Patrimonio

Aquí pondremos los artículos sobre el patrimonio artístico de la colegiata basílica de Sta.María

El Vía Crucis es recordar con amor y agradecimiento lo mucho que Jesús sufrió para salvarnos del pecado. Te animarás a cargar con las pequeñas cruces de cada día, si recuerdas con frecuencia las estaciones o pasos de Jesús hasta su muerte en la Cruz.

Aquí les presentamos un vía crucis basado en los relieves de nuestra querida colegiata Basílica de Santa María de Xàtiva. Estos relieves los pueden encontrar ustedes en cada una de las columnas centrales de la Colegiata. Pueden admirarlas desde aquí o desde la visita virtual. También hemos preparado una visita virtual para que puedan acceder a la exposición "La Luz de las Imágenes" tal y como se montó en Xàtiva en 2007.


PRIMERA ESTACIÓN

Jesús sentenciado a muerte

SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús es cargado con la cruz

TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae la primera vez debajo de la cruz

CUARTA ESTACIÓN
Jesús encuentra a su afligida madre

QUINTA ESTACIÓN
Simón ayuda a Jesús a llevar la cruz
.

SEXTA ESTACIÓN
La Verónica limpia el rostro de Jesús

SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae la segunda vez con la cruz

OCTAVA ESTACIÓN
Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús

NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez con la cruz

DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras
.

UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz

DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz

DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz

DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús colocado en el sepulcro
.




PRIMERA ESTACIÓN
Jesús sentenciado a muerte


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo Jesús, después de haber sido azotado y coronado de espinos, fue injustamente sentenciado por Pilato a morir crucificado.

(Aquí se hace una pequeña pausa para considerar brevemente el misterio, y lo mismo en las demás estaciones.)

ADORADO Jesús mío: mis pecados fueron más bien que Pilato, los que os sentenciaron a muerte. Por los méritos de este doloroso paso, os suplico me asistáis en el camino que va recorriendo mi alma para la eternidad. Os amo, ¡ oh Jesús mío más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mi como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.


[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
La sentencia de Pilato fue dictada bajo la presión de los sacerdotes y de la multitud. La condena a muerte por crucifixión debería de haber satisfecho sus pasiones y ser respuesta al grito: «!crucifícale! !crucifícale! » (Mc 15, 13-14, etc.),. El pretor romano pensó que podría eludir el dictar sentencia lavándose las manos, como se había desentendido antes de las palabras de Cristo cuando éste identificó su reino con la verdad, con el testimonio de la verdad (Jn 18, 38). En uno y otro caso Pilato buscaba conservar la independencia, mante­nerse en cierto modo al «margen». Pero era sólo en apariencias. La cruz a la que fue condenado Jesús de Nazaret (Jn 18,36-37), debía afectar profunda­mente el alma del pretor Romano. Esta fue y es una Realeza, frente a la cual no se puede permanecer indiferente o mantenerse al margen.

El hecho de que a Jesús, hijo de Dios, se le pregunte por su reino, y que por esto sea juzgado por el hombre y condenado a muerte, constituye el principio del testimonio final de Dios que tanto amó al mundo (cf. Jn 3,16).
También nosotros nos encontramos ante este testimonio, y sabemos que no nos es lícito lavarnos las manos.




SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús es cargado con la cruz


V. Te adoramos, Cristo. y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo Jesús, andando este camino con la cruz a cuestas, iba pensando en ti y ofreciendo a su Padre por tu salvación la muerte que iba a padecer.

AMABILÍSIMO Jesús mío: abrazo todas las tribulaciones que me tenéis destinadas hasta la muerte, y os ruego, por los méritos de la pena que sufristeis llevando vuestra Cruz, me deis fuerza para llevar la mía con perfecta paciencia y resignación. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
Empieza la ejecución, es decir, el cumplimiento de la sentencia. Cristo, condenado a muerte, debe cargar con la cruz como los otros condenados que van a sufrir la misma pena: «Fue contado entre los pecadores» (Is 53,12). Cristo se acerca a la cruz con el cuerpo entero terriblemente magullado y desgarrado, con la sangre que le baña el rostro, cayéndole de la cabeza coronada de espi­nas. Ecce homo! (Jn 19,5). En el se encierra toda la verdad del hijo del hombre predicha por los profetas, la verdad sobre el siervo de Yavé anunciada por Is­aías: «Fue traspasado por nuestras iniquidades... y en sus llagas hemos sido curados» (Is 53,5). Está también presente en el una cierta consecuencia, que nos deja asombrados, de lo que el hombre ha hecho con su Dios. Dice Pilato: «Ecce Homo» (Jn 19,5): «!Mirad lo que habéis hecho de este hombre!». En esta afirmación parece oírse otra voz, como queriendo decir: «!Mirad lo que ha­béis hecho en este hombre con vuestro Dios!».

Resulta conmovedora la semejanza, la interferencia de esta voz que escucha­mos a través de la historia con lo que nos llega mediante el conocimiento de la fe. Ecce homo!

Jesús, «el llamado Mesías» (Mt 27, 17), carga la cruz sobre sus espaldas (Jn 19,17). Ha empezado la ejecución.




TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae la primera vez debajo de la cruz


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera esta primera caída de Jesús debajo de la Cruz. Sus carnes estaban despedazadas por los azotes; su cabeza coronada de espinas, y había ya derramado mucha sangre, por lo cual estaba tan débil, que apenas podía caminar; llevaba al mismo tiempo aquel enorme peso sobre sus hombros y los soldados le empujaban; de modo que muchas veces desfalleció y cayó en este camino.

AMADO Jesús mío: más que el peso de la Cruz, son mis pecados los que os hacen sufrir tantas penas. Por los méritos de esta primera caída, libradme de incurrir en pecado mortal. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mio !, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
Jesús cae bajo la cruz. Cae al suelo. no recurre a sus fuerzas sobrehumanas, no recurre al poder de los ángeles. «¿Crees que no puedo rogar a mi Padre, quien pondría a mi disposición al punto más de doce legiones de ángeles?»(Mt 26,53). No lo pide. Habiendo aceptado el cáliz de manos del Padre (Mc 14,36, etc.), quiere beberlo hasta el final. Esto es lo que quiere. Y por esto no piensa en ninguna fuerza sobrehumana, aunque al instante podría disponer de ellas. Pueden sentirse dolorosamente sorprendidos los que le habían visto cuando dominaba a las humanas dolencias, a las mutilaciones, a las enferme­dades, a la muerte misma. ¿Y ahora? ¿Esta negado todo esto? Y, sin em­bargo, «nosotros esperábamos», dirán unos días después los discípulos de Emaús (Lc 24,21). «Si eres hijo de Dios...» (Mt 27,40), le provocaran todos los miembro del sanedrín. «A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse» (Mc 15, 31; Mt 27,42), gritará la gente.
Y él acepta estas frases de provocación, que parecen anular todo el sentido de su misión, de los sermones pronunciados, de los milagros realizados. Acepta todas estas palabras, decide no oponerse. Quiere ser ultrajado. quiere vacilar. Quiere caer bajo la cruz. Quiere. Es fiel hasta el final, hasta los mínimos deta­lles, a esa afirmación: «No se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú» (cf. Mc 14,36 etc.).
Dios salvará a la humanidad con las caídas de Cristo bajo la cruz.




CUARTA ESTACIÓN
Jesús encuentra a su afligida madre



V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.


[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera el encuentro del Hijo con su Madre en este camino. Se miraron mutuamente Jesús y Maria, y sus miradas fueran otras tantas flechas que traspasaron sus amantes corazones.


AMANTÍSIMO Jesús mío: por la pena que experimentasteis en este encuentro, concededme la gracia de ser verdadero devoto de vuestra Santísima Madre. Y Vos, mi afligida Reina, que fuisteis abrumada de dolor, alcanzadme con vuestra intercesión una continua y amorosa memoria de la Pasión de vuestro Hijo. Os amo, ¡Oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
La Madre María se encuentra con su hijo en el camino de la cruz. La cruz de El es su cruz, la humillación de él es la suya, suyo el oprobio público de Jesús. Es el orden humano de las cosas. Así deben sentirlo los que la rodean y lo capta su corazón: «...y una espada atravesará tu alma» (Lc 2,35). Palabras pronun­ciadas cuando Jesús tenía cuarenta días se cumplen en este momento. Al­canza ahora su plenitud total. Y María avanza, traspasada por esta invisible espada, hacia el calvario de su hijo, hacia su propio calvario. La devoción cris­tiana la ve con esta espada clavada en su corazón, y así la representa en pinturas y esculturas. !Madre Dolorosa!«!Oh tú que has padecido junto con El!», repiten los fieles, íntimamente convencidos de que así justa­mente debe expresarse el misterio de este sufrimiento. Aunque este dolor le pertenezca y le afecte en lo más profundo en su maternidad, sin embargo, la verdad plena de este sufrimiento se expresa con la palabra «com-pasión». También ella pertenece al mismo misterio: expresa en cierto modo la unidad con el sufrimiento del Hijo.




QUINTA ESTACIÓN
Simón ayuda a Jesús a llevar la cruz




V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.


[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo los judíos, al ver que Jesús iba desfalleciendo cada vez más, temieron que se les muriese en el camino y, como deseaban verle morir de la muerte infame de Cruz, obligaron a Simón el Cirineo a que le ayudase a llevar aquel pesado madero.


DULCÍSIMO Jesús mío: no quiero rehusar la Cruz, como lo hizo el Cirineo, antes bien la acepto y la abrazo; acepto en particular la muerte que tengáis destinada para mí, con todas las penas que la han de acompañar, la uno a la vuestra, y os la ofrezco. Vos habéis querido morir por. mi amor, yo quiero morir por el vuestro y por daros gusto; ayudadme con vuestra gracia. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío! más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
Simón de Cirene, llamado a cargar con la cruz (cf. Mc 15,21; Lc 23, 26), no la quería llevar ciertamente. Hubo que obligarle. Caminaba junto a Cristo bajo el mismo peso. Le prestaba sus hombros cuando los del condenado parecían no poder aguantar más. Estaba cerca de él: más cerca que María o que Juan, a quien, a pesar de ser varón, no se le pide que le ayude. Le han llamado a él, a Simón de Cirene padre de Alejandro y de Rufo, como refiere el evangelio de Marcos (Mc 15,21). le han llamado, le han obligado.
¿Cuánto duro esta coacción? ¿cuánto tiempo camino a su lado, dando mues­tras de que no tenía nada que ver con el condenado, con su culpa, con su con­dena? ¿cuánto tiempo anduvo así, dividido interiormente, con una barrera de indiferencia entre él y es hombre que sufría? «estaba desnudo, tuve sed, es­taba preso»(cf. Mt 25,35.36), llevaba la cruz...¿la llevaste conmigo?...¿la has llevado conmigo verdaderamente hasta el final? No se sabe. San Marcos re­fiere solamente el nombre de los hijos del Cireneo y la tradición sostiene que pertenecían a la comunidad de cristianos allegada a san Pedro (cf. Rom 16,13).



SEXTA ESTACIÓN
La Verónica limpia el rostro de Jesús


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo la devoto mujer Verónica, al ver a Jesús tan fatigado y con el rostro bañado en sudar y sangre, le ofreció un lienzo. y limpiándose con él nuestra Señor, quedó impreso en éste su santa imagen.

AMADO Jesús mío: en otro tiempo vuestro rostro era hermosisímo; mas en este doloroso viaje, las heridas y la sangre han cambiado en fealdad su hermosura. ¡ Ah Señor mío, también mi alma quedó hermosa a vuestros ojos cuando recibí la gracia del bautismo, mas yo la he desfigurado después con mis pecados. Vos sólo, ¡ oh Redentor mío!, podéis restituirle su belleza pasada: hacedlo por los méritos de vuestra Pasión. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
La tradición nos habla de la Verónica. Quizá ella completa la historia del Cire­neo. Porque lo cierto es que -aunque, como mujer, no carga físicamente la cruz y no se la obliga a ello- llevó sin duda está cruz con Jesús: la llevó como podía, como en aquel momento era posible hacerlo y como le dictaba su corazón: lim­piándole el rostro.

Este detalle, referido por la tradición, parece fácil de explicar: en el lienzo con el que secó su rostro han quedado impresos los rasgos de Cristo. Puesto que estaba cubierto todo él cubierto de sudor y sangre, muy bien podía dejar seña­les y perfiles.
Pero el sentido de este hecho puede ser interpretado también de otro modo, si se considera a la luz del sermón escatológico de Cristo. Son muchos los que indudablemente preguntaran: «Señor cuando hemos hecho todo esto?» Y Je­sús responderá: cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos me­nores, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40). El salvador, en afecto, imprime su ima­gen sobre todo acto de caridad, como sobre el lienzo de la Verónica.




SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae la segunda vez con la cruz


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera la segunda caída de Jesús debajo de la Cruz, en la cual se le renueva el dolor de las heridas de su cabeza y de todo su cuerpo al afligido Señor.

OH pacientísimo. Jesús mio. Vos tantas veces me habéis perdonado, y yo he vuelto a caer y a ofenderos. Ayudadme, por los méritos de esta nueva caída, a perseverar en vuestra gracia hasta la muerte. Haced que en todas las tentaciones que me asalten, siempre y prontamente me encomiende a Vos. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío! más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
«Yo soy un gusano, no un hombre; el oprobio de los hombres y el desecho del pueblo» (sal 22 [21],7): las palabras del salmista-profeta encuentra su plena realización en estas estrechas, arduas callejuelas de Jerusalén, durante las úl­timas horas que preceden a la pascua. Ya se sabe que estas horas, antes de la fiesta, son extenuantes y las calles están llenas de gente. En este contexto se verifican las palabras del salmista, aunque nadie piense en ellas. No se detienen en ellas ciertamente todos cuantos dan pruebas de desprecio, para los cuales este Jesús de Nazaret que cae por segunda vez bajo la cruz se ha he­cho objeto de escarnio.

