Duc in altum - Rema mar adentro
(46) Poesías de la sierva de Dios Adela Soldevila
Poesías de la sierva de Dios Adela Soldevila
Soy Templo del espíritu Santo
Ven Espíritu Santo
arranca de mi corazón
todo obstáculo, que me impida
tu acción, perseverando
en constante inmolación.
Atenta a tu llamada
en actitud de espera
nada turbe mi paz
es todo una quimera
que pronto pasará,
tan sólo el amor perdurará.
Para Ti, sólo mi amor
de tal manera
que nada me cautiva
ya en la tierra.
Que no se quede
en frase, mi esperanza
házmela sentir
en gran pujanza.
La Sierva de Dios Adela conoce los obstáculos que hay en su corazón y que pueden impedir que la gracia del Señor lo inunde por eso con fervor acude al Espíritu Santo para que le ayude, le fortalezca y le anime. Ella sabe que por el Bautismo es templo del Espíritu Santo y siente su presencia, sus Dones, su brisa, por eso busca en él todo lo que necesita para encender el amor que busca para su vida cristiana.
La oración de Adela Soldevila siempre fue escuchada con agrado por parte de Jesucristo, lo demuestra la trayectoria de su vida y de su apostolado: Dios estaba con ella siempre.
Con cuanta fuerza exclama: “Para Ti sólo mi amor”. Es propio de un alma santa y llena de Cristo. Me recuerda a las mil frases de santa Teresa de Jesús, santa Catalina de Siena, Madre Teresa o santa Faustina. Todas estas santas estaban empapadas de la gracia y del favor de Dios: ¡Tocaban a Dios! La Sierva de Dios Adela muestra en sus poesías una deliciosa intimidad con Jesucristo que le llevaba a vivir para él y por él: “Para Ti sólo mi amor”. Ahí lo expresa con toda claridad: Adela es de Dios.
Cuando en algún momento duro de su vida se siente algo fría le pide al Señor: “Hazme sentir la esperanza”. Con esa confi anza, con esa certeza, con esa seguridad acude a Dios. Y vuelve a su corazón lo que busca y ansía: el amor para Cristo.
Yo les invito a leer y saborear estas poesías con espíritu religioso y a llevarlas a la oración. No tengan duda de que les harán un gran bien y les acercarán a Dios. Adela rezuma la gracia de Dios.

