cenáculoEntramos de lleno en el Triduo Pascual. El Jueves santo se celebra por la mañana la Misa Crismal en Roma y en muchas diócesis, en otras se traslada al miércoles para que los sacerdotes puedan asistir con mayor facilidad. La Misa de la Cena del Señor se celebra por la tarde. No ocurría así en Jerusalén en el siglo iv. Nuestra peregrina Egeria, que asiste a los Oficios sagrados, nos lo describe con todo detalle tanto en los actos de la mañana como en los de la tarde y noche. Es un día muy especial.

1. «Item, en la feria quinta, desde el primer canto del gallo, se hace lo de costumbre hasta la mañana en la Anástasis, y lo mismo a la hora tercia y a la sexta. A la hora octava se reúne todo el pueblo en el Martirio, según costumbre, pero más pronto que los demás días, porque es necesario hacer antes la despedida. Así es que, reunido todo el pueblo, se hace lo que hay que hacer. Ese mismo día se hace la oblación en el Martirio, y allí mismo se hace la despedida a eso de la hora décima. Pero antes de la despedida, avisa en voz alta el archidiácono y dice: «A la hora primera de la noche reunámonos todos  en la iglesia de Eleona, porque hoy en esta noche nos espera muchísimo trabajo.

2. Hecha la despedida del Martirio, se va detrás de la Cruz, se dice allí un solo himno, se hace oración, ofrece allí el obispo la oblación y comulgan todos. Éste es el único día, durante todo el año, en que se ofrece detrás de la Cruz en este día. Hecha también allí la despedida, se va a la Anástasis, se hace oración, son bendecidos según costumbre los catecúmenos y los fieles, y se hace la despedida. Luego cada cual se apresura a volver a su casa para comer; porque inmediatamente después de comer todos van a Eleona a la iglesia donde está la gruta en la que este mismo día estuvo el Señor con los apóstoles.

3. Y allí, hasta eso de la hora quinta de la noche, se dicen continuamente himnos o antífonas, lo mismo que lecciones apropiadas al día y al lugar, intercalando oraciones. Léense también aquellos textos del evangelio, en los que el Señor habló a los discípulos ese mismo día, sentado en la misma gruta, que se halla en esta iglesia.

4. Desde allí, a eso de la hora sexta de la noche, se va subiendo al Inbomon con himnos, al lugar desde donde el Señor subió al cielo. Y allí también se dicen lecciones, himnos y antífonas correspondientes al día. Se hacen además otras oraciones que dice el obispo, apropiadas al día y al lugar.

5. Así, pues, cuando comienza a ser el canto de los gallos, se baja del Inbomon cantando himnos y se llega al lugar mismo en que oró el Señor, como está escrito en el evangelio: «Y se apartó como un tiro de piedra y oró» y lo demás. En ese lugar hay una iglesia elegante. Entra en ella el obispo y todo el pueblo, se dice allí una oración propia del lugar y del día, se dice también un himno apropiado y se lee el mismo texto del evangelio donde dijo a sus discípulos: «Velad, para que no entréis en tentación». Se lee allí todo ese pasaje y se hace de nuevo oración.

galicanto6. Y de allí, con himnos, bajan a pie con el obispo a Getsemaní, aun los niños pequeños. Como es tan grande la multitud de gente y están cansados por las vigilias y ayunos cotidianos, y como hay que bajar monte tan alto, se llega a Getsemaní poco a poco, cantando himnos. Más de doscientas antorchas de iglesia han sido preparadas para alumbrar a todo el pueblo.

7. En llegando a Getsemaní, se reza primero una oración apropiada y se dice un himno; luego se lee el texto del evangelio donde fue prendido el Señor. Acabado de leer este texto, todo el pueblo prorrumpe en tales sollozos, gemidos y lloros, que tal vez se oyen en la ciudad estos gemidos de todo el pueblo. Después de aquel acto se va a la ciudad a pie cantando himnos; se llega a la puerta a la hora en que un hombre apenas puede distinguir a otro hombre, y de allí van todos por el medio de la ciudad, sin faltar uno solo: mayores y menores, ricos y pobres, todos están allí presentes; especialmente ese día nadie se retira de las vigilias hasta la mañana. Es, pues, acompañado el obispo desde Getsemaní hasta la puerta, y luego por toda la ciudad hasta la Cruz.

8. Cuando se llega ante la Cruz, ya el día comienza a ser claro. Allí se lee de nuevo el texto del evangelio en que el Señor es llevado a Pilato, y todo lo que está escrito haber dicho Pilato al Señor y a los judíos: todo se lee. Luego habla el obispo al pueblo, animando a todos, por haber sufrido durante toda la noche y por lo que aún sufrirán durante este día; que no se arredren, sino que pongan su confianza en Dios, que les dará mayor recompensa por tanta pena. Y animándolos, como podía, les hablaba diciendo: «Id ahora cada cual  vuestras casitas; descansad un poco, y hacia la hora segunda del día estad todos prontos aquí, para que desde esa hora hasta la sexta podáis ver el santo leño de la cruz, que nos aprovechará para la salvación a todos nosotros creyentes; pues desde la hora sexta de nuevo tenemos que estar reunidos todos en este lugar, ante la Cruz, para darnos a lecturas y oraciones hasta la  noche».