Duc in altum - Rema mar adentro
(11) - Beato Ricardo Plá Espí. Se cumplen 75 años de su martirio.
Su mensaje a S.Antonio de Padua (c)
San Antonio amaba al pueblo con un amor acendrado e intenso y por lo mismo estaba siempre pronto a defender su causa y a vindicar y hacer valer sus derechos con santa valentía ante los grandes y poderosos de la tierra, cuando advertía en éstos perversidad en el proceder y tiranía y despotismo en el obrar y comportarse. Así lo hizo por ejemplo con el célebre tirano Ezelino. Habíase apoderado éste de Verona, de Padua y de casi toda la marca Trevisana, llenando a Italia de carnicería y de terror.
Nada había podido en su ánimo despótico y sanguinario ni las fuerzas de los príncipes confederados, ni las excomuniones de los Pontífices. Sólo el Santo de Padua le pudo dominar y reducir a términos de razón. Púsose el Santo delante de los ojos con tan marcado celo y tanta intrepidez el número y la gravedad de sus enormes culpas y delitos; afeóle sus crueldades con tanta eficacia y energía, que logró obtener al fin y bien pronto, el curso de aquel precipitado torrente de virginidad. En esta obra de caridad y de pacificación no estaba solo, ciertamente, sino que le ayudaban sus hermanos de religión; pero él era el alma de todo el movimiento; él quien dirigía, alentaba y suscitaba cooperadores eficaces y del todo dignos.
Hoy también son muchos los que se dicen amigos del pueblo y sus reivindicadores y pacificadores. Pero, lejos de responder a tan elevados y nobles dictados, son más bien falsos amigos y redentores que pretenden arrebatarle la fe del alma y corromper su inteligencia y su corazón con principios y máximas sumamente perniciosos; enemigos de todo orden social, se afanan y trabajan audazmente por romper todo freno, por destrozar todo vínculo de la ley divina o humana, y empeñan abiertamente o en secreto la lucha más fiera contra la religión y contra el mismo Dios, realizando el diabólico programa de arrancar del corazón de todos hasta de los niños todo sentimiento religioso; ya que saben que quitada del corazón de la humanidad la fe en Dios, podrán conseguir sus más perversos fines.
Toledo, 13 de junio de 1932
