Casesnoves

La vida que cuenta el pueblo (1)

Siervos de Dios Manuel Casesnoves y Adela Soldevila

Arturo Climent Bonafé,

Abad de Xàtiva y vicepostulador de la causa de canonización

 

Fue para mi motivo de enorme alegría el inicio del Proceso de Canonización de don Manuel Casesnoves y doña Adela Soldevila, el 25 de marzo de 2009, solemnidad de la Anunciación del Señor. Ponerse en marcha ha costado mucho; un proceso de canonización no es cualquier cosa y la Iglesia no quiere fallar y va con pies de plomo, las cosas con respecto a este tema hay que hacerlas muy bien. Total, por fin, iniciamos el Proceso en la iglesia de sant Francesc. Fue un día feliz y esperanzador.

 

Nacimiento y primeros pasos

Xàtiva es el escenario de la vida de los Siervos de Dios Manuel y Adela. Aquí nacen ambos, comienzan a vivir y crecer, a estudiar y, después de un período fuera de la ciudad, vuelven y establecen sus vidas hasta la muerte. Por lo tanto Xàtiva es el hogar donde Manuel y Adela se santifican y reparten, sin ellos darse cuenta, su santidad a cuantos entran en contacto con ellos.

Los dos a estudiar

Terminados los estudios en el Instituto de Xàtiva hay que pensar hacia donde encaminar la carrera que dará por venir a estos jóvenes.

 

¡Nos Casamos!

Y Adela, con mucho cariño pero también con toda claridad y franqueza, le dijo con emoción de enamorada: “Manolo, si no eres capaz de compartir conmigo la asistencia a Misa y al Rosario, tendré que dejarte”.

 

Formar una familia cristiana

Los dos recién casados tenían muy claro lo que querían y a lo que se habían comprometido ante Dios el día de su boda. Y a partir del primer día como casados lo iban a llevar a la práctica.

 

El Padre Esparza, dominico y escritor de la obra “Un matrimonio para la historia”, resalta que a la familia numerosa de Casesnoves-Soldevila, se  añadió Ignacio y Elena, ya que quedaron huérfanos de padre y madre, eran sobrinos. Ignacio tenía 11 años cuando falleció su padre y se quedó en Xàtiva con la familia de los tíos.

 

¡Una familia cristiana!

“La vida familiar siempre estuvo presidida por el amor a Dios y al prójimo –así lo recuerda Adela, la hija mayor a quien agradezco esta declaración que
me ha proporcionado y que le ha servido para recordar aquellos años tan preciosos de la vida familiar–, valores que nuestros padres practicaron  siempre y nos inculcaron.

 

¡una famillia criStiana!

“Por las noches, contínua contando Adela, la hija mayor del matrimonio Casesnoves Soldevila, con los caseros y todos nosotros reunidos en la replaza, rezábamos el Santo Rosario.

 

Guerra Civil y persecución religiosa: 1931-1939

La Segunda República Española se proclama el 14 de abril de 1931. El rey Alfonso XII dimite y se marcha a Roma. La Iglesia acata el nuevo gobierno de la nación. Existen buenas relaciones entre el Estado y la Iglesia. Pero al mes comienza la quema de conventos e iglesias.

 

A partir del 18 de julio la Seu es cerrada al culto y a primeras horas del día 27 de julio de 1936 un grupo de hombres y mujeres, armados hasta los dientes de escopetas y herramientas, fuerzan la puerta de la Colegiata, enfrentándose con el sacristán, se meten dentro y comienzan a hacer estragos. Saqueos y decapitación de imágenes. En las naves de la Colegiata se van amontonando los cuadros, los ornamentos, libros, sillas, imágenes y se va prendiendo fuego. Y la imagen de la Mare de Déu de la Seu, la tan querida, la tan venerada, la que realizó el Miracle del Lliri en 1600 fue también quemada y destruida, excepto la corona que se pudo salvar de la hoguera y es la misma que lleva la imagen que hoy se venera en el altar mayor de la Seu.

 

El Siervo de Dios Manuel se encargó con mucha precaución de que durante la Persecución Religiosa de 1936 a 1939 en su casa se celebrara Misa todos los domingos y así lo arregló. La familia era muy numerosa y a pesar de todo lo que estaba ocurriendo, Dios vivía en aquel hogar. Manuel y Adela querían que Jesucristo estuviera muy presente entre ellos en momentos tan difíciles y arriesgados para los católicos españoles, también en Xàtiva. Pero la calidad espiritual de este matrimonio estaba por encima de todas las penalidades. Allí se rezaba a Dios, se le invocaba y se contaba con él.

El Padre Esparza, en el libro ya citado en la página 56 dice lo siguiente: “Atrás quedarían sufrimientos y amarguras. Y las heridas abiertas en otras carnes familiares o de amigos, mejor era curarlas sin rencor ni resentimiento. Había llegado la hora de ir ganando la paz día a día porque los tiempos que llegaban continuarían difíciles”.

Deseo conocer la vida de estos Siervos de Dios por boca del pueblo, de ahí que pregunte a personas mayores que les conocieron y todos tienen algo bueno que decir de los Siervos de Dios Manuel y Adela. Son muchísimos los que afirman que la farmacia de don Manuel era la “Farmacia de los pobres”; allí acudían todos a pedir medicinas y la caridad de este hombre de Dios era tan abundante que a muchísimas personas, que no podían pagar, les daba todo lo que necesitaban y además algún sobrecito medio escondido entre el paquete de medicinas.

Los testimonios de personas que conocieron a este matrimonio ejemplar de Xàtiva, son tantos y todos tan hermosos que enriquecen y engrandecen la calidad humana y espiritual de estas personas.

Un testigo me relata que su padre de noventa y tantos años le cuenta que don Manuel le pidió que le acompañara todos los días a rezar el rosario en la emisora, que seguro que haría un gran bien a los setabenses. Y este señor accedió y durante más de un año rezaron juntos el rosario. Aquella experiencia cambió la vida a mi padre. Lo contaba con lágrimas en los ojos.

Me alegra mucho que me cuenten ejemplos y anécdotas que me ayuden a conocer mejor a este matrimonio y poder escribir esta biografía lo más real posible con la intención de hacer un gran bien a los lectores.

El Siervo de Dios Manuel Casesnoves ayudaba a muchas instituciones de caridad, siempre decía que él estaba en deuda con la Divina Providencia, pues, el Señor le daba más de lo que él aportaba para hacer el bien. La caridad del Siervo de Dios, lo digo siempre, era como afirma la Escritura: silenciosa, eficaz, generosa y constante.