Y El lo quiere, quiere que se cumpla la profecía. Cae, pues, exhausto por el esfuerzo. Cae por voluntad del Padre, voluntad expresada asimismo en las palabras del profeta. Cae por propia voluntad, porque «¿cómo se cumplirían, si no, las escrituras?» (Mt 26,54):«Soy un gusano y no un hombre» (Sal 22 [21], 7); por tanto ni siquiera «Ecce Homo» (Jn 19,5); menos aún, peor todavía.

El gusano se arrastra pegado a tierra; el hombre en cambio, como rey de las criaturas, camina sobre ella. El gusano carcome la madera: como el gusano, el remordimiento del pecado roe la conciencia del hombre. Remordimiento por esta segunda caída.






OCTAVA ESTACIÓN
Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo algunas piadosas mujeres, viendo a Jesús en tan lastimosa estado, que iba derramando sangre por el camino, lloraban de compasión; mas Jesús les dijo: no lloréis por mí, sino por vosotras mismas y por vuestras hijos.

AFLIGIDO Jesús mío: lloro las ofensas que os he hecho, por los castigos que me han merecido, pero mucho más por el disgusto que os he dado a Vos, que tan ardientemente me habéis amado. No es tanto el Infierno, como vuestro amor, el que me hace llorar mis pecados. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
Es la llamada al arrepentimiento, al verdadero arrepentimiento, a pesar, del mal cometido. Jesús dice a las hijas de Jerusalén que lloran su vista: «No lloréis por mí; llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos» (Lc 23,28). No podemos quedarnos en la superficie del mal hay que llegar a su raíz, a las causas, a la más honda verdad de la conciencia.

Esto es justamente lo que lo que quiere darnos a entender Jesús cargado con la cruz, que desde siempre «conocía lo que en el hombre había» (Jn 2,25) y siempre lo conoce. Por esto El debe ser en todo momento el más cercano tes­tigo de nuestros actos y de los juicios que sobre ellos hacemos en nuestra con­ciencia. Quizá nos haga incluso que estos juicios deben ser en todo momento ponderados, razonables, objetivos -dice:«No lloréis»-; pero al mismo tiempo, ligados a todo cuanto esta verdad contiene: no los advierte porque El es que lleva la cruz.

Señor, ¡dame saber vivir y andar en la verdad!




NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez con la cruz


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera la tercera caída de Jesucristo. Extremada era su debilidad y excesiva la crueldad de los verdugos, que querían hacerle apresurar el paso, cuando apenas le quedaba aliento para moverse.

ATORMENTADO Jesús mío: por los méritos de la debilidad que quisisteis padecer en vuestro camino al Calvario, dadme la fortaleza necesaria para vencer los respetos humanos y todos mis desordenados y perversos apetitos, que me han hecho despreciar vuestra amistad. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
«Se humilló, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil 1,8 ). Cada estación de esta Vía es una piedra miliar de esa obediencia y de ese anonadamiento.

Captamos el grado de este anonadamiento cuando leemos las palabras del profeta: «Todos nosotros andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su camino, y Yavé cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros» (Is 53,6).
Comprendemos el grado de este anonadamiento cuando vemos que Jesús cae una vez más, la tercera, bajo la cruz. Cuando pensamos en quién es el que cae, quién yace entre el polvo del camino bao la cruz, a los pies de gente hostil que no le ahorra humillaciones y ultrajes...

¿Quién es el que cae? ¿Quién es Jesucristo? «Quién, existiendo en forma de Dios, no reputó como botín codiciable ser igual a Dios, antes se anonadó, to­mando la forma de siervo y haciéndose semejante a los hombres; y en la con­dición de hombre se humilló, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz»(Fil 2,6-8).




DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo al ser despojado Jesús de sus vestiduras por los verdugos, estando la túnica interior pegada a las carnes desolladas por los azotes, le arrancaran también con ella la piel de su sagrado cuerpo. Compadece a tu Señor y dile:

INOCENTE Jesús mío: por los méritos del dolor que entonces sufristeis, ayudadme a desnudarme de todos los afectos a las cosas terrenas, para, que pueda yo poner todo mi amor en Vos, que tan digno sois de ser amado. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
Cuando Jesús despojado de sus vestidos, se encuentra ya en el Gólgota (cf. Mc 15,24, etc.), nuestros pensamientos se dirigen hacia su Madre: vuelven ha­cia atrás, al origen de este cuerpo que ya ahora, antes de la crucifixión, es todo él una llaga (cf. Is 52,14). El misterio de la encarnación: El Hijo de Dios toma cuerpo en el seno de la virgen (cf. Mt 1,23; Lc 1,26-38). El Hijo de Dios habla al Padre con las palabras del salmista: «No te complaces tú en el sacrificio y la ofrenda..., pero me has preparado un cuerpo» (Sal 40 [39], 8.7; Heb 10,7). El cuerpo del hombre expresa su alma. «Entonces dije: '¡Heme aquí que vengo!'...para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad»(sal 40[39],9; Heb 10,7). «Yo hago siempre lo que es de su agrado» (Jn 8,29). Este cuerpo desnudo cumple la voluntad del Hijo y del Padre en cada llaga, en cada estremecimiento de dolor, en cada músculo desgarrado, en cada reguero de sangre que corre, en todo el cansancio de sus brazos, en los cardenales de cuello y espaldas en el terrible dolor de las sienes. Este cuerpo cumple la voluntad del Padre cuando es des­pojado de sus vestidos y tratado como objeto de suplicio, cuando encierra en sí el inmerso dolor de la humanidad profanada.

El cuerpo del hombre es profanado de varias maneras.

En esta estación debemos pensar en la Madre de Cristo, porque bajo su cora­zón, en sus ojos, entre sus manos el cuerpo del Hijo de Dios ha recibido una adoración plena.




UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mun
do.

[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo Jesús, tendido sobre la Cruz, alarga sus pies y manos y ofrece al Eterno Padre el sacrificio de su vida por nuestra salvación; le enclavan aquellos bárbaros verdugos y después levantan la Cruz en alto, dejándole morir de dolor, sobre aquel patíbulo infame.

OH despreciado Jesús mío. Clavad mi corazón a vuestros pies para que quede siempre ahí amándoos y no os deje más. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido: no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez: haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc
.


[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
«Han taladrado mis manos y mis pies y puedo contar todos mis huesos» (Sal 22 [21], 17-18). «Puedo contar...»: ¡qué palabras proféticas! sabemos que este cuerpo es un rescate. Un gran rescate es todo este cuerpo: las manos, los pies y cada hueso. Todo el hombre en máxima tensión: esqueleto, músculos, sis­tema nervioso, cada órgano, cada célula todo en máxima tensión.«Yo, si fuere levantado de la tierra atraeré todos a mi» (Jn 12,32). Palabras que expresan la plena realidad de la crucifixión entra todo el mundo que Jesús quiere atraer a Sí(cf. Jn 12,32). El mundo está sometido a la gravitación del cuerpo, que tiende por inercia hacia lo bajo.

Precisamente en esta gravitación estriba la pasión del crucificado. «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba»(Jn 8, 23). Sus palabras desde la cruz son; «Padre perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).





DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz



V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.


[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo Jesús, después de tres horas de agonía, consumido de dolores y exhausto de fuerzas su cuerpo, inclina la cabeza y expía en la Cruz.

OH difunto Jesús mío. Beso enternecido esa Cruz en que por mí habéis muerto. Yo, por mis pecados, tenía merecida una mala muerte, mas la vuestra es mi esperanza. Ea, pues. Señor, por los méritos de vuestra santísima muerte, concededme la gracia de morir abrazado a vuestros pies y consumido por vuestro amor. En vuestras manos encomiendo mi alma. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
Jesús clavado en la cruz, inmovilizado en esta terrible posición, invoca al Padre (c.f. Mc 15,34; Mt 27,46; Lc 23,46). Todas las invocaciones atestiguan que el es uno con el Padre.«Yo y el Padre somos una misma cosa»(Jn 14,9); «Mi Padre sigue obrando todavía, y por eso oro yo también» (Jn 5,17).
He aquí el más alto, el más sublime obrar del Hijo en unión con el Padre. Sí: en unión, en la más profunda unión, justamente cuando grita: Eloí, Eloí, lama sa­bactani?: «Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado?» (Mc 15,34; Mt 27,46). Este obrar se expresa con la verticalidad del cuerpo que pende del ma­dero perpendicular de la cruz, con la horizontalidad de los brazos extendidos a lo largo del madero transversal. El hombre que mira estos brazos puede pensar que con el esfuerzo abrazan al hombre y al mundo.
Abrazan.
He aquí el hombre. He aquí a Dios mismo. «En El... vivimos y nos movemos y existimos» (Act 17,28). En El: en estos brazos extendidos a lo largo del madero transversal de la cruz.





DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz



V. Te adoramos. Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.


[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo, habiendo expirado ya el Señor, le bajaron de la Cruz dos de sus discípulos. José y Nicodemo, y le depositaran en los brazos de su afligida Madre, María, que le recibió con ternura y le estrechó contra su pecho traspasado de dolor.

OH Madre afligida. Por el amor de este Hijo, admitidme por vuestro siervo y rogadle por mí. Y Vos, Redentor mío, ya que habéis querido morir por mí, recibidme en el número de los que os aman más de veras, pues yo no quiero amar nada fuera de Vos. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
En el momento en que el cuerpo de Jesús es bajado de la cruz y puesto en brazos de la Madre, vuelve a nuestra mente el momento en que María acogió el saludo del ángel Gabriel: «concebirás en tu seno y darás a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús... Y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre... y su Reino no tendrá fin» (Lc 1,31-33). María sólo dijo: «hágase en mi según tu palabra» (Lc 1,38), como si desde el principio hubiera querido ex­presar cuanto estaba viviendo en este momento.
En el misterio de la redención se entrelazan la gracia, esto es, el don de Dios mismo, y el «pago» del corazón humano. En este misterio somos enriquecidos por un Don de lo alto (Sant 1,17)y al mismo tiempo somos comprados con el rescate del hijo de Dios (cf. 1 Cor 6,20; 7,23; Act 20,28). Y María, que fue más enriquecida que nadie con estos dones, es también la que paga más. Con su corazón.
A este misterio está unida la maravillosa promesa realizada por Simeón cuando la presentación de Jesús en el templo: «Una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones»
También esto se cumple. ¡Cuántos corazones humanos se abren ante el cora­zón de esta Madre que tanto ha pagado!
Y Jesús está de nuevo todo él en sus brazos, como lo estaba en el portal de Belén (cf. Lc 2,16), durante la huida a Egipto (cf. Lc 2,14),en Nazaret (cf. Lc 2,39-40). La piedad.




DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús colocado en el sepulcro

 


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo los discípulos llevaron a enterrar o Jesús, acompañándole también su Santísima Madre, que le depositó en el sepulcro con sus propias manos. Después cerraron la puerta del sepulcro y se retiraron.

OH Jesús mío sepultado. Beso esa losa que os encierra. Vos resucitasteis después de tres días; por vuestra resurrección os pido y os suplico me hagáis resucitar glorioso en el día del juicio final para estar eterna-mente con Vos en la Gloria, amándoos y bendiciéndoos. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mio!, más que a mí mismo, me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
Desde el momento en que el hombre, a causa de pecado, se alejó del árbol de la vida (cf. Gen 3), la tierra se convirtió en un cementerio. Tantos sepulcros como hombres. Un gran planeta de tumbas.


En las cercanías del calvario había una tumba que pertenecía a José de Ari­matea (cf. Mt 27,60). En este sepulcro, con el consentimiento de José, deposi­taron el cuerpo de Jesús una vez bajado de la cruz (cf. Mc 15,42-46, etc.). Lo depositaron apresuradamente, para que la ceremonia acabara antes de la fiesta de Pascua (cf. Jn 19,31), que empezaba en el crepúsculo.
Entre todas las tumbas esparcidas por los continentes de nuestro planeta, hay una en la que el Hijo de Dios, el hombre Jesucristo, ha vencido a la muerte con la muerte. O mors! ero mors tua!: «Muerte, ¡yo seré tu muerte!»(1.ª antif. Laudes del Sábado Santo). El árbol de la vida , del que el hombre fue alejado por su pecado, se ha revelado nuevamente a los hombres en el cuerpo de Cristo. «Si alguno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo» (Jn 6,51).


Aunque se multipliquen siempre las tumbas en nuestro planeta, aunque crezca el cementerio en el que el hombre surgido del polvo retorna al polvo (cf. Gen 3,19), todos los hombres que contemplan el sepulcro de Jesucristo viven la es­peranza de Resurrección.



















El Campanario

Fotos: Antonio Marzal, Gustavo Mollá y Javier Borrás

Se coloca la primera piedra el 2 de julio de 1796 y se termina en 1877. Intervienen en la obra Francisco Cuenca y su hijo fray Vicente Cuenca, y les sigue José Zacarías Camaña. Mide 60 metros de altura: elegante, monumental, con cuatro cuerpos superpuestos. Se remata con un templete que cobija a la imagen de la Virgen de la Seo.

Se puede visitar hoy hasta el cuerpo de las campanas, subiendo los 180 escalones, y desde allí admirar la estupenda panorámica de la ciudad y su comarca.

