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CÁRITAS LA SEU

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  • Junio

    Sábado 1: San Justino mártir
    10 h. Misa Jubilar.

    Domingo 2: Solemnidad del Corpus Christi
    10:30 h. Misa Jubilar.
    13 h. Misa en valenciano.
    18 h. Misa vespertina en sant Francesc

    Día Nacional de Caridad: colecta extraordinaria para Caritas Diocesana.
    19 h. Solemne procesión del Corpus.
    Es una procesión para acompañar al  Santísimo. Adoremos al Señor presente en la Eucaristía.

    Del lunes 3 hasta el viernes 7
    Cursillos prematrimoniales, a las 20:30 h. en el Centre Sant Francesc, tercer piso.

    Jueves 6
    10 h. Misa Jubilar.

    Viernes 7: Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús
    Encuentro de fin de curso con las catequistas.
    19:30 h. Misa solemne en S. Francesc.

    Sábado 8: Fiesta del Inmaculado Corazón de María
    10 h. Misa Jubilar.
    20 h. Misa en honor del Inmaculado Corazón de María.

    Domingo 9
    10:30 h. Misa Jubilar.

    Jueves 13: S. Antonio de Padua
    10 h. Misa Jubilar.

    Sábado 15
    10 h. Misa Jubilar.

    Domingo 16
    10:30 h. Misa Jubilar.

    Miércoles 19: Bodas de Plata de la canonización de san Jacinto.
    19:30 h. Misa solemne de acción de gracias en Sant Francesc.
    A continuación bendición del retablo de cerámica en la casa natalicia de san Jacinto.

    Jueves 20
    10 h. Misa Jubilar.
    21:30 h. en el Palau de l’Ardiaca: final de curso del Consejo Parroquial de Pastoral.

    Sábado 22
    10 h. Misa Jubilar.

    Domingo 23: 39 Aniversario de la Ordenación Sacerdotal del señor abad.
    10:30 h. Misa Jubilar.

    Lunes 24 Solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista

    Jueves 27
    10 h. Misa Jubilar.

    Sábado 29: Solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo
    10 h. Misa Jubilar.

    Domingo 30: Fiesta de los mártires de la Iglesia de Roma
    10:30 h. Misa Jubilar.

    Nota importante
    • Oficina parroquial: martes, de 20:30 a 21:30 h.
    • Confesiones: todos los días, de lunes a sábado, de 10:30 a 11:00 h. en la Colegiata; en Sant Francesc, todos los días durante el rezo del rosario.
    • Aula de Cultura Beato Gonzalo Viñes: sábados, de 10:30 a 13:30 h.

En verdad os dijo todo aquello que pidiereis en mi nombre a mi Padre, El os lo concederá

(49) La vida que cuenta el pueblo

Poesías de la sierva de Dios Adela Soldevila

12. mi querido Manolo

Ya no te ven mis ojos
siento tristeza
aunque tú te llevaste
mi dulce queja.
Qué gran vacío
buscando hueco
a la esperanza
susurran mis oídos
algo te falta.
Me enseñaste a sufrir
a redimirme
vive en mí tu recuerdo
hasta morirme.

 

 

La Sierva de Dios dedica estos versos a su marido que acaba de morir. Todos ellos rezuman mansedumbre, esperanza, fe, todo entremezclado con el dolor de la pérdida del ser amado.

Adela era una mujer de mucha fe, de vida espiritual firme, pero como les he dicho tantas veces, la fe no quita el dolor. ¡Lo ilumina!, pero no lo quita. Por eso la Sierva de Dios llora a su marido muerto, pero siempre con esperanza y arropada por la voluntad divina.

Ella recuerda los momentos agradables, sus largas conversaciones de novios, la maduración de la fe de Manolo. Ella lo saborea en su corazón. Quiere recordar a su marido con alegría, cuando pueda, pero siempre con alegría y con esperanza. Adela nunca se desesperó ante la muerte de su amado y aún pensando en el trabajo que a partir de ese día 24 de mayo le venía encima. Siempre tranquila, siempre serena, siempre confiada en la voluntad del Señor.

