Duc in altum - Rema mar adentro
Vía Crucis - SÉPTIMA ESTACIÓN Jesús cae la segunda vez con la cruz
- Vía Crucis
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- TERCERA ESTACIÓN Jesús cae la primera vez debajo de la cruz
- CUARTA ESTACIÓN Jesús encuentra a su afligida madre
- QUINTA ESTACIÓN Simón ayuda a Jesús a llevar la cruz
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- SÉPTIMA ESTACIÓN Jesús cae la segunda vez con la cruz
- OCTAVA ESTACIÓN Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús
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SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae la segunda vez con la cruz
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera la segunda caída de Jesús debajo de la Cruz, en la cual se le renueva el dolor de las heridas de su cabeza y de todo su cuerpo al afligido Señor.
OH pacientísimo. Jesús mio. Vos tantas veces me habéis perdonado, y yo he vuelto a caer y a ofenderos. Ayudadme, por los méritos de esta nueva caída, a perseverar en vuestra gracia hasta la muerte. Haced que en todas las tentaciones que me asalten, siempre y prontamente me encomiende a Vos. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío! más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.
Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.
[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
«Yo soy un gusano, no un hombre; el oprobio de los hombres y el desecho del pueblo» (sal 22 [21],7): las palabras del salmista-profeta encuentra su plena realización en estas estrechas, arduas callejuelas de Jerusalén, durante las últimas horas que preceden a la pascua. Ya se sabe que estas horas, antes de la fiesta, son extenuantes y las calles están llenas de gente. En este contexto se verifican las palabras del salmista, aunque nadie piense en ellas. No se detienen en ellas ciertamente todos cuantos dan pruebas de desprecio, para los cuales este Jesús de Nazaret que cae por segunda vez bajo la cruz se ha hecho objeto de escarnio.
Y El lo quiere, quiere que se cumpla la profecía. Cae, pues, exhausto por el esfuerzo. Cae por voluntad del Padre, voluntad expresada asimismo en las palabras del profeta. Cae por propia voluntad, porque «¿cómo se cumplirían, si no, las escrituras?» (Mt 26,54):«Soy un gusano y no un hombre» (Sal 22 [21], 7); por tanto ni siquiera «Ecce Homo» (Jn 19,5); menos aún, peor todavía.
El gusano se arrastra pegado a tierra; el hombre en cambio, como rey de las criaturas, camina sobre ella. El gusano carcome la madera: como el gusano, el remordimiento del pecado roe la conciencia del hombre. Remordimiento por esta segunda caída.