El Campanario. En primer término la escultura "Raíces", de Inmaculada Abarca

El Campanario, desde la Plaça de la Seu

El Campanario, desde la Plaça de la Seu

El Campanario, desde la Plaça del Mercat



Interior del campanario, visto desde la parte inferior

Primeras vistas

La cúpula

 


 

La ermita de Sant Josep y el castillo

Parte superior de la fachada principal

Vista hacia abajo

 


 

Llegamos al cuerpo de las campanas

La campana Jesús
Año 1752, diámetro 139 cm, peso 1555 kg

La campana José
Año 1960, diámetro 118 cm, peso 951 kg

La campana Tiple
Año 1791, diámetro 86 cm, peso 368 kg

La campana María
Año 1923, refundida en 1998, diámetro 155 cm, peso 2156 kg

 


 

La ermita de Sant Josep y el castillo

Vista de la ciudad

La sierra Vernisa a la derecha

La sierra de Santa Ana, al fondo

La cúpula

 


 

La sierra del Puig

Seguimos subiendo

 


 

Vista parcial

La ermita de Sant Josep y el castillo

Antiguo hospital, en la Plaça de la Seu

Detalle.
Fachada gótico renacentista de los siglos XV y XVI

 


 

La sierra de Santa Ana, al fondo

La sierra Vernisa, al fondo

Vértice de la fachada principal

 


 

La sierra del Puig

La ermita de Sant Josep y el castillo a la derecha
La ermita de Sant Josep a la izquierda, la iglesia de Sant Feliu a la derecha y el castillo al fondo

Al fondo, el Calvario Alto

 


 

La sierra del Puig

Las campanas de carrilló

Vista parcial de Xàtiva

Campana de las Horas
Año 1665, diámetro 165 cm, peso 1765 kg

Campana de las Horas
Campana de las Horas

Las campanas de carrilló, en los relojes

 


 

Vista parcial del campanario

La ermita de Sant Josep y el castillo

Escalera de acceso

Las campanas de carrilló

Vértice de la fachada principal

Las campanas de carrilló

 


 

La Mare de Deu de la Seu en el templete del campanario

Vista final desde el templete

Detalle del ángel a los pies de la Virgen

Desde el templete

Vista parcial del casco antiguo

 


 

Desde los relojes

La Mare de Deu de la Seu en el templete del campanario
Desde el templete del campanario

La Muralla de Levante

La ermita de Sant Josep

La ermita de Sant Josep y el castillo

El Calvario Alto

 


 

La iglesia de Sant Feliu, antigua catedral visigótica. Recostruida en el s.XIII
La ermita de Sant Josep a la izquierda, la iglesia de Sant Feliu a la derecha y el castillo al fondo

Detalle del templete

Detalle del templete

 


 

La estatua del Papa Alejandro VI

Vista parcial de Xàtiva

Vista parcial de Xàtiva con el antiguo hospital en primer término

Vista parcial de Xàtiva, con la sierra Vernisa a la izquierda

 

 

 

 

 

 

Guía de la Colegiata de Santa María

 

 


 

Introducción

Se ha escrito mucho y bueno sobre la Seo de Xàtiva, sus obras de arte y su historia. A ese tesoro hemos acudido y de él hemos sacado datos, personas y acontecimientos. Con esta nueva guía pretendemos actualizar lo dicho, resumirlo y poner al alcance de los visitantes la historia, el arte y la cultura que encierran los muros de la Colegiata, pero también ayudar a todos a descubrir la dimensión espiritual y el mensaje religioso que cada piedra, cada obra de arte quiere transmitir. Esta nueva guía pedagógica pretende guiar al visitante y al peregrino que se acerca a la Seo de Xàtiva al encuentro de Aquel que es el centro de la historia y del universo: Jesucristo, Salvador, ayer, hoy y siempre.

No queremos que la dimensión religiosa de este grandioso templo colegial quede en segundo plano o ni siguiera figure en las visitas que se realizan a la Iglesia Madre de Xàtiva. La fe cristiana y la esperanza en Jesucristo el Señor han motivado siempre a los setabenses a realizar obras grandes y hermosas en honor del Señor y de su Madre, la Virgen de la Seo, prueba de ello es este templo y todo lo que en él existe y existió anteriormente, además de los conventos, iglesias y ermitas que tachonan la geografía de la Saetabis antigua y la Xàtiva medieval y moderna.

Estas páginas quisieran invitar a todos a valorar lo que tenemos, a cuidarlo y a amarlo y sobre todo mostrarlo a las nuevas generaciones tan necesitadas de todo aquello que eleva el espíritu y deleita la sensibilidad, cultiva los valores y ensancha el corazón.

Arturo Climent Bonafé

(ABAD DE XÀTIVA entre 1996 y 2015)

 


 

La Colegiata

Ya de lejos llama la atención, sobresale por encima de todos los edificios de la ciudad de Xàtiva, un golpe de luz, de encanto, de fuerza capaz de concentrar la mirada: es la Iglesia Colegial Basílica, conocida en Xàtiva y su comarca como la Seu. El edificio más importante de la ciudad. Al ser conquistada la ciudad por el rey Jaume I, la antigua mezquita mayor es convertida en iglesia cristiana y dedicada a Santa María, como era costumbre en el rey, erigiéndola en cabeza de uno de los tres ardiaconatos y arcedianatos de la diócesis. El Papa Benedicto XIII en 1413 eleva esta iglesia a la categoría de Colegiata, creando en ella quince canónigos, tres de ellos distinguidos, un Deán, un sacristán y un chantre, entre otros cargos. En 1851 dejó de ser colegiata hasta 1909 que de nuevo fue eregida. El Cabildo recibe numerosos privilegios por parte de los papas setabenses, Calixto III y Alejandro VI; algunos de los regalos que hicieron a la Colegiata pueden verse expuestos en el museo colegial.

 

El Consejo general y particular de la ciudad de Xàtiva el 16 de octubre de 1596 deciden construir una Colegiata nueva y en la fiesta de San Vicente Mártir, 22 de Enero de 1598, es colocada la primera piedra por el Arzobispo de Valencia San Juan de Ribera según consta en el libro «Coses evengudes en la ciutat y Regne de València» escrito por mossén Pere Joan Porcar. Al emprender la obra se piensa en dimensiones catedralicias. Los acuerdos acerca de la construcción se toman muy en serio y se llevan a la práctica. No tenemos las trazas originales atribuidas a Juan de Pavía. Sabemos por otras fuentes que podría ser el autor o arquitecto Pedro Ladrón; también se habla de otro arquitecto, Francisco de Figueroa, que se cita como maestro de la iglesia mayor de Xàtiva.

 

Son varios los arquitectos y maestros que han intervenido o dirigido las obras, hay que tener en cuenta que la construcción se interrumpió infinidad de veces pasando por muchas fases y que ha durado cerca de trescientos cincuenta años. La Seo fue concebida como la obra más espléndida de la ciudad y con la idea fija por restablecer su obispado. Todo el conjunto es Monumento Nacional desde 1931. La iglesia tiene cuatro puertas, todas de sillería y de gran monumentalidad: la del ábside, de adscripción serliana, se hizo en 1600; las dos laterales, gemelas, ejemplos destacados del barroco, estas puertas están dedicadas a Santa Anastasia y Santa Basilisa mártires; la fachada principal construida con elementos de tradición románica y bizantina ajenos a la decoración general, pero no por ello exenta de belleza y solemnidad. Ante la fachada principal dos magestuosas estatuas de bronce de los papas setabenses, Calixto III y Alejandro VI. El primero a la izquierda y el segundo a la derecha de la puerta central mirando al interior de la Colegiata. Las dos estatuas fueron realizadas por el escultor valenciano Octavio Vicent y regaladas por el setanbense Gregorio Molina en 1961. Antes de la guerra civil había un monumento en el centro de la plaza dedicado a Calixto III, inaugurado el 24 de octubre de 1896 por el cardenal Sancha, arzobispo de Valencia.

El Papa Pablo VI en 1966 concedió el uso de la mitra abacial, anillo y báculo al abad del Cabildo Colegial; el mismo Papa en 1973 declaró Basílica Menor a la Colegiata y el 2 de febrero de 1974 el Arzobispo de Valencia, el siervo de Dios Don José María García Lahiguera consagró el Templo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


El campanario

En 1796 se inicia el campanario. Intervinieron en la primera fase Francisco Cuenca y su hijo fray Vicente Cuenca; les siguió José Zacarías Camaña, en 1877 terminó la obra que mide 60 metros de altura, elegante, monumental, con cuatro cuerpos superpuestos, los últimos con aire festivo, se remata con un templete que cobija la imagen de la Virgen de la Seo. En la actualidad tiene cuatro campanas, antes de 1936 gozaba de diez, fueron destruidas durante la guerra civil, y destinadas a la fabricación de municiones. La campana mayor se llama María y actualmente es la más grande de toda la Comunidad Valenciana y la tercera en diámetro, después de las fijas del Miguelete y pesa 2053 kilos, fabricada en Adzaneta de Albaida en 1923. Esta campana se encontraba agrietada desde hacía muchos años.

En 1998 se refundió en Holanda y el Abad Arturo Climent Bonafé bendijo la nueva campana María el domingo 25 de abril de 1999, en presencia de la Directora General de Patrimonio, Carmen Pérez García. La campana fue regalada por la Conselleria de Cultura de la Generalitat Valenciana con la colaboración de toda la ciudad, fruto del trabajo realizado por los Alets de la Mare de Déu de la Seu. Fue inaugurada el 1 de agosto de 1999, fiesta de San Félix, patrono de Xàtiva. A principios de los años treinta de este siglo se colocó un carillón compuesto por veinte campanas. Posiblemente el campanario de la Seu de Xàtiva sea el primer campanario mecanizado de la Comunidad Valenciana.

el campanario

 


 

calixto III Calixto III
La tradición nos dice que Alfonso de Borja nació en la Torreta de Canals el 31 de diciembre de 1378, hijo de «un bon hom llaurador de Xàtiva», llamado Domingo de Borja, y de su esposa Francina; es el mayor de cinco hermanos. Fue bautizado en la Colegiata de Xàtiva y aquí transcurrieron los primeros años de su vida. Muy jovencito marchó a Lleida a estudiar y obtuvo el doctorado en Derecho canónico y civil. El Papa Benedicto XIII le nombra canónigo y luego Juez eclesiástico del obispado de Lleida y Vicario capitular. Intervino en el Cisma de Occidente, luego fue nombrado canónigo de Valencia, cura de san Nicolás y consejero del rey; acompaña al rey a Roma y éste pide el cardenalato para Alfonso; en 1424 se le nombra Arcediano de Xàtiva y administrador de la diócesis de Mallorca. Al finalizar el cisma es nombrado obispo de Valencia el 19 de agosto de 1429. Al ser nombrado cardenal por Eugenio IV en el año 1444, se trasladó a Roma. Más tarde es elegido Papa el 8 de abril de 1455 y tomó el nombre de Calixto III, y el mismo día de san Pedro de 1455 canonizó a San Vicente Ferrer, tal como —según tradición— el santo le había predicho. Tan sólo fue Papa tres años y algo muy curioso, no renunció a su obispado de Valencia. Su vida fue austera y sencilla; en los asuntos empleó prudencia y sabiduría. A él se debe la propagación universal del rezo del «Angelus». Murió el 6 de agosto de 1458, en la festividad de la Transfiguración del Señor, que él había instituido. Sus restos descansan en la iglesia española de Monserrat en Roma. En la Colegiata se conserva de este Papa un cáliz, un lignum crucis y el retablo de Santa Ana; en la guerra pasada desaparecieron una arqueta y varios relicarios.

 

 

 


 

Alejandro VI

Alejandro VI

Nació en Xàtiva el 1 de enero de 1430, hijo de Juan de Borja y de Isabel de Borja, hermana del Papa Calixto III. Su tío, Calixto III, se lo llevó muy pronto a Roma. A los 26 años le nombró cardenal canciller de la Iglesia, el cargo de mayor responsabilidad en la curia pontificia. Los papas sucesores de su tío, Pio II, Sixto IV e Inocencio VIII, le concedieron obispados, abadías y otras dignidades.

Obispo de Valencia el 21 de julio de 1458; el 11 de agosto de 1492 fue elegido Papa con el nombre de Alejandro VI; tenía 62 años y una enorme experiencia curial; defendió la fe cristiana y la difundió en las Américas recién descubiertas; fomentó las artes y las letras y durante su pontificado se decoraron las estancias Borja en el Vaticano, Miguel Angel esculpió la Piedad y celebró en 1500 el Año Santo.

Estableció el rito de la apertura de la Puerta Santa que todavía hoy se utiliza; aquel acto impresionó a toda Europa.

Hombre sabio y culto, amante del arte y de la cultura renacentista.

Influyó enormemente en el reparto de las Américas.

Este Papa valenciano y primer arzobispo de Valencia ha provocado y sigue provocando opiniones contradictorias en la historia de la Iglesia

Murió en Roma el 18 de agosto de 1503; también está sepultado en la Iglesia de Monserrat de la Ciudad Eterna.

Se conserva en el museo de la Seo la Custodia Mayor y varios documentos.


 

 

 

Interior

La Iglesia Colegial es a la vez la Parroquia de Santa María y como tal está abierta para acoger a todos los visitantes que acuden a contemplar su arte y conocer su historia y cultura. Ahora bien como iglesia, casa de Dios, es lugar de oración, lugar donde se celebra la Eucaristía, sacramento de Cristo y centro de la vida cristiana de esta comunidad parroquial. Al entrar en el interior de la Seo descubramos que estas piedras son testigos de muchas generaciones, que motivados por su fe y su amor a Jesucristo y a su madre, la Virgen María, levantaron este suntuoso templo; aquí esas generaciones cantaron a Dios, le ofrecieron sus vidas con las ilusiones y las penas, por eso al pisar este suelo oremos y si hay personas rezando no turbemos su silencio y recogimiento.

