En verdad os dijo todo aquello que pidiereis en mi nombre a mi Padre, El os lo concederá
(12) - Beato Ricardo Plá Espí. Se cumplen 75 años de su martirio.
S.Antonio de Padua (d)
Los enemigos de la Iglesia en estos momentos que vivimos en España ya no operan en la oscuridad como aconteciera hasta ahora, sino ejercen su influencia a la clara luz del día y por todos los medios a su alcance, en el periódico, en la revista, en el teatro, en el cine, en la escuela y en la tribuna, en la cátedra y por todos los medios de difusión y propaganda de que pueden disponer y les suministra el progreso de las ciencias y los modernos adelantos.
¿Y cómo hacer frente a tanto mal y conseguir que se restablezca el equilibrio, de que nos habló el gran Pontífice Pío XI? Pues no de otra suerte que utilizando los medios valiosísimos e imprescindibles que él mismo nos ha trazado: la oración y la penitencia. La penitencia que purifica y la oración que eleva y atrae sobre la humanidad las más apremiantes mercedes del cielo y muy singularmente la candida paz que es hija de Dios, como dice un gran pensador y nació con Cristo en el Portal de Belén y reposa en el seno de la Iglesia. Por eso debemos pedir con toda insistencia y trabajar denodadamente según nuestras fuerzas y medios de que dispongamos, para ver de atraer a los hombres todos al regazo maternal de la Iglesia y lograr hacer de todos una sola familia que abarque todos los confines y se extienda por todos los horizontes; y todos aclamen y bendigan finalmente a un mismo y único Padre que está en los cielos y a un mismo hermano nuestro Jesucristo, que nos amó hasta la muerte y muerte de cruz por conquistarnos la gracia de que fuéramos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza.
Ésa sea la gracia que le pedimos en el día de hoy al Santo de Padua, tan pródigo siempre en dispensar los celestiales favores: que ilumine nuestras mentes y la de todos los hombres con un rayo de su clara inteligencia y suma sabiduría para que reconozcamos en la Iglesia a la Madre amorosa y tierna, fuente única de la paz verdadera y estable; que escuchemos siempre la voz que nos viene de la cátedra suprema de la verdad, de la caridad y de la justicia del altar del Santo padre, el Papa y que haciéndonos eco de ella la propaguemos e infiltremos en el corazón de todos a fin de que podamos gozar en la tierra de la que es en ella el bien supremo y en el cielo será la corona de eterna bienaventuranza. Amén.
Toledo, 13 de junio de 1932
