En verdad os dijo todo aquello que pidiereis en mi nombre a mi Padre, El os lo concederá
(06) - Beato Ricardo Plá Espí. Se cumplen 75 años de su martirio.
«Estaba la Madre Dolorosa junto a la Cruz, llorosa, mientras que de ella pendía el Hijo de sus entrañas», canta el poema alegórico por excelencia de los Dolores de la Virgen, puesto en boca de la Iglesia por uno de sus esclarecidos hijos, Santiago Bendetti.
No hay amor, había dicho repetidas veces el Divino Maestro a las gentes que le seguían, ávidas de sus enseñanzas saludables y de regeneración suprema, ni más generoso ni más fuerte, ni más entero y acabado como el de aquel que está pronto y dispuesto a dar todo cuanto tiene y posee, incluso la propia vida, en beneficio de aquellos seres a quienes ama.
Pues bien, fue en la cima del Calvario donde traduciendo en hechos fehacientes la verdad de tan celestial doctrina, se entregó voluntariamente el Redentor Divino en manos de sus verdugos y sayones en calidad de víctima para poder lavar con la sangre preciosísima, que manaría a torrentes de su cuerpo sacratísimo, aquella mancha antigua con que aparecía la entera humanidad.
Pero notad, mis hermanos, mientras Jesucristo agoniza y muere en lo alto de la Cruz, para otorgar de nuevo al hombre la vida que perdiera por el primer pecado, otra víctima, más silenciosa y callada, pero de muy subido valor y significado precio, se inmolaba también, aunque de manera incruenta, a los pies del ara de la Cruz por la redención del mundo: la Virgen sin mancilla, la sin par Dolorosa.
Viernes de Pasión, año 1933. Toledo