Miremos la hermosura del trabajo de los hombres y busquemos la presencia discreta de Dios y entonces esta visita a la Colegiata de Xàtiva será para usted un momento de paz. La Seo tiene planta catedralicia de cruz latina, con girola, crucero, tres naves y deambulatorios como se acostumbra en las catedrales góticas; el estilo es de clara influencia herreriana por su austeridad similar al Escorial.

La nave central se cubre con bóveda de cañón con lunetos y las laterales con bóvedas vaídas; en el crucero destaca una grandiosa cúpula sobre pechinas; en 1886 se hundió la construída con piedra y ladrillos y la rehizo Antonio Gómez, siendo Abad José Plá; esta vez la cúpula se construyó de hierro por fuera y de cemento en su interior.

En 1962, dentro del proyecto reconstructor del Abad Juan Vayá, el pintor setabense Joaquín Tudela pintó en lienzos los cuatro evangelistas con sus símbolos y fueron colocados en cada una de las pechinas; las pinturas anteriores eran de José Vergara y representaban cuatro matriarcas del Antiguo Testamento.

El Altar Mayor está dedicado a la Virgen de la Seo, patrona de Xàtiva; se le quiere con locura y se le tributa una profunda devoción multisecular. Su fiesta se celebra el 5 de agosto. La Iglesia conmemora ese día la Dedicación de la basílica de Santa María la Mayor de Roma.


El Altar Mayor

La imagen que podemos ver es del escultor valenciano Mariano Benlliure (1862-1947) la esculpió en 1942, la original era de estilo gótico y fue quemada el 27 de julio de 1936, durante la Guerra Civil Española. Esta imagen fue la que realizó el Miracle del Lliri el 5 de agosto del años 1600, frente al monasterio de Santa Clara. En 1943 fue bendecida la nueva imagen de la Virgen por el Abad Juan Vayá Bonet en la plaza de la Seo y colocada en el altar mayor de la Colegiata. Esta imagen es sacada en procesión en algún acto de singular importancia, muy pocas veces. Los autores del retablo iniciado en 1776 fueron Ventura Rodríguez y Pedro Juan Guisart; la dirección la llevó fray Vicente Cuenca.

El conjunto es una obra de inmensa belleza, elegante y fina; su aspecto magestuoso y esbelto con gran riqueza de mármoles y jaspes rememora los grandes templos clásicos y, desde luego, aquellos que contemplan este conjunto, quedan deslumbrados ante tanta belleza. Las figuras de san Joaquín y de santa Ana, así como las que representan a la castidad y la humildad, originales del escultor valenciano José Esteve Bonet, algunos dicen que se trata de santa Anastasia y santa Basilisa, santas setabenses de tradición paulina, también fueron destruidas durante la Guerra de 1936; luego fueron repuestas en 1955 y son réplicas de las originales de Esteve. Fijémonos en el retablo: en el centro la imagen de la Virgen de la Seo, negra y hermosa, como afirma el Cantar de los cantares. Está colocada en una hornacina rectangular, coronada con un frontón triangular en el que resaltan tres ángeles; a los lados las figuras de la humildad y de la castidad, culminando arriba los arcángeles Gabriel y Miguel, originales de Esteve Bonet. Sobre dos podios de mármoles y jaspes se levantan las monolíticas columnas y pilastras de mármol del Buxcarró; ante estas columnas resaltan magestuosamente las figuras de los padres de la Virgen como guardianes de la imagen de su hija, la mujer coronada por doce estrellas, la madre de Cristo y madre de la Iglesia. Detrás del retablo en hornacinas de la parte exterior de la girola hay colocadas cuatro figuras de piedra que representan a cuatro ángeles con instrumentos musicales. La fundadora de este retablo fue doña Victoria Albero; a su generosidad se debe la hermosura del altar mayor de la colegiata. Al morir fue enterrada en el mismo presbiterio, muy cerca de la Virgen de la Seo a la que profesaba gran devoción. Para adaptar a las normas litúrgicas emanadas del Concilio Vaticano II se construye un segundo presbiterio bajo la cúpula con una corta vía sacra que une al primero. La mesa altar fue consagrada el 1 de agosto de 1966 por el Abad Juan Vayá.

Dos púlpitos barrocos, uno antiguo, otro posterior a la guerra civil, en jaspes, mármol y bronce; sobre el portavoz, resalta la figura de la Esperanza con el ancla como símbolo y sobre el púlpito más antiguo, la figura de la Fe, con los ojos vendados y la cruz en una mano; en las barandas, hay esculpidos diversos relieves en mármol blanco, acercándose se puede apreciar: la Asunción, Pentecostés, Virgen del Pilar, San Vicente Mártir; Virgen de la Seo, San Félix, etc. El púlpito de la izquierda fue colocado en 1963.



Interior de la Seu 1

Para facilitar la visita a la Seu sería conveniente dirigirnos ahora a la entrada y empezar por la izquierda, y nos encontramos con el primer altar donde se venera la imagen de Cristo crucificado llamado «El Cachorro», original del escultor setabense Francisco Bolinches. La imagen expresa la bondad y el dolor de Cristo que muere amando a la humanidad. Sigue la capilla y el retablo en madera de tipo barroco con la imagen de la Milagrosa de 1960.

 

Habría que resaltar la capilla y el retablo de San Jacinto Castañeda, hijo de Xàtiva, dominico misionero en Tonkín dio la vida por el evangelio que predicaba ofreciendo supremo testimonio de amor a Cristo y al prójimo. La imagen es antigua y el retablo de 1953.

 

A esta capilla sigue la dedicada a San Félix patrono de Xàtiva y titular de la iglesia, sede de la antigua catedral de Saetabis. El retablo es de 1954 y la imagen fue bendecida en 1950.

 

Siguiendo por el crucero contemplamos el retablo de La Piedad. Este retablo representa el drama del Calvario, Jesús, muerto es desclavado de la cruz y depositado en los brazos de su madre, la Virgen María. El apóstol y evangelista San Juan está arrodillado y sosteniendo la cabeza del Redentor, la corona de espinas figura a los pies del apóstol; María Magdalena , colocada a los pies de Jesús, lleva en sus manos el lienzo mortuorio. El centro lo ocupa la Virgen y Jesús, un cuadro precioso; María, Mater Dolorosa, con inmenso cariño sostiene la mano izquierda de su hijo, el puñal simboliza el dolor que, como madre del Redentor, sufre y aguanta, mira a Jesús con dolor y ternura a la vez. Jesucristo en el regazo de su madre, está como dormido, sangrando, el Varón de dolores, taladrado y muerto. Las cuatro figuras ocupan el primer plano del retablo. Detrás de la escena principal se ven tres personajes, Judas, el traidor, antes de suicidarse, Nicodemo, aquel que fue de noche a ver a Jesús y José de Arimatea, quien prestó el sepulcro nuevo para enterrar a Jesús en el jardín cerca del Calvario. Un gran paisaje con montañas hace de telón de fondo a todo el retablo. Se colocaron diversos grupos de figuras que representan escenas relacionadas con el hecho del Calvario: el enterramiento, los soldados haciendo guardia, etc. Una fortaleza en la cima del monte quiere ser la representación de Xàtiva con su Castillo, murallas y la Cova dels Coloms. Este retablo es de una sola pieza y está datado de principios del siglo XV. Durante la guerra de 1936 desaparecieron las puertas plegables que cerraban el retablo.

 

Continuando por el crucero llegamos a la capilla de Santa Lucía, con su imagen de buena factura y excelente escultor, del siglo XVIII; el sacerdote Vicente Ibáñez la adquirió en un antiquario de Valencia en 1951 y la regaló a la Colegiata. La imagen de San Pancracio Mártir se debe al escultor Francisco Bolinches. Llegamos a la capilla dedicada a la Virgen de la Cinta, imagen del escultor Arturo Bayarri.

 

Dos capillas merecen nuestra atención: el retablo dedicado a los desposorios místicos de Santa Teresa de Jesús, esa gran mujer y santa; la tabla es cuadrada; la santa andariega arrodillada y acompañada por Jesucristo y la Virgen María; las expresiones de los tres rostros son bellas, vivas, llenas de candor. Santa Teresa nació en Ávila el 28 de marzo de 1515; a los 18 años ingresa en el Carmelo. Cuando tenía 45 años emprende una nueva vida dentro del claustro y comienza la reforma del Carmelo: funda conventos, escribe obras y visita Castilla, Andalucía, etc. Murió en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582. Es doctora de la Iglesia y su fiesta se celebra el 15 de octubre. Siguiendo contemplando el retablo vemos como un calvario corona el ático y cinco tablitas se reparten por el rebanco y representan de izquierda a derecha: La Virgen, San Antonio Abad, Jesucristo con la Eucaristía San Antonio de Padua y el arcángel San Gabriel.

 

A continuación le sigue el retablo dedicado a los santos esposos Julián y Basilisa, de autor anónimo pero que recuerda los modelos de Zurbarán. San Julián con una mano enseña la palma del martirio y con la otra se une a su mujer; santa Basilisa sostiene una vara de azucenas y ambos son coronados por ángeles; vivieron a principios del siglo IV; el ático del pequeño retablo muestra una crucifixión. Su fiesta se celebra el 9 de enero. Adentrados en la girola podemos ver la capilla de San Vicente Ferrer; retablo de piedra coronado con un escudo que ostenta las armas de la ciudad, todo él adornado con caprichosas figuras pétreas. En el suelo está la sepultura de Pedro Benlloch y Borja, batle y representante del rey en Xàtiva. Felipe IV le concedió título de Caballero. Murió el 19 de octubre de 1714, ya viudo de Mariana de Borja. Fue enterrado al día siguiente. Otros retablos son los dedicados de San José Obrero (1957) y a San Antonio de Padua (1959), con pinturas de Francisco Climent.

 

En la capilla que sigue a la puerta Este podemos contemplar la imagen monumental de Jesucristo resucitado, del escultor José María Ponsoda. Esta imagen procede de la antigua iglesia de San Agustín y está colocada sobre una hermosa peana de mármol instalada en 1997.

 

Le sigue la capilla y retablo de San Pedro. Todo este conjunto es de los más bellos que muestra la Colegiata. El retablo es del siglo XVII, madera policromada; sobre un rebanco decorado con pinturas modernas se levanta el cuerpo principal formado por la hornacina e imagen de Pescador. Cuatro columnas en planos distintos custodian la imagen, se remata con un pequeño ático con bolas, una pintura de San Pedro con el ángel que le liberó de la cárcel y el escudo de la familia Sanz. Durante la guerra civil también sufrió la destrucción, la imagen de San Pedro fue quemada y el retablo mutilado. En 1954 el Abad Vayá quiso reconstruir el retablo y en 1957 bendijo la imagen del apóstol que aparece sentado y con ornamento pontificales. San Pedro, pescador de Galilea, es convertido por Cristo en primer Papa, él confirma la fe de los hermanos y si fue capaz de pecar luego se volcó enteramente a Jesús y de él es esta hermosa profesión de amor: «Señor, tú lo sabes todo, tu sabes que te quiero» (Jn. 21, 17); estas escenas evangélicas quedan plasmadas en las diversas pinturas alrededor del retablo.

 

En la capilla que sigue se venera la imagen de la Soledad, regalo de la marquesa de Montortal a la Colegiata. Una inscripción en la pared derecha de la capilla recuerda la fundación de ésta, dedicada a Nuestra Señora de las Fiebres; y el escudo de los Borja.

 

 

 

 

 

 

 

 

En la puerta de acceso al museo tenemos un retablo de piedra labrado con motivos ornamentales muy variados. Los muros laterales almohadillados y el retablo de doble columna dórica acanalada, y sobre el entablamento dos esfinges canéforas que enmarcan un escudo con timbre real y anagrama de la Virgen María. Este retablo da acceso al Museo Colegial.



Interior de la Seu 2

Siguiendo nuestro itinerario podemos visitar la capilla dedicada a la Asunción de Nuestra Señora titular de la parroquia desde su fundación; imagen y retablo fueron bendecidos en 1964. La capilla siguiente está dedicada al Sagrado Corazón de Jesús; la imagen fue bendecida en 1957, el retablo de madera dorada es de la misma fecha. La última capilla está dedicada al Sagrado Corazón de María, original de Claudio Rius, 1942, procede de la antigua iglesia de San Agustín.

 

El baptisterio, «puerta de entrada a la Iglesia», está situado en lo que podría haber sido el acceso al segundo campanario. Una imponente pila de mármol de 1745 llena totalmente la capilla. En el muro frontal un lienzo del pintor setabense Francisco Climent Mata con el bautismo del Señor. Climent es pintor nacido en Xàtiva en 1895. En 1911 ingresó en la Escuela Superior de Escultura y Pintura de San Carlos, de Valencia, donde en la clase de Paisaje le fue concedida la «Pensión Roig». En 1914, y hasta 1917, cursó en la barcelonesa Escuela de Artes y Oficios, en la que obtuvo la medalla de plata también en Paisaje. Por primera vez expuso en Madrid, en 1920, en un certamen regional. En 1934, 1935 y 1936 participó en regionales valencianas, siendo premiado. Figuró en la Nacional de Barcelona, en 1942, y en este mismo año, como en 1944, expuso individualmente en la misma ciudad. Después marchó a su ciudad natal para dirigir una industria artesana, ocupación que alternó con su vocación artística. Practicó el óleo, el pastel y el aguatinta, y cultivó el paisaje, la figura y el retrato. La capilla fue bendecida el Sábado de Gloria de 1945.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Conselleria de Cultura restauró la vidriera que cubre el Baptisterio en 1998 y la Seu restauró el gran lienzo del Bautismo del Señor. En la fiesta de Pentecostés del mismo año se reiniciaron los bautismos en este lugar. En las naves centrales y girola hay colocadas diversas vidrieras policromadas modernas, dedicadas a escenas de la vida del Señor, la Virgen María y santos de la devoción de los donantes; existen en la actualidad 52 vidrieras repartidas por todo el templo. Comenzaron a colocarse en 1948. Se pudieron salvar algunas de la destrucción que se produjo en 1936: nave central y crucero.

