Constantino el GrandeSe cumplen 1700 años • Constantino el Grande
Año 312 - “Con este Signo vencerás”

Desde nuestra Hoja Parroquial queremos homenajear al emperador Constantino el Grande que por inspiración y ayuda divina logró la paz para el Cristianismo que tanta sangre había derramado por sus innumerables mártires en Roma. Tras la victoria en el puente Milvio, Constantino firmará un año después el Edicto de Milán en el 313 y la paz reinará en el Imperio. La Iglesia gozará de libertad religiosa y podrá rendir culto a Jesucristo, el Señor. Desde aquí daremos una visión histórica lo más rigurosa posible sobre la
figura del emperador, su obra, la influencia de su madre santa Elena y los grandes monumentos levantados en Roma y en Tierra Santa durante su mandato.

La batalla del puente Milvio y el Edicto de Milán

Batalla del puente MilvioDespués de esta visión el emperador Constantino estaba seguro de la conquista que había de alcanzar en el nombre de Cristo, quien se le había aparecido en el signo de la Cruz salvadora. La Cruz es la señal del cristiano como muy bien definiría el catecismo de la Iglesia católica. Al darse cuenta de la intervención divina todos los guerreros llevaban el monograma de Cristo, lo que llamamos el Crismón de Constantino.

Las dos fuerzas en conflicto se encontraron cerca del puente sobre el río Tíber denominado el puente Milvio. Fue aquí donde las fuerzas de Majencio sufrieron la derrota definitiva, habiendo el tirano perdido su vida en el Tíber, el 28 de Octubre del 312. El vencedor inmediatamente ofreció su gratitud al Dios de los Cristianos el cual fue a partir de ese momento tolerado en todo el imperio. El emperador trató a sus enemigos con gran magnanimidad; las acostumbradas ejecuciones sangrientas no fueron la consecuencia de la victoria del puente Milvio. Constantino permaneció en Roma tan solo durante un corto tiempo. Siguió a Milán a finales del 312 o principios del 313 para encontrarse con su colega Augusto Licinio a quien entregó en matrimonio a su hermana y logró que garantizara la protección de los cristianos de Oriente y a cambio ofreció su protección contra Maximino Daia, este último un pagano intolerante y cruel tirano quien persiguió a los Cristianos aún luego de la muerte de Galerio. Fue éste finalmente derrotado por Licinio, cuyos soldados, siguiendo órdenes suyas, habían invocado al Dios de los Cristianos en el campo de batalla el 30 de Abril del 313. Maximino a su vez, imploró al Dios de los Cristianos, pero murió de dolorosa enfermedad en el otoño siguiente. No fue fácil para el emperador conservar la paz con todos sus enemigos. Hubo luchas y guerras contra ellos, entre ellos Licinio quien traicionó a Constantino y éste se alzó contra él. El emperador le perdonó la vida. Sin embargo, cuando en el año siguiente 325 Licinio reanudó sus traicioneras costumbres, fue condenado a muerte por el Senado Romano y ejecutado.

En adelante, Constantino quedó como monarca único del Imperio Romano. Poco después de la muerte de Licinio, Constantino determinó que la futura capital del imperio fuera Constantinopla y con su acostumbrado ímpetu tomó todas las medidas para hacer de esa ciudad una más grande, fuerte y hermosa. Nos cuenta el obispo Eusebio de Cesarea que el emperador elaboró una cruz, que sería el Crismón de Constantino, de la siguiente manera: una larga asta revestida de oro disponía de un largo brazo transversal colocado a modo de cruz; arriba, en la cima de todo, se apoyaba sólidamente entretejida a base de preciosas gemas y oro una corona, sobre la cual dos letras indicaban el nombre de Cristo y connotaban el símbolo de la salvífica fórmula por medio de los dos primeros caracteres. Más tarde tomó el emperador la costumbre de llevarlo en el yelmo. Constantino reconoció como bueno no reverenciar otro dios que el que había visto y a partir de ese momento pidió que le enseñaran quién era el Dios de los cristianos, quería conocer la sagrada Escritura y un día recibir el Bautismo. Una vez en Milán el emperador Constantino quiso proclamar la Religión cristiana como oficial para todo el Imperio y para ello publicó el famoso Edicto de Milán. Este Edicto de Milán (en latín, Edictum Mediolanense), conocido también como la tolerancia del cristianismo, fue promulgado en junio del año 313, al año siguiente de la victoria del puente Milvio y de la visión de la santa Cruz; por este Edicto se estableció la libertad de religión en el Imperio romano, dando fin a las persecuciones dirigidas por las autoridades contra los cristianos, cuyos mártires ya eran muy numerosos. El edicto fue firmado por Constantino I el Grande y Licinio, dirigentes de los imperios romanos de Occidente y Oriente, respectivamente.

En el momento de la promulgación del edicto, existían en el Imperio cerca de 1.500 sedes episcopales y al menos de 5 a 7 millones de habitantes de los 50 que componían al imperio profesaban el cristianismo. Después de la aprobación, se inició la etapa conocida por los historiadores cristianos como la Paz de la Iglesia. El Edicto, entre otras cosas, determinaba lo siguiente: “Habiendo advertido hace ya mucho tiempo que no debe ser cohibida la libertad de religión, sino que ha de permitirse al arbitrio y libertad de cada cual, se ejercite en las cosas divinas conforme al parecer de su alma, hemos sancionado que, tanto todos los demás, cuanto los cristianos, conserven la fe y observancia de su secta y religión... que a los cristianos y a todos los demás se conceda libre facultad de seguir la religión que a bien tengan; a fin de que quienquiera que fuere el numen divino y celestial pueda ser propicio a nosotros y a todos los que viven bajo nuestro imperio. Así, pues, hemos promulgado con saludable y rectísimo criterio esta nuestra voluntad, para que a ninguno se niegue en absoluto la licencia de seguir o elegir la observancia y religión cristiana. Antes bien sea lícito a cada uno dedicar su alma a aquella religión que estimare convenirle”.