cruxificciónEste día es santísimo, celebramos la Pasión de Nuestro Señor, toda la jornada debe ser para Dios. Dediquemos todas las cosas, todos los actos a meditar en la Pasión del Señor. En la Iglesia está el Santísimo en el Monumento, hagamos un rato de oración. Es día de ayuno y abstinencia, hagámoslos bien. Y no dejemos de participar por la tarde en la celebración de la Pasión del Señor, donde adoraremos la santa Cruz. Ahora verán cómo se vivía en Jerusalén y cómo nos lo cuenta nuestra peregrina Egeria.

1. «Después de esto, hecha la despedida de la Cruz, esto es, antes de la salida del sol, todos, animosos, van con presteza a Sión a orar ante la columna a la cual fue flagelado el Señor. Vueltos de allí, descansan un poco en sus casas y pronto están todos dispuestos. Es colocada la cátedra para el obispo en el Gólgota detrás de la Cruz, que ahora está plantada; siéntase el obispo en la cátedra; es colocada ante él una mesa cubierta con un lienzo; alrededor de la mesa están de pie los diáconos; es traído el relicario de plata dorada en el que está el santo leño de la cruz, es abierto y sacado, y se ponen en la mesa  tanto el leño de la cruz como el título.

2. Después de colocado en la mesa, el obispo, sentado, aprieta con sus manos las extremidades del leño santo, y los diáconos, que están de pie alrededor, hacen la guardia. Se hace así la guardia, porque es costumbre que todo el pueblo vaya viniendo uno por uno, tanto los fieles como los catecúmenos; e inclinándose ante la mesa besan el santo leño, y van pasando. Dícese que alguien, no sé cuándo, dio un mordisco y se llevó algo del santo leño; por eso ahora los diáconos que están alrededor lo guardan con tanto cuidado, para que nadie de los que vienen se atreva a hacerlo de nuevo.

piedra unción3. Y así todo el pueblo va pasando uno a uno, inclinándose todos van tocando, primero con la frente y luego con los ojos, la cruz y el título, y besando la cruz van pasando; pero nadie alarga la mano para tocarla. Y cuando después de besar la cruz han ido pasando, un diácono, de pie, tiene el anillo de Salomón y el cuerno aquel con cuyo aceite eran ungidos los reyes. Besan el cuerno y el anillo desde la hora segunda, más o menos; y así hasta la hora sexta va pasando todo el pueblo, entrando por una puerta y saliendo por otra; por esto se hace en aquel lugar donde el día anterior, la feria quinta, fue hecha la oblación.

4. Pero cuando ha llegado la hora sexta, se va ante la Cruz, que llueva o haga calor, porque el lugar está al aire libre: es como un atrio muy grande y muy hermoso, que se  halla entre la Cruz y la Anástasis. Allí, pues, se reúne todo el pueblo, de modo que ni pasar se puede.

5. Colócase una cátedra para el obispo delante de la Cruz, y desde la hora sexta a la nona no se hace otra cosa más que leer lecciones, de esta manera: se lee primero de los Salmos, siempre que traten de la pasión; léese luego del Apóstol o epístolas de los Apóstoles, o de los Hechos, siempre que traten de  la pasión del Señor; también de los Evangelios se leen los lugares donde padeció; se lee de los Profetas, donde anunciaron que padecería el Señor; también de los Evangelios, donde hablan de la pasión.

6. Y así, desde la hora sexta hasta la hora nona se leen continuamente lecciones o se dicen himnos, para demostrar a todo el pueblo que cuanto dijeron los profetas de la futura pasión del Señor se ve cumplido en los Evangelios y en las escrituras de los Apóstoles. Y así, durante aquellas tres horas se enseña a todo el pueblo que nada ha sucedido que no haya sido dicho antes, y que nada ha sido dicho que no se haya cumplido. Siempre se van intercalando oraciones, ellas también apropiadas al día.

La piedad de Goya7. A cada una de las lecciones y oraciones va unido tal sentimiento y gemidos de todo el pueblo, que es admirable; pues no hay nadie, grande ni chico, que durante las tres horas de aquel día deje de llorar tanto que ni expresarse puede: que el Señor haya sufrido por nosotros tales cosas. Después de esto, cuando ya comienza a ser la hora nona, léese aquel lugar del evangelio según Juan donde entregó su espíritu: leído el cual se dice una oración, y es la despedida.

8. Y hecha la despedida delante de la Cruz, en seguida se reúnen todos en la iglesia mayor, en el Martirio, y se hace todo lo que es costumbre hacer durante esta semana, desde la hora nona en que se va al Martirio hasta la tarde. Hecha la despedida, se va del Martirio a la Anástasis. Y allí, apenas llegados, se lee el lugar del evangelio en que José pide a Pilato el cuerpo del Señor y lo pone en el sepulcro nuevo. Leído esto, se hace oración, son bendecidos los catecúmenos, y luego se hace la despedida.

9. Ese día no se anuncia en voz alta que habrá vigilia en la Anástasis, porque se sabe que el pueblo está cansado; pero como es costumbre que haya vigilia allí, los que quieren o los que pueden del pueblo velan; los que no pueden, no velan hasta la madrugada; pero los clérigos, los que son más fuertes o más jóvenes hacen allí vigilia, y durante toda la noche se dicen himnos y antífonas hasta la madrugada. Son muchos los que velan: unos desde la tarde, otros desde medianoche, como pueden».