 

Sacristía actual

Lo más interesante de la sacristía es la cerámica que en los años sesenta se colocó procedente del convento de San Francisco. Se trata de un arrimadero de unos cuarenta metros de largo, por un metro sesenta centímetros de alto. Se utilizaron los colores azul, amarillo y verde; los motivos utilizados son todos de la Pasión del Señor; ángeles, pavos reales y tritones, engarzados por una exuberante decoración vegetal y cordones de san Francisco y todo en un estilo barroco que aunque muy recargado resulta muy halagador contemplar y pasear la vista por cada uno de estos paneles.


Altar Nazareno

A la derecha del altar mayor, en el crucero vemos un imponente retablo de madera, en forma de templete donde se venera la imagen del Nazareno, imagen esculpida en 1942 por Rafael Alemany Camps. Este altar fue construido en 1750 según diseño de fray José Alberto Pina. La idea inicial fue para el altar mayor de la Colegiata. Se levanta sobre un gran banco de mármoles de planta dinámica en la que juegan las líneas cóncavas y convexas; al dorarlo y decorarlo en 1923 se le supo dar mayor hermosura y brillantez; la parte superior, de madera, fue destruida en 1938 y posteriormente reconstruida con toda fidelidad gracias a fotografías del anterior retablo. Esta obra la realizó Francisco Garcés Martínez hacia 1961. La parte superior del retablo es una especie de aplauso reverencial, ángeles adorando, cubren el punto central del retablo: la figura de Jesús, el Redentor del hombre, cargado con su cruz, él es la imagen principal y hacia él deben dirigirse los ojos y el corazón y también la plegaria.

 

Una imagen singular y en la cual apenas nadie se fija es el Niño Jesús Nazareno. En el crucero, junto al altar del Nazareno; en un pequeño templete de madera resalta la imagen, preciosa y nada común: Jesús niño, vestido de nazareno, coronado de espinas y con una cruz en las manos; es como un adelanto a la Pasión que sufrirá el Jesús adulto. La imagen es original de Esteve Bonet, y en 1962 fue donada a la Seo por la familia De Diego.




Capilla de la Comunión

La capilla de la comunión es construida en 1917, es pequeña, invita a la oración, aquí se guarda la Eucaristía para la adoración, todos los días se celebra muy temprano la santa Misa en este lugar. La capilla custodia y venera también la imagen del Cristo del Carmen, talla preciosa del siglo XVI. Antonio Sanz la adquirió en Barcelona para el Hospital de San Julián de Xàtiva y más tarde un descendiente suyo fundó en el mismo lugar el Convento del Carmen, de ahí le viene la advocación.

 

La imagen y cruz son de madera. Cristo muerto con la cabeza reclinada sobre el hombro derecho, infunde respeto, admiración e invita a rezar contemplando hasta donde llega el amor de Cristo hacia el hombre y hasta donde llega el pecado del mundo. Cristo es el Salvador y la Cruz es el signo de la alianza que Dios ha hecho con el hombre para siempre. ¡Salve, oh Cruz, esperanza única! El retablo es posterior a la guerra civil. La pintura de la Última Cena es una copia de Juan de Juanes realizada por Francisco Climent Mata.

 

La imagen del Cristo de la Columna, colocada a la entrada de la capilla, es una de las esculturas más famosas del escultor Esteve, tallada en 1792 para el gremio de zapateros y depositada en los dominicos; en el siglo XIX se trasladó a la Seo y aquí se le venera. Sale en procesión el Viernes Santo. Original de Esteve únicamente es la cabeza, fue destruido el cuerpo en la guerra civil donde la Iglesia no solo sufrió martirio en sus miembros sino también en su arte. El escultor Vicente Rodilla supo muy bien reconstruir la imagen. El Cristo de la Columna reclama compasión, grita paz y amor, sed de bien y entrega generosa.


















 

 

 

 

 

 

 

 

Calixto III

La tradición nos dice que Alfonso de Borja nació en la Torreta de Canals el 31 de diciembre de 1378, hijo de «un bon hom llaurador de Xàtiva», llamado Domingo de Borja, y de su esposa Francina; es el mayor de cinco hermanos. Fue bautizado en la Colegiata de Xàtiva y aquí transcurrieron los primeros años de su vida. Muy jovencito marchó a Lleida a estudiar y obtuvo el doctorado en Derecho canónico y civil. El Papa Benedicto XIII le nombra canónigo y luego Juez eclesiástico del obispado de Lleida y Vicario capitular. Intervino en el Cisma de Occidente, luego fue nombrado canónigo de Valencia, cura de san Nicolás y consejero del rey; acompaña al rey a Roma y éste pide el cardenalato para Alfonso; en 1424 se le nombra Arcediano de Xàtiva y administrador de la diócesis de Mallorca. Al finalizar el cisma es nombrado obispo de Valencia el 19 de agosto de 1429. Al ser nombrado cardenal por Eugenio IV en el año 1444, se trasladó a Roma. Más tarde es elegido Papa el 8 de abril de 1455 y tomó el nombre de Calixto III, y el mismo día de san Pedro de 1455 canonizó a San Vicente Ferrer, tal como —según tradición— el santo le había predicho. Tan sólo fue Papa tres años y algo muy curioso, no renunció a su obispado de Valencia. Su vida fue austera y sencilla; en los asuntos empleó prudencia y sabiduría. A él se debe la propagación universal del rezo del «Angelus». Murió el 6 de agosto de 1458, en la festividad de la Transfiguración del Señor, que él había instituido. Sus restos descansan en la iglesia española de Monserrat en Roma. En la Colegiata se conserva de este Papa un cáliz, un lignum crucis y el retablo de Santa Ana; en la guerra pasada desaparecieron una arqueta y varios relicarios.

El Museo

 


 

El Museo

 

El Museo que la Colegiata ofrece a sus visitantes es producto del esfuerzo realizado por muchas personas, entre las que cabe destacar, especialmente, a mis antecesores, el Ilmo. Sr. D. Manuel Soler y el Ilmo. Sr. D. Arturo Climent. Tanto el espacio expositivo como el programa museográfico son  deudores del museo inaugurado el día 29 de junio de 1996, fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo por D. Arturo Climent. 

No obstante, el Museo debe ser un organismo vivo, y por ello hemos introducido elementos nuevos y dado cabida a determinadas  exposiciones temporales, con las que enfatizar algunos bienes patrimoniales de la propia Seo, o incluso de otras instituciones, y conmemorar efemérides de relevancia. Como afirmaba el propio Climent, el Museo "quiere ser dinámico y estar siempre dispuesto a enriquecerse con nuevas piezas", pretendiendo, además, "ser una catequesis sobre la historia de la Iglesia de la ciudad, de ahí que recorra las diversas etapas históricas de la fe cristiana en la antigua Saetabis hasta llegar a la Xàtiva actual".

Para el presente mes de noviembre se completará con la apertura de un nuevo espacio, que hemos denominado Sala de Cerámica Miguel de Lobera.

 

 

 

José Canet Canet

          Abad de la Insigne Iglesia Colegiata Basílica de la Asunción de Nuestra Señora 


 

 Los textos están extraídos de la Guía de la Seu, cuyo autor es D. Arturo Climent Bonafé

Retablo de Sta.Ana o de Calixto III
S.XV • Pere Reixach

 

El cardenal Alfonso de Borja, más tarde Calixto III, encargó a Pere Reixach en 1452 un retablo para la capilla de Santa Ana; hoy se conservan pocas tablas de este retablo, en 1924 se recompuso lo que ahora podemos ver. Restos de esta capilla se conservan desde la guerra civil en el Museo Municipal.

 

 

En el centro Santa Ana, patrona de los Borja, sentada, seria, a sus brazos la Virgen María, su hija, jovencita y que a la vez muestra a Jesús; es un conjunto, abuela, madre, hijo, encierra un hermoso mensaje maternal y enseña como el Hijo de Dios, hecho hombre, nace de una familia concreta de Nazaret y en esta tabla aparecen por línea materna todos; san Joaquín contempla la escena y el ángel Gabriel, el enviado por Dios. Según el apócrifo Protoevangelio de Santiago y la Tradición, San Joaquín y Santa Ana fueron los padres de la Virgen María; en el siglo IV ya se veneraban como tales, su fiesta se celebra el 26 de julio. En Jerusalén muy cerca de la explanada del Templo existe una preciosa iglesia dedicada a Santa Ana.

En la tabla de la izquierda, San Agustín, vestido de pontifical, capa pluvial, mitra y báculo que le dan majestuosidad; en sus manos la Iglesia y en sus rodillas, el libro clave del santo convertido, «las Confesiones»; su madre, Santa Mónica, arrodillada, mira a su hijo complacida, le ve convertido ya en cristiano, sacerdote y obispo. Mónica pidió a Dios la conversión de Agustín con lágrimas y plegarias y realmente lo consiguió; Agustín significa «hijo de las lágrimas de su madre».

 

La tabla de la derecha, presenta al obispo de Toledo, San Ildefonso, gran defensor de la virginidad de María, onomástica del donante, también vestido con ornamentos pontificales; junto a él figura el donante siendo todavía cardenal.

En la parte superior izquierda, Reixach ha querido colocar la Imposición de la casulla por parte de la Virgen a San Ildefonso, es el premio del cielo a la defensa del santo obispo respecto a la Santísima Virgen.

En la parte superior derecha, el bautismo de San Agustín. San Ambrosio, obispo de Milán es quien administra el sacramento, Santa Mónica, en actitud orante y agradecida, vive este momento privilegiado. El escudo de los Borja corona el actual retablo.

En la predela podemos ver a San Pedro, primer papa de la Iglesia, un panel vacío y al otro lado podrían ser San Gregorio y otro papa santo de la devoción del papa Borja.

Este retablo se dijo siempre que era de Jacomart (1411-1461), era el pintor del rey Alfonso el Magnánimo. Sin embargo se han encontrado en Roma varios albaranes pagados al pintor Pere Reixach por Alfonso de Borja por un retablo de Santa Ana para la capilla de Xàtiva. Sin duda alguna Pere Reixach abrió su alma y dejó plasmar sensibilidad y fe sobre estas tablas mostrando su talante de pintor y de artista lleno encanto, buen estilo y religiosidad.



Imagen procesional de la Virgen de la Seo

 

S.XX • Royo

Esta imagen procesional de la Virgen de la Seo que vemos ahora es original del escultor Royo de 1940, quiere ser copia de la primitiva procesional esculpida por José Esteve Bonet y regalada por el cardenal Cebrián, natural de Xàtiva. Esta es sacada en procesión cada 5 de agosto.

En 1600 la peste o cólera había hecho verdaderos estragos en la zona; los fieles se aclamaban a la Virgen de la Seo, de tal manera que deciden sacar su imagen en procesión el 5 de agosto y hacer estación en la iglesia del convento de Santa Clara. En el interior del templo las monjas insistieron en la plegaria a la Virgen y ante el asombro de todos la Virgen movió el lirio que sostenía en su mano derecha, inclinándolo. La peste cesó. A partir de entonces se decide celebrar fiesta con procesión, primero por el interior de la Seu y luego por las calles de la ciudad, haciendo estación en la iglesia del monasterio de Santa Clara, lugar del milagro. Esta fiesta es un voto de acción de gracias de toda la ciudad a la Virgen María.

En el año 1665 se restaura la imagen de la Virgen; se le corta la mano derecha del milagro, es colocada en un relicario y recubierta de plata. Más tarde el cardenal Cebrián encargó a don José Esteve Bonet una imagen de la Virgen para sacarla en procesión y resguardar la gótica.

El Papa Pio XI el 11 de abril de 1923 declaró patrona canónica de Xàtiva a la Mare de Déu de la Seu; en esta fecha se interpretó por primera vez el himno a la Mare de Déu, letra de don José Hinojosa y música de don José Ramírez.

En la quema de 1936 desaparecieron las imágenes de la Virgen. La imagen procesional que podemos ver ahora fue bendecida por el Abad don Juan Vayá el 4 de agosto de 1940. La imagen del altar mayor, como ya se ha dicho, la esculpió Mariano Benlliure y fue bendecida en 1943 por el mismo abad.

 

 

 

 

Frontal de la Asunta. S.XVI

 

Enmarcado podemos ver restos de un posible frontal de seda azul, con bordados de plata, de mitad del siglo XVI; representa la Coronación de la Virgen María por Jesucristo y el Padre Eterno, dos ángeles a cada lado, suben a la Virgen. El bordado es muy hermoso y conserva el encanto y la nitidez original.

También hay quién cree que fue bordado para un guión o para una capa pluvial. El tema que presenta hace referencia al quinto misterio glorioso del rosario y a la verdad de fe de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos que en 1950 el papa Pio XII la proclamó como dogma de fe.

El pueblo cristiano desde siempre ha profesado un cariño extraordinario al misterio de la Asunta y lo ha reflejado en el arte cristiano, en la literatura y en el teatro.

 

 

 

 

Virgen del Pópulo. S.XVII

 

 

Dulce, radiante y majestuosa es esta Virgen del Pópulo con el niño Jesús en brazos. Ojos vivos y penetrantes, túnica elegante. Es la Virgen Madre de Dios que muestra a su Hijo Jesús al mundo. Este lienzo ha sido restaurado en 1998 por el equipo Art Restauro y se ha podido recuperar la elegancia original. Inspira devoción y dulzura.



