Doctores de la Iglesia

Santa Hildegarda de BingenEs la nueva doctora de la Iglesia. Deseamos publicar la Carta Apostólica del papa Benedicto declarándola doctora. Nos ocupará varias semanas. Luego también publicaremos la correspondiente a san Juan de Ávila, nuevo doctor de la Iglesia.

Carta apostólica

Santa Hildegarda de Bingen, Monja Profesa de la Orden de San Benito, es proclamada Doctora de la Iglesia universal

Benedicto PP XVI

Ad perpetuam rei memoriam

1. «Luz de su pueblo y de su tiempo»: con estas palabras el beato Juan Pablo II, nuestro venerado predecesor, definió a santa Hildegarda de Bingen en 1979, con ocasión del 800º aniversario de la muerte de la mística alemana. Y verdaderamente, en el horizonte de la historia, esta  gran figura de mujer se perfila con límpida claridad por santidad de vida y  originalidad de doctrina. Es más, como para toda auténtica experiencia humana y teologal, su autoridad supera decididamente los confines de una época y de una sociedad y, a pesar de la distancia cronológica y cultural, su pensamiento se manifiesta de perenne actualidad.

Santa Catalina de SienaEl papa Benedicto en 2010 dedicó una de sus catequesis de los miércoles a santa Catalina de Siena.  Entresacamos de ella algunos párrafos.

Hoy quiero hablaros de una mujer que tuvo un papel eminente en la historia de la Iglesia. Se trata de santa Catalina de Siena. El siglo en el que vivió –siglo xiv– fue una época tormentosa para la vida de la Iglesia y de todo el tejido social en Italia y en Europa. Sin embargo, incluso en los momentos de mayor dificultad, el Señor no cesa de bendecir a su pueblo, suscitando santos y santas que sacudan las mentes y los corazones provocando conversión y renovación. Catalina es una de estas personas y también hoy nos habla y nos impulsa a caminar con valentía hacia la santidad para que seamos discípulos del Señor de un modo cada vez más pleno.

Nació en Siena, en 1347, en el seno de una familia muy numerosa, y murió en Roma, en 1380. A la edad de 16 años, impulsada por una visión de santo Domingo, entró en la Tercera Orden Dominicana, en la rama femenina llamada de las Mantellate. Permaneciendo en su familia, confirmó el voto de virginidad que había hecho privadamente cuando todavía era una adolescente, se dedicó a la oración, a la penitencia y a las obras de caridad, sobre todo en beneficio de los enfermos.

Santa Teresa de JesúsReligiosa carmelita. Doctora de la Iglesia.

El 28 de marzo de 1515 nació en Ávila Teresa de Cepeda y Ahumada. A los 18 años entró en el Carmelo, pero hasta los 39 no comenzaría la etapa definitiva de su vida: el miércoles de ceniza de 1554, se produce la  conversión ante la imagen de un Cristo muy llagado. Es entonces cuando funda el convento carmelitano de San José de Ávila y cuando inicia su obra reformadora y comienza a escribir obras capitales de la historia de la  espiritualidad: El libro de la vida, Camino de perfección, Castillo interior, Las Moradas, etc, que en 1970 la llevarían a ser declarada doctora de la Iglesia.

Emprende la reforma del Carmelo, al compás de la reforma católica del siglo xvi y funda conventos –hasta  quince– ya del Carmelo Descalzo en distintas localidades.

Maestra de vida y oración, mujer andariega, inquieta, reformadora, ascética y mística, fuerte y sensible,  apasionada por Jesucristo y fiel hija de la Iglesia, muere en Alba de Tormes en 1582. “Gran mujer y santa” la llamaba el beato Juan Pablo II, el Grande.

Su fiesta es el 15 de octubre.

Santa Teresa del Niño JesúsSanta Teresa del Niño Jesús nació en la ciudad francesa de Alençon, el 2 de enero de 1873, sus padres eran Luis Martin y Acelia María Guerin, ambos beatificados. Murió en 1897, y en 1925 el papa Pío XI la canonizó, y la proclamaría después patrona de las misiones. La llamó «la estrella de mi pontificado», y definió como «un huracán de gloria». Proclamada “Doctora de la Iglesia” por el papa Juan Pablo II el 19 de octubre de 1997.

«Siempre he deseado —afirmó en su autobiografía Teresa de Lisieux—, ser una santa, pero, por desgracia, siempre he constatado, cuando me he parangonado a los santos, que entre ellos y yo hay la misma diferencia que hay entre una montaña, cuya cima se pierde en el cielo, y el grano de arena pisoteado por los pies de los que pasan. En vez de desanimarme, me he dicho: el buen Dios no puede inspirar deseos irrealizables, por eso puedo, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad; llegar a ser más grande me es imposible, he de soportarme tal y como soy, con todas mis imperfecciones; sin embargo, quiero buscar el medio de ir al Cielo por un camino bien derecho, muy breve, un pequeño camino completamente nuevo. Quisiera yo también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección».

San Roberto BelarminoObispo jesuita, doctor de la Iglesia.

Nace en Montepulciano el 4 de octubre de 1542 y muere en Roma el 17 de septiembre de 1621. Ingresó en la Compañía de Jesús, en Roma, y fue ordenado sacerdote. Sostuvo célebres disputas en defensa de la fe católica y enseñó teología en el Colegio Romano. Fue elegido cardenal y nombrado obispo de Capua. Trabajó también
en las Congregaciones romanas, contribuyendo con su ayuda a la solución de muchas cuestiones. Uno de los más grandes defensores de la Iglesia contra la Reforma protestante. Sus padres eran Vicente y Cintia, hermana del Papa Marcelo II. Desde niño, Roberto dio muestras de una inteligencia superior; conocía a Virgilio de  memoria, escribía buenos versos latinos, tocaba el violín y así, pronto empezó a desempeñar un brillante papel en las disputas públicas, con gran admiración de sus conciudadanos.

Cuando tenía diecisiete años, el rector del colegio de los jesuitas de Montepulciano escribió sobre él en una carta: “Es el mejor de nuestros alumnos y no está lejos del Reino de los Cielos”.

Su fiesta se celebra el 17 de septiembre.