¡Qué gran vacío!, piensa en su corazón. Y es verdad. Cuando se nos va la persona amada queda en nuestra vida el gran vacío que nadie lo puede llenar. Estará ahí para siempre. La Sierva de Dios tiene que arremeter con problemas de la hacienda, de la farmacia, de los hijos. ¡Son tantas cosas! Pero ella acude a Dios: “Señor, Tú eres mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?. Tú eres la defensa de mi vida, ¿quién me hará templar?”. Y ahí encuentra paz, ahí encuentra consuelo. Al faltar su marido la oración ante el Sagrario se hace, si cabe, más necesaria. Acudirá al manantial de la gracia, donde sabe que está la fuerza, el ánimo, la solera que necesita en estos momentos.

Son admirables los pasos que Adela va dando, “me enseñaste a sufrir”, ella sabe sufrir en silencio, llora en silencio, pero el Señor le da la valentía que dio a las Matriarcas del Antiguo Testamento, Raquel, Judit, Sara, Ester; ella es la mujer fuerte que ha de poder con todo. “Vive en mí tu recuerdo”. Su Manolo, el papá como dirá a sus hijos, estará siempre presente en cada pensamiento, en cada palabra, en cada mirada: Manolo está ahí, en su corazón, ¡Vivo!,  presente y ella lo sabe, ella lo siente, ella lo vive. Y por eso puede con todo. Nunca se acobardó.

Miro su fotografía y veo a una mujer curtida con el rostro sufrido y a la vez con una mirada penetrante, limpia, abrazadora, feliz, abierta; una mirada que invade el corazón.

Adela quiere seguir la obra empezada entre los dos: la caridad. Ahora le toca a ella trabajar también por los demás, como dice la Escritura: “Su caridad es constante”, como si estuviera Manolo, nada debe cambiar en el ejercicio del bien, en la práctica de la caridad. ¡Y lo supo hacer muy bien!

“Vive en mí tu recuerdo hasta morirme”. Y así vivió la Sierva de Dios, por eso después de cada comida, al dar gracias, añadía: “Y ahora un Padre nuestro por el papá”.

¡Fuiste muy grande, Adela!

Meditaciones

  • San Luis, pobres de espíritu, nos dirigimos a ti con confianza, porque nuestro Padre Celestial te ha bendecido mostrándonos en ti una prueba elocuente de su amor misericordioso.

    Adorador humilde confiado en su Divino Corazón, te despojaste de todo honor en tu adolescencia y de la fortuna del mundo terrenal. Vestiste la camiseta de la castidad perfecta, has recorrido el camino de la obediencia, te hiciste pobre para servir a Dios, ofreciéndole todo por amor.

    Que tu corazón puro, nos libere de toda atadura mundana. No permitas que los jóvenes caigan víctimas del odio y la violencia, no dejes que sucumban en la tentación de una vida fácil y engañosa del espejismo hedonista. Ayudarles a liberarse de todo sentimiento de egoísmo que los enceguece, sálvalos del poder del Maligno.

    Danos testimonio de la pureza de corazón. Tú que eres apóstol de la caridad heroica, obtennos el don de la misericordia divina, mueve los corazones endurecidos por el egoísmo y mantennos a todos despiertos en la aspiración a la santidad.

    Que la generación de jóvenes, incluso hoy en día tenga el coraje de ir contra la corriente, cuando se trata de vivir su vida, para construir el Reino de Cristo. Sabemos que tú también compartes la misma pasión por los hombre, reconociendo en él, sea quien sea, la presencia divina de Cristo.

    Contigo, invocamos a María, Madre del Redentor. A ella le encomendamos el alma y el cuerpo, toda la miseria y la angustia, la vida y la muerte, porque todo en nosotros, como ocurrió en El ha de cumplirse para la gloria de Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

    Juan Pablo II el Grande

    Oración a san Luis del beato Juan Pablo II, el Grande