San Vicente Ferrer. S.XVIII

Es del siglo XVIII, representa al apóstol valenciano que, con su lema, «Temed a Dios y dadle gloria», recorrió varias naciones predicando el Evangelio. Una Biblia bajo el brazo y una azucena en la mano adorna su imagen andariega y apostólica. La influencia de san Vicente Ferrer se nota en la historia, cultura y sobre todo religiosidad valenciana y también a nivel universal. San Vicente Ferrer estuvo en Xàtiva, tal y como nos recuerda el bajo relieve de uno de los púlpitos y una calle.

 

 

San Francisco Javier. S.XVIII

Muy parecido en tamaño y estilo a san Vicente Ferrer que ya hemos visto, es San Francisco Javier, el misionero jesuita del siglo XVI. El lienzo es del siglo XVIII y presenta al santo predicando el Evangelio en los países lejanos del extremo oriente, en Goa murió de hambre y de frío, después de anunciar a Jesucristo con fuerza, alegría y entusiasmo; tenía cuarenta y seis años; es el patrono de las misiones y su fiesta se celebra el 3 de diciembre.

 

Santa Elena. S.XV • Jacomart o Reixach

Tabla atribuida a Jacomart, fechada en 1451. La emperatriz, madre de Constantino, el Grande, está representada en el momento del hallazgo de la Cruz de Cristo en Jerusalén. Santa Elena, elegante y pulcra, Jacomart ha sabido infundirle entereza y majestuosidad; ella fue el alma de las grandes basílicas construidas en Tierra Santa y en Roma en el siglo IV; asistió al Concilio de Nicea representando a su hijo el emperador; murió el año 328, sus restos reposan en la iglesia del Ara Coeli de Roma. La Cruz del Calvario es la salvación del mundo y la santa emperatriz la muestra con admirable respeto y amor. Los marcos fueron añadidos en el siglo XVIII.

Jacomart nació en Valencia en 1411 y murió en 1461. Durante unos años residió en Nápoles como pintor del rey de Aragón Alfonso el Magnánimo; cargado de méritos y honores vuelve a Valencia; tuvo por colaborador al pintor catalán Juan Reixach. Sus pinturas están realizadas al temple con finísimas veladuras al óleo, su estilo es enérgico y sobrio aunque no falto de delicadezas.

San Sebastián

S.XV • Jacomart o Reixach

También de Jacomart es esta tabla que representa al soldado Sebastián, mártir de la fe en Roma. Es verdad que aquí Jacomart ha vestido con traje de la época al mártir cristiano, representando al caballero gótico valenciano, muy lejos de las imágenes que tenemos del santo, desnudo y atado al árbol sufriendo el martirio. En 1907 Elías Tormo une esta figura con la de Ausiás March y son muchos los que la difunden como retrato del poeta valenciano enterrado en la catedral de Valencia. Las flechas que lleva en la mano derecha indican la forma de su martirio; Sebastián es un soldado del imperio romano en los primeros siglos y al convertirse al cristianismo es condenado a morir acribillado con flechas, en la iglesia de las catacumbas de su nombre reposan sus reliquias.

Durante mucho tiempo se le tuvo como abogado contra la peste, y a él se le levantó en Xàtiva una ermita en el siglo XVI. Estas tablas proceden del retablo y capilla de Santa Ana.



 

La Visitación. S.XVI • Cristóbal Llorens II

María, nos dice el Evangelio, va aprisa a una ciudad de las montañas de Judea a visitar a su prima Isabel. Es un encuentro de dos grandes mujeres elegidas por Dios, Isabel, madre de Juan el Bautista y María, de Jesús.

Un pintor del siglo XVI ha sabido comunicar con su arte el mensaje de alegría y de fe que encierra la escena. Los dos rostros serenos, finos, comunicativos; las dos figuras vestidas con sencillez y a la vez con elegantes ropajes. Es el principio de la gran aventura de fe de la que Juan Bautista será el precursor.

 

Los Santos Desposorios. S.XVI • Cristóbal Llorens II

Esta tabla es del siglo XVI y representa los Desposorios de San José y de la Virgen María. Tres son los principales protagonistas de la escena, los contrayentes y el sacerdote en el centro. Tanto san José como la Virgen están acompañados, él por varones y ella por mujeres. Las miradas del grupo de los cinco hombres se corresponden con las de las mujeres, un caballero de perfil y una dama también. Las miradas de San José y la Virgen son limpias y en sus rostros se refleja paz y alegría, sencillez y candor.

El autor a querido colocar al Espíritu Santo en forma de paloma, como testigo celestial del acto matrimonial; ya nunca se separará esta singular pareja. La pintura es excelente y manifiesta gran belleza.

 

La Huida a Egipto

San José con María y el Niño Jesús deben huir a Egipto, Herodes quiere atentar contra el Niño. Esta tabla, muy sencilla, pero hermosa y fina, muestra la escena evangélica; al santo esposo, custodio del Redentor se le ve cogiendo dátiles de una de las palmeras. Según cuenta uno de los evangelios apócrifos es la palmera la que se inclina para que el santo patriarca pueda coger con facilidad sus frutos.

La escena representa a la Sagrada Familia, ha sido muy utilizada por los pintores de la época, incluso para ofrecer a la Virgen de la leche, ya que amamanta al Niño Jesús. La pintura es bella y simpática.

 

Oración del Huerto

Escena fuerte y llena de dolor y amargura; Jesús suda como gotas de sangre, llora y sufre ante la pasión y muerte que se le avecina. Solo y abandonado reza al Padre. Jesús arrodillado ora y gime, su corazón y su mirada se dirige al cáliz que el ángel le trae desde el cielo. Dios siempre envía un ángel para animar, ayudar, consolar. Es la respuesta del Padre.

Los apóstoles se han dormido, no pueden velar ni siquiera una hora con Jesucristo. Esparcidos por el Huerto de Getsemaní los tres más íntimos: Pedro, Santiago y Juan un poco separados; el resto del grupo también dormidos.



Santos Juanes. S.XVII

 

Es muy habitual ver pintados en la misma obra a estos dos personajes: San Juan Bautista y San Juan Apóstol y Evangelista. El autor a sabido plasmar en los personajes la personalidad propia de cada uno de los Juanes.

El Bautista, el hombre más grande nacido de mujer, comunica fuerza, fuego en su mirada y a la vez templanza, recto criterio. Es la voz que grita en el desierto; precursor del Mesías y mártir de la verdad. Juan el apóstol es el más joven de los Doce, aunque en esta obra aparezca ya mayor. Autor del cuarto evangelio presenta a Jesús como Señor y Salvador. Sensible y dulce goza de gran amistad con Jesucristo, y nos regala la mejor definición de Dios: Dios es amor. Se les suele presentar juntos en muchas obras, tanto en pintura como en imaginería, pero cronológicamente el Bautista es mayor que San Juan Evangelista. La pintura en tabla es buena y brillante, ha sido restaurada en 1998 y se le ha devuelto la elegancia original y un encanto atrayente en los dos personajes.

 

 

Cristo Crucificado. 1400

 

Sobre madera recortada está pintada esta imagen de Cristo Crucificado fechada en 1400 y restaurada en 1998. Con semblante sereno y dulce, Jesucristo clavado en la cruz y chorreando sangre redime a la humanidad.

Él es el Redentor del Hombre y con su rostro expresa la locura de amor de su cuerpo entregado y de su sangre derramada. La pintura es muy buena y el autor expresa el Misterio de la Cruz de forma excelente. Invita a la oración y a la contemplación del gran acontecimiento salvífico

 

 

Virgen de la Leche. S.XV • Valentín Montoliu

 

Preciosa y majestuosa presenta Valentín Montoliu a la Virgen de la Leche, rodeada de ángeles que expresan con su música la alegría del Cielo por el Misterio de la Encarnación. Es de inmensa belleza el artista ha querido vestir a la Virgen con un elegante manto que el mismo repetirá en varias de sus obras; destaca a la Virgen María como verdadera Madre de Jesús amamantándolo y expresar a la vez la maternidad divina de María, ella es verdadera Madre de Dios.

 

 

 

 

Santiago Apóstol. S.XV • Valentín Montoliu

 

El Apóstol, vestido de peregrino, apoyado en su cayado en ademán de peregrinaje, es astro brillante en el camino de la fe. Es Santiago el Mayor, patrono de España, cuyas reliquias se conservan en la catedral compostelana. La veneración a su sepulcro provocó el singular Camino de Santiago. La pintura es preciosa y el autor plasma todo este significado en la tabla.

 



Santa María Magdalena. S.XV • Joan Reixach

Impresionante es la figura de María Magdalena. De pie, como la mujer fuerte de la Biblia y rodeada de ángeles sostiene en la mano izquierda el recipiente con el ungüento con el que iba a embalsamar el cuerpo de Jesús sin vida. Muestra con la otra mano el paño blanco y la corona de espinas que cubría la cabeza de Jesús. Reixach ha sabido adornar la figura de esta gran mujer y darle la fuerza para que inspire, a quienes la contemplan, fortaleza, paz y esperanza. Esta tabla perteneció al antiguo monasterio de Mont Sant.

 

 

 

Imagen de san Vicente Ferrer

 

Se trata de una talla barroca policromada; con rostro muy expresivo el escultor nos lo presenta predicando el Evangelio con esa fuerza que le caracterizaba; con hábitos dominicanos la imagen de san Vicente Ferrer infunde alegría y pureza de corazón. Con los labios semi abiertos expresa la fuerza de su palabra viva y arrasadora. Esta escultura procede del convento de Santo Domingo. San Vicente nace en Valencia, en 1350 es miembro de la Orden de Predicadores y muere en Vannes en 1419, predicador y milagrero, persona influyente y misionero incansable, orgullo de la iglesia valenciana; fue canonizado por Calixto III.

Por disposición de San Juan de Ribera su fiesta se celebra el lunes después del domingo segundo de Pascua.

 

 

 

Cruz procesional. S. XIV

 

La cruz parroquial, la creu major de la ciutat, es de plata sobredorada y esmaltes, considerada por todos los especialistas como la mejor obra de esmaltería del siglo XIV de los estados de la Corona de Aragón. Está formada por planchas de plata con los bordes festoneados de hojas de roble y los extremos de los brazos flordelisados.

En el anverso, además del crucificado, hay cuatro relieves representando: en la parte superior, a Jesús resucitado —la vida de Cristo no termina con la muerte, es Señor y lo demuestra con la Resurrección, que es lo que da sentido a nuestra fe cristiana—; a la izquierda, la Virgen con las tres Marías —la Virgen está al pie de la cruz como la mujer fuerte que sufre por la humanidad y participa de la pasión de su Hijo—; en el lado opuesto, san Juan y dos personajes —es el discípulo más joven de los doce y el único que permanece junto a Jesús en estos momentos—; y en la parte inferior, Jesús en el lugar de los muertos, gusta de lo que realmente es la muerte para vencerla y destruirla. El ástil es de dos cuerpos octogonales superpuestos, ambos de igual estructura y ornamentación, con ventanas ojivales de tracería, gabletes y antepechos figurando vitrales con representaciones de ángeles en esmaltes verde y carmín que alternan con escudos de la ciudad.

Ante esta cruz hay que detenerse, es mucho lo que se puede admirar. El número de escenas es de doce, labradas a buril y esmaltadas, solo las vamos a enumerar: La Anunciación, Última Cena, Lavatorio, Oración en Getsemaní, Prendimiento, Flagelación, Vía Dolorosa, Crucifixión, Descendimiento, Crucifixión de Dimas y el Anuncio de la Pascua y Pentecostés.En el reverso podemos ver en esmaltes: Nacimiento de Jesús, Adoración de los Magos, Matanza de los Niños Inocentes, Presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén, Huida a Egipto, la Tentación de Jesús, Jesucristo caminando sobre las aguas, Predicación de Jesús, Juicio final, Entrada en Jerusalén.

Veintiséis esmaltes traslucidos, no hay duda en afirmar que esta cruz parroquial es de una gran belleza, verdadera joya irrepetible, constituye una auténtica catequesis sobre los misterios de Jesucristo. La fecha más probable de la cruz sería alrededor de 1347.




Las vitrinas

Repartidos en las diversas vitrinas hay elementos interesantes que merecen nuestra atención.

Comenzando por la derecha, las vitrinas pegadas al muro, vemos utensilios de la época prehistórica, ibérica y romana; monedas romanas acuñadas en Saetabis y lucernarios.

Sigamos adelante y podemos observar cerámica musulmana y medieval.

 

 

También cerámica gótica fabricada en Valencia de la época de Alejandro VI. Escudillas, albaredos y cerámica de Manises del siglo XV, XVI y XVIII; fruteros del siglo XVIII; limosneros de bronce de fábrica germánica, dos de ellos adornados con escenas de Adán y Eva y San Jorge, del siglo XVI.

Bula de fundación. S.XV

 

En una de las vitrinas podemos ver la bula de Benedicto XIII, el llamado «papa Luna» con la que erige en Colegiata la iglesia de Santa María de Xàtiva en el año 1413. Benedicto XIII desde Peñiscola es el gran impulsor de la Iglesia de Xàtiva. Este Papa nombra 15 canónigos: deán, sacristán, chantre, dos hebdomadarios, 2 succentores, diácono y subdiácono. Benedicto XIII es un importante benefactor de la Colegiata de Xàtiva. Tenemos unas veinte bulas de su tiempo y todas ellas reflejan privilegios dados a la Colegiata.

Desde el punto de vista diplomático, se trata de una litterae solemnis, como demuestra la disposición y las cláusulas de la primera línea, en escritura gótica minúscula cancilleresca, y la bula de plomo con hilos de seda rojos y amarillos. Expedida gratis, actuó como escribano M. de Ceresuela, quien desde 1415 a 1418 fue secretario papal.

