedica intensamente al ministerio de la Palabra de Dios; se convierte en un auténtico y eficaz trabajador del Evangelio. Sus sermones son bien claros, profundos, repletos de teología adaptada al entender de los fieles, a la vez que con una hermosa carga pastoral. Don Ricardo es un excelente pastor de la Iglesia.

            Todo su saber y toda su inteligencia, lo puso al servicio de la Iglesia, del Evangelio, de la fe que profesaba e iba transmitiendo a todos.

            El mismo año de la muerte del Cardenal, Ricardo predica el sermón en la fi esta del Milagro, en Agullent, el 4 de septiembre y ante la Sagrada Tabla de San Vicente, tan llena de recuerdos para él y para todo agullentino, el Capellán mozárabe de Toledo, deja hablar al corazón: “En lo más profundo de nuestro corazón existe pesar por la muerte inesperada de aquel insigne Cardenal Reig, que había llegado a vincular de tal suerte su nombre por su manera de obrar y coincidir en todo tiempo y sazón al de este pueblo por él adorado, que habrán llegado a convertirse en una misma cosa, de suerte que quien pronunciaba el nombre de Agullent, evocaba ya inconscientemente el de aquella figura eminestísima, y el que repetía el nombre del Cardenal, no podía menos de recordar este pueblo venturoso y ennoblecido.

            El Cardenal Reig era para todos el Cardenal de Agullent”.

            No se sabe de donde sacaba el tiempo para trabajar tanto, estudiar, preparar esquemas, comprometerse con tantas y tantas cosas y empresas apostólicas: novenas, triduos, misiones populares, las clases del Seminario, las horas de confesionario y la oración personal, porque nada podía restarle a su oración, que era diaria, larga y muy seria.

            Él mismo decía que la oración era su alimento y su fuerza principal. Sólo de esa manera se puede entender la eficacia del trabajo pastoral de don Ricardo Plá Espí.
 

 

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