Duc in altum - Rema mar adentro
(07) - Beato Ricardo Plá Espí. Se cumplen 75 años de su martirio.
De la santísima Virgen se sabía plenamente lo que había de ser. Lo difícil para todo mortal hubiera sido proponer un nombre que fuese digno de una criatura tan excelsa. Más lo que no podía brotar de la tierra lo suministró graciosamente el cielo. El Señor mismo de cielos y tierra se dignó sacarlo “de los tesoros de su divinidad, como dice san Pedro Damiano”. Y lo puso en boca del arcángel que le dice: No temas, María, como lo inspirara también el evangelista san Lucas. Nombre poderosísimo, excelentísimo y muy lleno de suavidad, que nos transparenta y hace percibir algo de las fragancias y delicias que encierra de Aquel cuya palabra es del todo creadora; de suerte que dice y es hecho cuanto dice, según atestigua el Real Profeta.
A mí se me representa este nombre como un prisma gigantesco y de múltiples y bien definidas facetas, en cada una de las cuales brilla con reverberos de luz inextinguible cada uno de esos divinos colores que son el encanto y arrobamiento de las almas netamente toledanas, por ser tan íntimamente devotas de María, y que se distinguen entre sí con los gloriosos títulos y celadoras advocaciones de Nuestra Señora de la Soledad, del Consuelo, de la Salud, de la Virgen del Valle, de la Bastida, de la Esperanza, de la Estrella y de la Paz, y de las otras varias.
Del sermón a Nuestra Señora de la Paz (18 de mayo de 1930)