El Archivo colegial conserva una colección de más de cien bulas y un importante fondo de 700 pergaminos.

 

Yesería. S. XIV

 

Se trata de un fragmento de yesería con inscripción hebraica, parece proceder de la desaparecida ermita de las Santas de Xàtiva, anteriormente sinagoga y que fue derribada en los años cincuenta. La fecha de esta inscripción es el siglo XIV.

La inscripción aparece enmarcada por dos finas molduras; es casi seguro que pudo pertenecer a la antigua sinagoga de la ciudad. Este fragmento formaría parte del marco que encerraría otros elementos decorativos de manera similar en otras sinagogas.

La traducción que se ha dado es «(Jeru)salén y para él será una evasión».

 

 

 

 

Misal Valentino. S.XV

 

Este misal valentino incluye una selección de las fiestas fijas y movibles más importantes del año. El misal es de la segunda mitad del siglo XV. En las páginas del canon, vemos la miniatura del Calvario sobre un tejido granate con motivos geométricos y un terrazo verde, figuran, siguiendo la iconografía tradicional, Cristo crucificado, San Juan —con túnica granate y manto verde— y la Virgen —manto azul, túnica rosa y tocado blanco. Esta miniatura constituye una verdadera joya.

La utilización del misal en las tomas de posesión de los diferentes canónigos hasta la actualidad ha contribuido a que este códice se haya conservado. Se trata, pues, de un misal para uso genérico de la Colegiata de Xàtiva, cuyas fiestas principales incluye.

 

Libro de genealogías. S.XVIII

 

Desde la misma entronización de Rodrigo de Borja como papa hasta San Francisco de Borja y sus sucesores, la familia Borja ha sido una de las más estudiadas por los genealogistas y estudiosos de la nobleza.

Esta genealogía que vemos es bastante completa y documentada a partir del siglo XV, coincidiendo con las genealogías de Alfonso de Borja y los padres de Rodrigo, incluyendo referencia a los testamentos de los principales miembros de la familia, hecho que nos lleva a pensar en un notario como probable autor. Es del siglo XVIII.

 

Libros corales. S.XVII

 

Estos libros estaban en el coro para cantar el Oficio divino. Letra y notación gregorianas grandes con el fin de ser vistas desde los asientos. En la Seo de Xàtiva existe una buena colección de estos libros. Algunos libros proceden de conventos que existían en la ciudad. Los dos que vemos expuestos en esta vitrina tienen dos miniaturas preciosas, fechadas en 1621, la Anunciación y la Resurrección; ambas son sencillas, pero muy expresivas y hermosas.

 

El ángel Gabriel anuncia a María la encarnación del Hijo de Dios. Ella escucha en oración el mensaje del ángel. Cristo sale victorioso del sepulcro, los soldados caen en tierra aterrorizados, Jesús es Señor, Salvador de los hombres redimidos con su sangre preciosa. Y ahora vive para siempre.

 

 




El Padre Eterno

Escuela de Juan de Juanes

Es una tablita que coronaría algún retablo. Se atribuye a la escuela de Juan de Juanes. Representa al Padre Eterno. Es un semblante hermoso y dulce, magestuoso y paternal. En la mano izquierda sostiene la bola que representa al mundo. El Espíritu Santo en forma de paloma está situado en el centro. Esta tabla ha sido restaurada en 1999 por el equipo Art Restauro de Valencia.

Vicente Juan Masip Navarro, parece ser que nació en Valencia; su padre, pintor de vocación le enseñó el oficio. El primer documento cierto referente a él es de 1531. Obras muy significativas suyas son El Salvador, La Pasión de San Esteban, La Inmaculada y sobre todo la Santa Cena. Muere en Bocairent y allí es enterrado provisionalmente. En 1581 sus restos son llevados a la parroquia de la Santa Cruz de Valencia y en 1850 al Panteón de los Marqueses de Zenete; en la guerra civil española fueron profanados y quemados. Juan de Juanes crea Escuela y son muchas las obras de esa época.

Porta Paz. S.XVIII • Pedro Valero

En esta pequeña vitrina podemos ver una pieza extraordinaria como es el Porta Paz de plata y el Cáliz de oro del Cardenal Cebrián. El Porta Paz es una pieza de plata, original del maestro Pedro Valero en 1786, donado por el canónigo Timoteo Esteve. Es de muy buena factura, limpio en distribución de elementos. Es un pequeño retablo compuesto por un doble podio abombado sobre el que apoyan dos pilares y seis columnas de orden corintio. En el centro el Crucifijo, en los podios, cornisas, rebanco y frontón, hay colocadas doce figuras de santos y ángeles; en la parte superior el arcángel San Miguel.

El Porta paz se utilizaba en las misas solemnes, antes de la comunión, el celebrante besaba el Porta Paz y un monaguillo lo pasaba a los fieles, estos lo tocaban con la mano y se deban la paz unos a otros tocándose la palma de la mano que había rozado el Porta paz. En la liturgia de hoy no se utiliza.

Cáliz del cardenal Cebrián. S. XVIII • Bernardo Quinzá

El gran y fructífero platero setabense Bernardo Quinzá es el autor de este precioso cáliz de oro de estilo imperio; está fechado en 1792. El cardenal Cebrián lo regaló a la Colegiata de su pueblo Francisco Antonio Cebrián nació en Xàtiva en 1734. A los quince años inicia sus estudios de filosofía en la Universidad de Valencia y consigue el doctorado en derecho civil en 1755, y en derecho canónico en 1759. Cuando contaba apenas 33 años de edad fue nombrado canónigo de la catedral de Valencia. En 1768 fue elegido rector de la universidad y el 13 de diciembre de 1796 fue designado como obispo de Orihuela, cuando tenía 63 años. Más tarde el Papa Pío VII, en 1816, le nombra cardenal a los 82 años de edad. Murió cuatro años después, el 10 de febrero de 1820, siendo enterrado en el convento de los Capuchinos de Madrid. Hizo un importante legado a la Colegiata, del que se conserva este cáliz y varios libros.

Relicarios. S.XX • Hermanos Piró

En 1997 la Seu presentaba este relicario de plata que cobija las reliquias de los tres mártires claretianos de Xàtiva.

José María Blasco, nacido en Xàtiva el 2 de enero de 1912 y martirizado el 15 de agosto de 1936, tenía 24 años de edad.

Eduardo Ripoll, nació en Xàtiva el 9 de enero de 1912 y fue martirizado el 15 de agosto de 1936 a los 24 años de edad.

José Amorós, nació en Pobla Llarga el 14 de enero de 1913, creció en Xàtiva y junto con sus compañeros fue martirizado en Barbastro en la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen del mismo año cuando tenía 23 años. Fueron capaces, en plena juventud, de dar supremo testimonio de Jesucristo derramando su sangre por el Evangelio.

En la misma vitrina se puede contemplar otro relicario dedicado a San Jacinto Castañeda. A partir de 1998 los fieles pudieron venerar la reliquia de este santo, hijo de Xàtiva y mártir en Tonkín. El relicario es de plata dorada. Los dos relicarios han sido realizados por los orfebres valencianos Hermanos Piró.

Retablo de los Martí. S.XV

Es toda una catequesis sobre la Virgen María y su relación con Jesucristo. Este retablo gótico es de finales del siglo XV y está compuesto por cinco tablas: el Calvario, culmen de la historia de la salvación, por la cruz, Cristo nos redime y salva; a los pies del Crucificado, la Virgen y San Juan.

Siguiendo el orden de la izquierda, la Anunciación —el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen, desposada con un hombre, llamado José, la virgen se llamaba María. Es el comienzo. María dijo sí a Dios y se inicia la historia de Dios que por amor se hace hombre. María está en actitud de escucha, arrodillada y silenciosa, Virgen oyente de la palabra.

Le sigue el abrazo de la Puerta Dorada; es el evangelio apócrifo de Santiago quien nos cuenta este episodio protagonizado por San Joaquín y Santa Ana, cuando se les anuncia el nacimiento de María. Un ángel sobresale de las dos figuras venerables.

Por la derecha, de abajo arriba, la Visitación; María fue aprisa a las montañas de Judea a visitar a su prima Isabel. Las dos mujeres embarazadas se abrazan y se comunican el gozo del Señor que culminará con el Magnificat.

Sobre esta tabla, el Nacimiento de Jesús en Belén. San José y la Virgen adoran y veneran al Hijo de Dios en esa primera Noche Buena de la historia cristiana; ángeles, pastores y Magos acudirán a la Cueva y adoraran al recién nacido y le ofrecerán sus dones.

Varias figuras de santos rodean el retablo y encontramos en la polsera: a María Magdalena, un santo obispo, San Onofre, San Juan Bautista, el Padre Eterno, San Miguel, San Antonio Abad, San Gil Abad y Santa Úrsula.

Seis tablitas forman la predela, de estas, dos están cortadas. De izquierda a derecha: el sueño de un patricio romano, la resurrección de Cristo, la Dormición de la Virgen y la Fundación de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma.

En su lateral izquierdo queda uno de los escudos de los Martí, donantes de este retablo y titulares de su capilla. Dos de cuyos miembros ocuparon la sede episcopal de Segorbe.





Lignum Crucis de Calixto III

En una gran vitrina podemos contemplar diversas obras de arte importantes en la historia religiosa de la Seu de Xàtiva. Según consta en el archivo el papa setabense Calixto III regaló este Lignum Crucis a la Colegiata, probablemente de procedencia francesa.

Es una cruz gótica, en forma de cruz latina que sale de una macolla hexagonal y tiene dos escudos de esmaltes flordelisados. El conjunto descansa sobre un pie de planta de alfardón que está dividida en seis compartimentos muy hermosamente adornados con elementos vegetales. Toda la cruz quiere dirigir la mirada al centro donde está colocada la teca con la reliquia.

En la otra cara de la teca o medallón, el Christus Patiens, de oro, esmaltado, con el rostro desfigurado, ojos cerrados, el costado abierto, los brazos cruzados sobre el pecho y un paño cubriéndole la cintura. Es el Cristo sufriente, el Varón de dolores del que nos habla el profeta Isaías y que Cristo encarna a la perfección.

El Lignum Crucis de Calixto III fue robado en 1707 durante la Guerra de Sucesión y apareció veinte años después en la ciudad de Benavente.

La Cruz es adorada por los fieles el Viernes Santo. Con el Lignum Crucis se bendicen los Términos en la fiesta de la Invención de la Santa Cruz el 3 de mayo. La fiesta litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz se celebra el 14 de septiembre.

Cáliz de Calixto III

Otra joya orgullo de la Colegiata es el Cáliz gótico de Calixto III que se utiliza en las celebraciones eucarísticas solemnes. Pie seisavado con follajes y cuadrifolios cincelados con escenas esmaltadas que representan personajes eclesiásticos y la Virgen. Sobre la caña lleva la inscripción «Calixtus PP Tertius».

La copa es de boca ancha que nace de una orla de querubines entre lóbulos y puntas. La patena original desapareció y fue sustituida por la actual.

Segun consta el cáliz era utilizado para el «Monumento» del Jueves Santo. Dentro se guardaba la Sagrada Forma hasta los oficios del Viernes Santo y de ella comulgaba solo el sacerdote. Con la reforma de Pio XII fue suprimido y al «Monumento» se traslada el copón lleno de formas para la comunión del día siguiente.

Cáliz del Chantre Enrique Agustí. S.XX • J. Vilaplana

Es de plata dorada y realizado en 1925 para la primera misa de don Enrique Agustí que fue chantre de la Colegiata de Xàtiva. El autor de este cáliz neogótico es el platero J. Vilaplana; representa la exaltación de la eucaristía. Chantre era el director del coro en las antiguas catedrales.

En la misma vitrina está colocado el Lignum Crucis realizado para el convento de San Francisco en 1723.

Diversas joyas de las muchas que los devotos setabenses ofrecen a la imagen de la Mare de Déu de la Seu.

Custodia Mayor

Es una de las piezas más importantes de la Colegiata, la más impresionante. Se expuso en Madrid en 1892 y en Barcelona en 1929. Es de plata sobredorada y de estilo gótico. La peana es moderna de planta seisavada mixtilínea que se alza sobre un podio calado. Cuatro figuras repujadas rodean el pie, son profetas y reyes del Antiguo Testamento, dos llevan incensarios y los otros elementos eucarísticos. Son del siglo XVI, posteriores al cuerpo de la custodia. El ástil es de tipo arquitectónico con un nudo hexagonal de ventanales tríforos con tracería, gabletes, pináculos y cardinas. El templete es también de plata mixtilínea; tiene una plataforma donde descansa el viril o el araceli donde se coloca el Santísimo Sacramento, dos ángeles arrodillados añadidos en 1539 adoran el Sacramento. El viril es original, bellamente labrado y es de inmensa hermosura; en la cara anterior cabezas de querubines y ángeles rodean todo el círculo; perlas y piedras preciosas adornan el conjunto. Un dosel cobija la parte más importante de la custodia y éste formado por bóvedas nervadas en forma de estrella de seis puntas, tracería con pináculos y rodeado de crestería flordelisada. La custodia culmina con tres torres netamente góticas, la central más alta y coronada con una cruz, es un buen remate para una pieza de tanta categoría y elegancia.

En 1931 se depositó en la caja fuerte del Banco de España de Xàtiva, al año siguiente el gobierno republicano la entregó a los representantes de las Naciones Unidas en Ginebra; fue devuelta a la Colegiata siete años después, pero mutilada, le faltaba el pie, que el platero de Valencia Francisco Pajarón tuvo que reinterpretar.

