Memória histórica

San Clemente

San Clemente de alejandría
(año 155- 225)

Nació hacia el año 150, probablemente en Atenas, de padres paganos; después de hacerse cristiano, viajó por el sur de Italia y por Siria y Palestina, en busca de maestros cristianos, hasta que llegó a Alejandría; las enseñanzas de Panteno hicieron que se quedara allí. Hacia el año 202, la persecución de Septimio Severo le obligó a abandonar Egipto, y se refugió en Capadocia, donde murió poco antes de 215. Su conocimiento de los escritos paganos y de la literatura  cristiana es notable.

San Irineo de Lyon

San Ireneo de Lyon
(año 140-202)

Había nacido en Asia, quizás en Esmirna. El año 177 fue elegido como obispo de Lyon. Tuvo que intervenir otra vez como pacificador en una controversia entre Roma y los obispos de Asia. Se le venera como mártir. La obra más importante de san Ireneo es la que escribió contra las herejías: “Adversus haereses”. Expone la doctrina cristiana no sólo con gran claridad sino también muy bien estructurada en un armazón especulativo propio, escogiendo con acierto términos precisos; de modo que se le suele considerar el primer teólogo.

pastor de hermásPastor de Hermas (a)

El Pastor de Hermas es una obra cristiana del siglo ii que no forma parte del canon neotestamentario y que gozó de una gran autoridad durante los siglos ii y iii. Tertuliano e Ireneo de Lyon lo citan como «Escritura», el Codex Sinaiticus lo vincula al Nuevo Testamento y en el Codex Claromontanus figura entre los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de Pablo.

La primera versión de la obra fue escrita en griego, y de ella no se ha conservado el texto completo, pero inmediatamente fue traducida al latín quizás por su propio autor, Hermas de Roma.

Menciones en la literatura antigua cristiana

En la Epístola a los Romanos (16, 14), Pablo saluda a los cristianos de Roma entre los que cita a uno llamado Hermas a quien Orígenes considera el autor del Pastor. Sin embargo, tres antiguos testimonios, uno de ellos contemporáneo de la propia obra, afirman que Hermas era hermano del papa Pío I cuyo pontificado se extendió más o menos entre los años 140 y 155. Esta datación es la que propuso en 1891 J.B. Lighfoot. Estos tres testimonios son:

- El Fragmento Muratoriano, una compilación escrita hacia el año 170 que constituye el primer canon del Nuevo Testamento recoge: Cuando Hermas, redactó el Pastor muy recientemente, en nuestra época, en la ciudad de Roma, mientras el obispo Pío, su hermano, ocupaba la sede de la iglesia de la ciudad de Roma

- El Catálogo Liberiano que serviría posteriormente de base para componer el Liber Pontificalis, recoge en un párrafo datado en el 235 que: Bajo el episcopado de Pío, su hermano Hermas escribió un libro que contiene los preceptos que le entregó un ángel que se le apareció como un Pastor.

- Un poema contra la doctrina de Marción, escrito entre los siglos iii y iv por un escritor que adopta el nombre de Tertuliano y conocido como PseudoTertuliano que afirma: Entonces, después de él, Pío, cuyo hermano según la carne era Hermas, el pastor angélico, porque él declama las palabras que le fueron dadas por el ángel. Estos tres testimonios parecen citar una misma fuente, la obra perdida de Hegesipo que también sería utilizada por Eusebio de Cesarea para elaborar su Historia Ecclesiastica.

Discurso a Diogneto hacia el año 180

Se trata de un breve tratado apologético dirigido a un tal Diogneto que, al parecer, había preguntado acerca de algunas cosas que le llamaban la atención sobre las creencias y modo de vida de los cristianos: “Cuál es ese Dios en el que tanto confían; cuál es esa religión que les lleva a todos ellos a desdeñar al mundo y a despreciar la muerte, sin que admitan, por una parte, los dioses de los griegos, ni guarden, por otra, las supersticiones de los judíos; cuál es ese amor que se tienen unos a otros, y por qué esta nueva raza o modo de vida apareció ahora y no antes» (Cap. 1).

El desconocido autor de este tratado, compuesto seguramente a finales del siglo ii, va respondiendo a estas cuestiones en un tono más de exhortación espiritual y de instrucción que de polémica o argumentación.

Literariamente es, sin duda, la obra más bella y mejor compuesta de la literatura apologética: sus formulaciones acerca de la postura de los cristianos en el mundo o del sentido de la salvación ofrecida por Cristo son de una justeza y una penetración admirables.

san justinoEncontramos un testimonio de gran belleza y significado del año 150 sobre la celebración de la Eucaristía, escrito por san Justino, seglar nacido en Palestina, en el actual Nablús, filósofo y mártir de Cristo y dirigido al emperador pagano Antonino Pío y a su hijo Marco Aurelio:

«Participan en la celebración de la Eucaristía los bautizados que confesaron la fe y aceptaron la doctrina y además viven como Cristo mandó. Se reúnen los de la ciudad y los del campo, los domingos, el día llamado del sol. Se leen las Escrituras de los Profetas y de los Apóstoles. Después, cuando ha terminado el lector, el que preside toma la palabra para amonestar y exhortar a la imitación de cosas tan insignes. Después nos levantamos todos a la vez y elevamos nuestras preces por la Iglesia y por el mundo. Nos damos el beso de la paz. Son presentadas las ofrendas de pan, vino y agua al presidente y el celebrante dice sobre ellas la oración consecratoria a la que el pueblo responde «Amén» y después los diáconos distribuyen los dones consagrados entre los presentes y se lleva también a los ausentes. Este alimento se llama entre nosotros Eucaristía. Estas cosas no las tomamos como alimento corriente ni bebida ordinaria, sino que así como el Verbo tuvo verdadera carne, así por la palabra de oración que procede de Cristo, este alimento eucaristizado es la carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó» (Ap. I). El Catecismo de la Iglesia Católica cita también este escrito en su número 1345.

(Del libro He dejado de ir a Misa de A. Climent)