Caminem Junts Nº106. TU CRUZ ADORAMOS, SEÑOR. VI centenario de la erección de la Iglesia Colegial Basílica de Santa María de Xàtiva
El abad

Permítanme que abra mi corazón y reflexione en voz alta sobre lo que significa para nosotros la imagen de Jesús crucificado: la Santa Cruz en este Año Santo Jubilar que estamos celebrado.

Tanto amó Dios al mundo, que envió a su único Hijo para salvarlo. Así lo expresa el evangelista san Juan en el diálogo que sostiene Jesús con Nicodemo. Cristo ama al mundo, a los hombres, a cada uno de nosotros y es entregado por el Padre para salvarlo.

Jesús de Nazaret es el Redentor del hombre, es Aquel que ha penetrado de modo único e irrepetible en el misterio del hombre y ha entrado en su corazón y le ha hablado como amigo, le ha revelado sus secretos, su bondad, su misericordia. Cristo ama hasta el extremo a todo hombre; todo el misterio de Jesús es manifestación de amor y entrega hacia el hombre.

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Al entregarse por amor, él se ha convertido en nuestra reconciliación ante el Padre; él ha remendado nuestra ofensa a Dios, ha destrozado nuestro pecado, ha pagado la factura del pecado – como bellamente canta el Pregón Pascual -.

La Santa Cruz es la prueba del amor de Jesús hacia todos nosotros y al mismo tiempo el signo exterior del perdón que Dios nos ha concedido por medio de la Cruz. La Cruz es salvación, es Redención, es Vida, es Gracia. Por eso la liturgia del Viernes Santo la aclama y la adora: ¡Salve, Oh Cruz, esperanza única! Y esta noche tenemos la oportunidad, yo diría el honor religioso de poder besar esta sagrada imagen.

Al contemplar la Santa Cruz pensamos que el amor es más grande que el pecado. San Pablo lo predica lleno de alegría cuando dice: donde hubo pecado sobreabunda la gracia. Y el Apóstol San Pedro escribe en una de sus cartas: hemos sido comprados a precio de sangre de Dios.

La redención operada en la Cruz ha devuelto al hombre la dignidad y el sentido de su existencia que había perdido con el pecado. El pecado nos aparta de Dios, nos hunde en las tinieblas y daña la dignidad humana. El pecado, afirma Santo Tomás, es ruina para quien lo comete y gran ofensa para Dios.

Cristo Redentor sale al encuentro del hombre de toda época, también de la nuestra. él mismo aparece como Aquel que trae al hombre la libertad basada en la verdad; él libera al hombre de lo que limita, disminuye y destruye.

¡Cuanto pido a Jesucristo para que todos los hombres, jóvenes y adultos, puedan
encontrarle y recibirle con amor en su corazón! Y al encontrarlo puedan recorrer
juntos el camino y entonces poder repetir con el salmista: Aunque camine por ca-
ñadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo. El Señor es mi Pastor nada me
falta.

Este encuentro con Jesús si es verdadero, necesariamente produce una especie de
transformación en nuestro interior, fruto de nuestra identificación con Cristo. Es lo
que yo rezo y espero como fruto del Año Santo Jubilar: que todos se encuentren
con Jesucristo.