La custodia sale en procesión en la fiesta del Corpus Christi. La costumbre de exponer el Santísimo Sacramento en la custodia aparece narrada por primera vez en la vida de Santa Dorotea en 1394; en el siglo XVI nació la costumbre de las Cuarenta Horas, que consistía en exponer el Santísimo a la vista de los fieles, durante ese tiempo consecutivo. La fiesta del Corpus se introdujo en el siglo XIII, aunque ya en el siglo XI, en el norte de Europa se llevaba el Santísimo en la procesión del Domingo de Ramos. El papa Urbano IV el 11 de agosto de 1264 ordena la fiesta universal del Santísimo Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.




San Juan y la Virgen. S.XVII • Anónimo

San Juan el apóstol y evangelista fue desterrado a la isla de Patmos y allí escribió el libro del Apocalipsis, hecho que refleja este lienzo de grandes dimensiones.

San Juan es el único apóstol que no muere mártir, aunque fue martirizado varias veces. Está arrodillado, sobre su rodilla izquierda descansa el libro, en la mano derecha. La pluma con la que escribe la Revelación. Su semblante regala paz, serenidad, contemplación, es de gran belleza. Ante el apóstol, la Virgen María; no olvidemos que Jesús, moribundo en la cruz, le dejó encargado del cuidado de su madre. La Virgen sostiene en sus brazos a Jesús niño y a los pies está colocado San Juan Bautista, también niño.

Tenemos varios elementos muy significativos y dignos de que nos fijemos en ellos: el cordero; éste representa a Cristo, el cordero de Dios que es degollado y con su sangre salva al mundo y quita el pecado de los hombres. Junto a él, un águila que es el símbolo del evangelista; en el cielo la Inmaculada y el dragón. En el Apocalipsis, San Juan nos habla de la mujer que sube al cielo, coronada con doce estrellas, la luna bajo sus pies; esta mujer está en cinta, a punto de dar a luz y un dragón espera el momento del parto para arrebatarle al recién nacido. Una escena llena de simbolismo. El mar y la barca, el pueblo. Una verdadera catequesis. El lienzo es del siglo XVII, de autor anónimo.

San Pablo. S. XVII • Anónimo

De autor anónimo, San Pablo es pintado con el libro de sus cartas en una mano y en la otra la espada, signo de su martirio en Roma.

Se data del siglo XVII; la pintura es buena, refleja la fuerza de la gracia que en San Pablo fructificó de tal manera que lo convirtió de fanático perseguidor de la Iglesia en el misionero más grande e influyente que ha tenido el cristianismo. Su rostro expresa fuerza, paz, ímpetu, ardor evangelizador. Pablo de Tarso amó a Jesucristo y se entregó por entero a predicar su palabra.

San Jacinto Castañeda

Nace en Xàtiva el 13 de enero de 1743, el mismo día es bautizado en la Colegiata, aquí podemos ver la partida de bautismo. Fruto del matrimonio cristiano José Castañeda y María Puchansons fueron el sacerdote de la Colegiata Vicente, el carmelita Carlo, Félix que ingresa en los dominicos de Xàtiva tomando el nombre de Jacinto, José y Rosa María, estos últimos contrageron matrimonio.

Jacinto a los 14 años ingresa en el convento de Xàtiva y en enero de 1759 hace su profesión religiosa. En Orihuela cursa dos años y luego embarca hacia Filipinas. Reinicia sus estudios en Manila y es ordenado sacerdote el 2 de junio de 1765.

Su primer destino es China. Durante tres años trabaja incansablemente en la evangelización; perseguido por ser misionero, logra escapar en diversas ocasiones, es apresado y torturado, finalmente es desterrado y amenazado de muerte si vuelve a China. Ahora es destinado a Tonkin, en Vietnam. Ha de atender sesenta iglesias y a unos once mil cristianos. El período desde febrero de 1770 hasta principios de julio de 1773 son años de intenso trabajo pastoral. El cristianismo está prohibido. Una noche, mientras administraba la Unción de los enfermos a un moribundo, es apresado y enjaulado. Después de tres largos meses, quieren que pisotee la cruz a lo que Jacinto se niega y ante sus fieles es decapitado. Tenía 30 años.

El relato de su glorioso martirio, contado por el prior de los dominicos de Tonkin en 1773, también figura en esta misma vitrina. Es un testimonio de primera magnitud, un verdadero tesoro espiritual para Xàtiva.

El Papa Juan Pablo II en 1988 canoniza a Jacinto María Castañeda Puchasons. Su fiesta se celebra el 7 de noviembre, día de su martirio.




José Ribera

En la misma vitrina está colocado el fotolito de la partida de bautismo de José Ribera, el «Españoleto». El primer gran maestro de la escuela española del siglo XVII y uno de los más significativos del barroco, considerado hoy como el verdadero orientador de la pintura española del siglo XVII.

Nació en Xàtiva el 17 de febrero de 1591, en la Colegiata fue bautizado y murió en Nápoles el 5 de septiembre de 1652. Es hijo de un humilde zapatero; su primera formación se dice que la recibió en Valencia, en el taller de Ribalta. Pasa muy joven a Italia y allí aprende la nueva forma barroca, de la que Caravaggio era el más destacado representante. Muy joven todavía, en 1617 le encontramos en Nápoles, casa con Catalina Azzolino. El duque de Osuna, virrey de aquel dominio de la corona de España, le designa pintor de cámara. Recibe varios honores de los sucesores virreyes.

Al declinar la corona de España empieza también a declinar el artista español; sus últimos años amargados por enfermedades y dramas familiares hacen sufrir mucho a José Ribera. Al morir es enterrado en la iglesia de la Mergeglina, en Nápoles. La obra de José Ribera es inmensa y toda ella de gran belleza; Madrid y Valencia recogen muchas de sus obras más famosas.

Joaquín Lorenzo Villanueva

Nació en Xàtiva el 10 de agosto de 1757, fiesta del diácono San Lorenzo; sus padres eran de clase media; aquí realizó sus primeros estudios de Xàtiva pasa a la universidad de Valencia donde estudió humanidades; influyeron en él grandes maestros que luego elogiará con cariño y fiel reconocimiento al bien recibido. Consigue el doctorado en Teología. Las universidades de Orihuela y Salamanca son escenarios de su cátedra, donde tiene ocasión de manifestar su sabiduría y talante.

En Madrid es ordenado sacerdote en 1782 y nombrado luego capellán real y predicador del rey Carlos IV, además de académico de las Reales Academias de la Historia y de la lengua.

Joaquín Lorenzo Villanueva escribió innumerables obras: entre 1791 y 1795 publica el Año Cristiano de España en 19 volúmenes, una obra colosal; también se distinguió con el libro Catecismo del Estado según los principios de la Religión, (1793). Otras obras suyas son: la traducción del Oficio de Semana Santa (1783), De la obligación de decir la Misa con circunspección y pausa (1788), De la lección de la Sagrada Escritura en lenguas vulgares (1791), El kempis de los literatos (1807), etc. Colaboró con su hermano Jaime (O.P.) en el Viaje literario a las Iglesias de España, obra monumental en 22 volúmenes.

Fue diputado en las Cortes de Cádiz de 1810 a 1813, consiguiendo la restitución del nombre histórico de su ciudad natal (26-11-1811) y efímeramente la Sede Episcopal en abril de 1814.

Por sus pensamientos liberales fue varias veces desterrado. En 1823 se exilió de España, en Londres y Dublín. Era un hombre equilibrado, influyente y moderado, abierto al dialogo y quizás por eso incomprendido por muchos. Dublín será su última estancia y allí, en 1824, murió.

Deán Mollá. S.XVII

El deán Félix Mollá, es del siglo XVIII, ocupó el cargo desde 1766 hasta 1789. El Deán era la más alta dignidad eclesiástica entre el Cabildo de la Colegiata; hoy su figura la encarna el Abad.

En el capítulo de la Colegiata de 3 de julio de 1797, a instancias del canónigo Timoteo Esteve, se aprueba mandar pintar los cuadros de eclesiásticos ilustres de la ciudad para iniciar una galería de retratos: «el señor Esteve propuso que deseaba ya hace mucho tiempo adornar la sacristía con algunas pinturas que representasen los dos sumos pontífices hijos de esta ciudad, el señor Calixto III y el señor Alexandro VI, con seis de los retratos de los obispos setabitanos que florecieron antes de la invasión de los moros, y se le respondió que lo practicase como fuese de su gusto y que el cabildo agradecía su buen afecto». Estas ocho pinturas estaban ya acabadas junto con una del Ecce Homo, otra de San Felipe Neri en oración y una tercera de San Francisco Javier el 20 de enero de 1798, pues en esta fecha el cabildo da gracias al canónigo Esteve por haber sufragado estas obras.

La sacristía llegó a tener una colección de treinta obras, queda ahora, lamentablemente, sólo el retrato del deán Mollá. Don Félix Mollá y Pastor había nacido en Montaverner en 1715. Ocupó el cargo de deán siendo ya canónigo de la Colegiata, durante 36 años; murió el 16 de junio de 1802.

Deán Ortiz. S.XIX

Al deán Mollá le sustituyó el deán Ortiz, al cual se le considera una figura importante en la vida de la Colegiata.

Nace en Aielo de Malferit un 6 de septiembre de 1739; sus padres eran labradores y se llamaban Francisco Ortíz y María Sanz. Le confirmó el arzobispo Andrés Mayoral; influyó mucho en su formación el cura don Patricio Ferrer, doctor en teología y hombre emprendedor. José Ortíz compaginaba los estudios y las tareas del campo ayudando a su padre y eso hasta los dieciséis años. En la universidad de Valencia se matricula en filosofía tomística; en Orihuela obtuvo el doctorado en derecho civil y canónico en 1764. En Valencia estudia teología moral y se matricula en la Academia de Bellas Artes a la espera de ser ordenado sacerdote, hecho que se produce en 1767. En 1774 es nombrado vicario mayor de Xàtiva y asiste también como vicario al cuartel de inválidos existente en la ciudad.

En la primavera de 1778 partió a Italia a lomos de caballerías y carros de la época. Seis años de trabajo de investigación arqueológica y relacionado en la arquitectura en Roma. Vuelve a España instalándose en Madrid y preparando la edición de su obra «Vitruvio Español». El rey Carlos III ordenó que se editara a todo lujo, la obra constaba de diez volúmenes. Su fama se extendió por toda la corte y mereció el título de Académico de Honor por la Real Academia de San Fernando.

El rey Carlos IV le nombró deán de la Iglesia Colegial de Xàtiva en 1802. Su tarea en la Colegiata fue intensa y fructífera, influyó en la arquitectura de la fábrica de La Seo, incluso se le consideró maestro de obras. Murió el 21 de diciembre de 1822. En Xàtiva quedan testimonios documentales, autógrafos, entre los que destacan algunas cartas.

Beato Gonzalo Viñes

Nace en Xàtiva el 19 de enero de 1883, el bachillerato lo estudió aquí y luego marchó al seminario; fue ordenado sacerdote en 1906.

Su primer cargo fue ser vicario de la Seo y luego pasó a ser beneficiario y más tarde canónigo. Perteneció a la sociedad aragonesa de Ciencias Naturales, a la de Buenas Letras de Barcelona, al Centro de Cultura Valenciana y la Servicio de Investigación Prehistórica de la Diputación de Valencia, bajo cuyos auspicios excavó la estación neolítica de «Cova Negra».

Fue cronista de Xàtiva, fundador del museo de la ciudad, director del semanario El Obrero Setabense, publicó entre otros libros el de La Patrona de Játiva, libro que podemos observar en la vitrina; a él se debe el hallazgo de la partida de bautismo del pintor Ribera y también el hallazgo arqueológico del Ara del obispo Atanasio (S.VII) en 1918, en el subsuelo de la antigua catedral visigótica de San Félix.


Su ministerio sacerdotal fue también fructífero, organizó la Acción Católica y trabajó mucho y bien en la educación cristiana de la juventud.

Al empezar la guerra civil de España fue obligado a alistarse en la C.N.T. pero no pudieron convencerle. Le ofrecieron la vida a cambio de su renuncia como sacerdote, a lo que él contestó: «soy sacerdote desde que se me ordenó y moriré siendo sacerdote». Y así ocurrió en el término de Vallés el 10 de diciembre de 1936, cuando dio la vida por Jesucristo y la Iglesia.

Fue beatificado junto con el del Abad D. Francisco de Paula Ibáñez, por el Papa Juan Pablo II, el 11 de marzo de 2001.

D. Juan Vayá, primer Abad mitrado

Nació en L’Olleria el 17 de Abril de 1894. Ingresó en el seminario conciliar en el año 1909 siendo ordenado sacerdote en 1917. Comenzó su actividad pastoral como Vicario en su pueblo natal y luego en la Nucia y Jalón; es nombrado párroco de Rafelguaraf y después de unos años ecónomo de Massamagrell.

Después de la guerra civil fue nombrado Abad de Xàtiva y en Julio de 1939 ya estaba en Xàtiva. El abad Vayá trabajó enormemente en la reconstrucción de La Seu; son muchas las obras que realizó; fundó el comedor parroquial que durante 17 años repartió comida a los pobres; su actividad pastoral se destacó por la dedicación hacia todos animando, en esos tiempos difíciles, a trabajar en la reconstrucción espiritual de la parroquia.

El Papa Pablo VI en 1966 concedió el privilegio de mitra, báculo y anillo al Abad de Xàtiva, privilegio del cual fue investido don Juan Vayá por el Arzobispo don Marcelino Olaechea.

En 1968 el abad Juan Vayá dejó la parroquia después de 29 años de trabajo pastoral en Santa María como abad párroco y pasó a ser capellán del asilo Montañés de Valencia y canónigo honorario de la catedral. Su ilusión era morir en Xàtiva y volvió ya casi ciego. Murió a los 80 años el 11 de Enero de 1983, sus restos descansan en el cementerio setabense.