La sociedad que queremosCada día asistimos a fenómenos desagradables que ocurren en nuestra sociedad y que van creando un clima de agresividad, delincuencia y muy mal estar. Ese movimiento, si hay que llamarlo así, mina la convivencia humana.

¿Dónde está la raíz de todo esto?

Hay que buscarla en primer lugar en la educación. Que a nadie le sepa mal, pero esa es la realidad.

Partimos de la familia. Los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos. Se consienten demasiadas posturas que no son buenas y las pasan como normales. Yo sé de padres que justifican todo lo hacen sus hijos, aunque esté mal hecho. Falta ejercer la autoridad con cariño y comprensión, pero autoridad. También veo cómo muchos padres sufren cuando ven que sus hijos no responden a la educación recibida y eso también es verdad.

Los padres deben predicar con el ejemplo. En la familia sobran gritos, faltas de respeto entre los cónyuges y hacen falta signos de amor, de perdón, de escucha y que los vean los hijos.

¿Saben los padres lo que sus hijos ven por internet? ¿Saben los padres lo que sus hijos tienen grabado en sus móviles y para qué lo utilizan? ¿Saben los padres lo que piensan y cómo actúan los amigos y amigas de sus hijos? No se trata de fisgonear, se trata de saber lo que hacen y cómo actúan. No se pueden ni deben desentenderse los padres de su responsabilidad. Los hijos son lo mejor de cada familia y hay que cuidarlo con esmero, con preocupación y con inquietud.

Los medios de comunicación pueden hacer un gran bien, pero también un gran mal. Y eso hay que tenerlo en cuenta.

 Vivir la fe

Y en cuanto a la vida cristiana, seamos realistas: si los padres no viven la fe, ¿la van a vivir sus hijos? Muchos niños hacen la Primera Comunión y ya no vuelven por la Iglesia, al igual que la Confirmación; entonces, ¿para qué sirve todo esto? Yo tengo a padres de niños que nunca les he visto por la Iglesia. Y niños metidos en movimientos cristianos que al llegar el verano ya no asisten a la Eucaristía dominical porque sus padres no van, no les traen ni se lo facilitan si están fuera de la ciudad.

No hace mucho contemplaba una celebración en un colegio donde los niños y jóvenes eran abundantes. A muchos de ellos les he confirmado y ya nunca más supe de ellos y a la hora de la comunión les vi cómo se enfilaban todos a comulgar. Ese es otro problema que deberíamos afrontar. Yo lo he manifestado a los directores correspondientes.

Eso es lo que ahora tenemos y no lo queremos. ¿Qué hacer?

Dialogar, trabajar, rezarLo que decía el otro día el papa Francisco: dialogar, trabajar y rezar.

En la familia, estar más con los hijos, hablar con ellos, rezar juntos desde el principio, asistir a la Misa dominical; hablar de sus problemas, asistir a las reuniones que convocan colegios y parroquia; predicar con el ejemplo y lo que me decía una madre con mucha gracia y acierto cuando el domingo les hablaba de Jesucristo, decían los hijos: “Ya va la homilía de la mamá”. Pues sí, hace falta la homilía de la mamá.

Los padres deben vivir la fe: ahí está el secreto del triunfo. Tenemos un enorme sector de padres jóvenes que no asisten casi nunca a la Misa dominical, nunca a ninguna catequesis y cuando tienen ocasión de entrar en la iglesia por una celebración marchan a la plaza a tomar un refresco y prescinden de acompañar a sus amigos en la celebración religiosa, no en la social. Esa es la realidad.

Dios en el noviazgo y en el matrimonioYo estoy convencido de que si Dios está presente en el noviazgo y luego en el matrimonio las cosas van mucho mejor. Dios debe estar muy presente en la familia, ocupar el puesto que le corresponde que es el principal.

Los curas en su parroquia trabajar más y mejor. Preparar muy bien las homilías, la celebración de la Eucaristía, atender con respeto, delicadeza y paciencia a los fieles en sus necesidades. Cuidar la celebración de los entierros y los sacramentos; atender con delicadeza los confesonarios. En definitiva ser Iglesia y hacer Iglesia. Mucho depende de una parroquia bien llevada.

Los sacerdotes tenemos una enorme misión por delante, el papa Francisco no para de darnos pistas en sus intervenciones, nos anima y nos advierte de nuestra responsabilidad como Pastores del Pueblo de Dios. Hacen falta curas de cuerpo entero.

TODOS hacemos parroquia

Debemos exigir a nuestros gobernantes una educación de calidad, con valores morales, humanos y religiosos para quienes los pidan con el derecho que les concede nuestra Constitución. 

Todos, gobernantes, maestros, profesores, sacerdotes, catequistas, debemos trabajar por crear una sociedad mejor, más humana, más honrada; con valores y virtudes: honestidad, verdad, trabajo, comprensión, entrega generosa a hacer el bien. Debemos comprometernos a desterrar del vocabulario social aquellas palabras que hieren, que ofenden, que invitan a la desfachatez y a la agresividad y al insulto. Arrancar de los mayores, también de gente anciana, jóvenes y adolescentes, la blasfemia que es una degradación del ser humano.

 

Jesús, en Tí confío

 

Enseñar a la sociedad a respetar a todos piensen como piensen, respetar los sentimientos religiosos, respetar a los católicos tan atacados, insultados y ridiculizados en los medios, en algunos institutos, universidades y por la calle. Enseñar a los niños desde su nacimiento a hacer el bien, a no justificar nunca el mal.

Y termino. En el Evangelio tenemos la barita mágica. En las palabras de Jesucristo está la clave para construir una sociedad mejor. Por eso me gustaría que los gobernantes, los políticos, los maestros, abogados, jueces, los empresarios, los trabajadores, los sacerdotes, los catequistas, los deportistas y todas  aquellas personas que influyen en la sociedad, tomáramos muy en serio esta reflexión que al final del curso les he querido ofrecer.

Sé lo difícil que resulta poner en marcha esta depuradora, pero soy creyente y también sé que Dios nos ayuda y a Él acudo pidiendo conocimiento, ganas de trabajar, paciencia, generosidad y agallas para crear un mundo mejor.

 

D.Arturo Climent Bonafe.