Duc in altum - Rema mar adentro
3er Domingo de Cuaresma
Vivimos una época en la que la figura y el trabajo del sacerdote no se valora en general. Se nos critica brutalmente, se nos ridiculiza, se nos insulta de forma agresiva y hasta se nos persigue.
En este día del Seminario, y lo digo muchas veces en mis homilías, afirmo en voz alta la necesidad del sacerdote en la vida social de hoy. El sacerdote hace presente a Dios en medio del mundo, enseña y educa en la fe a los niños y a los jóvenes, prepara a muchas parejas de novios a recibir el sacramento del matrimonio, acompaña a muchísimas familias con problemas que acuden a él como tabla de salvación, se acerca a la cabecera de los enfermos y con su palabra y la gracia de los sacramentos alivia el dolor y en el último momento pide a Dios abra las puertas del cielo a los difuntos; además está presente en las cárceles, en los hospitales, con los enfermos de SIDA, con los drogadictos. Y está al pie del cañón en la Parroquia, en esa fuente de la aldea donde todos acuden a beber. El sacerdote es un don de Dios para el mundo, también hoy.
